La profecía

Prólogo.

Mi nombre es Sanae, Sana para los amigos. Desde siempre ha existido una cosa en especial que me hace poner los nervios de punta, algunas veces le llamo maldición y en otras ocasiones, un beneficio y, es que mis mejores amigos siempre terminan enamorados de mi. 

Siempre he pensado que las cosas son malas si así tú decides verlas.

He decidido aferrarme con ganas a esa idea pero, me es imposible no dudar de ella cuando mis amigos, mis mejores amigos llegan con la noticia de que lamentablemente—para mi—estan enamorados de mi.

Debo confesar que odio con todo mi ser que esto pase, es que no hay manera de prepararte para todos esos golpes, ni para los de sus novias. No sé si de pequeñas les daban una vitamina especial para hacer que sus puños dolieran tanto al impactarse con mi cuerpo, pero el dolor era muy grande.

Al principio creía que solo era una coincidencia que todos mis más cecanos amigos se enamoraran de mí en el preescolar, ¿quién piensa así a esa edad?, es lo que de seguro te estarás preguntando. Te entiendo pues yo no soy la chica más tranquila o trabajadora del mundo, creo que en la única definición en la que encajaría correctamente es en ser una floja de primera que se pasó toda su escuela preparatoria pegada a su teléfono tratando de pasar un extraño juego y, en sus ratos libres veía una serie para niños con la cara pegada al televisor y con una bolsa de palomitas con queso en una mano.

Una imagen dificil de digerir.

Hasta ahora aún no logro descifrar la razón o motivo de esa extraña atracción hacia a mí, pero justo ahora, a mis 18 años de edad, me resulta de lo mas repugnante.

Yo sé que a muchas chicas esto les parecerá que es como un sueño, pero la cruda realidad es: que uno se cansa, con el tiempo se vuelve algo tan tedioso y solo deseas esconder tu cabeza en un agujero y no sacarla de allí jamás. Tan solo hay que ponerse a pensar un poco en eso, y estoy segura de que simptizarías conmigo, ya que es como comer dulces por el resto de tu vida, te empalagas y lo dejas.

Cuando llega el momento en el que ellos se me confiesan, la decepción llega a mí como una bala que sabe de donde viene y para donde va, que desgraciadamente, es justo en el centro de mi pecho.

Me divierte imaginarme como un portero, al cual le han lanzado con una gran fuerza el balón y, desesperado por saber que no lo va a poder detener, cierra los ojos y con una sonrisa en la cara espera la inevitable llegada de la esfera de color blanco con negro. 

Maravilloso, ¿no?

Pues sí, no queda de otra mas que aceptar lo inevitable.

Intenté no hablarle a nadie por 2 años y lo único que salió de eso fue la preocupación de mi madre y maestros que me veían alejada de todos, tanto en la escuela, como en las salidas al parque que, en este caso, la ultima era con mis padres porque si tengo que añadir algo a esto es que son muy sobreprotectores conmigo y nunca me dejaban ir a los viajes escolares que se hacían cada otoño.

Fueron los mejores 2 años de mi vida, descubrí el placer que solo se puede hayar en la soledad y el amor propio, el cual sería ese en el que no te importa la opinón de terceros sobre cosas tan tontas como que te encuentren bella o si vales algo para ellos. Tú sabes cuanto vales, tú sabes que eres bella, ya que la belleza no se mide en qué tan agradable eres a la vista, sino en qué tan buena persona eres.

Espero con ansias que llegue el dia en el que por fin alguien me ame y que ese no sea uno de mis mejores amigos.



Le Ort

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En el texto hay: humor, dioses, amorverdadero

Editado: 30.06.2018

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