La Promesa De Mi Madre (atada a Un Extraño)

PARTE III: ADORABLE TORMENTO

Continuamos:

Muy temprano el lunes, Joel se marchó. Trató de no hacer demasiado ruido, como si estuviera en una casa ajena.

La puerta se cerró y Maribel abrió los ojos. Ella había descansado lo suficiente, aunque las primeras horas de la noche se las había pasado sentada en la cama viendo videos en el celular. Le llegaban muchos mensajes de su amiga, pero no contestó ninguno. Por momentos pensaba que los mensajes eran de Esteban y que quizá si respondería. Durante la madrugada, intentó dormir. Daba vueltas en la cama, miraba hacia la ventana y al techo, recordando a sus padres y todo lo que pudo mientras vivió en su pueblo. No recuerda la hora en que cerró los ojos, solo sabe que descansó lo suficiente.

Se levantó, abrió la puerta lentamente, como si no tuviese permiso para hacerlo. El cuarto de enfrente y el de a un costado permanecían cerrados. Fue hacia la cocina, y el silencio total le provocó un escalofrío: era un lugar solitario y sin color.

—Se fue...

Miraba a su alrededor y todo estaba en orden; abrió el refrigerador buscando jamón y queso, tomó unos huevos que estaban cerca de la estufa de parrilla, y pronto su desayuno estaría listo.

Joel llegó a la oficina; la secretaria le dio los buenos días, al igual que Pablo.

Todos comenzaron a trabajar. Joel trataba de realizar facturas con el sistema lento y el internet fallando; demoraba mucho tiempo, y eso le hacía estresarse. Luego pensó en el matrimonio prometido y su estrés aumentó. Esperando a que reaccionara la página de internet, comenzó a tener una batalla campal con su mente: «¿Y si no lo hago? ¿Y si le digo que ya no? ¿Y la promesa? La promesa no se la hiciste a ella, ¡se la hiciste a su madre! No te casas con ella, te casas con una promesa.... Quiero renunciar a ello», se respondió. «No puedes, diste tu palabra y eso es lo que hace a un hombre de palabra... ¿No se puede romper? Debe haber excepciones... En tu caso no las hay; lo hiciste ante una mujer en sus últimas, fue su última voluntad...».

La puerta sonó.

—Pasa —dijo con la voz temblando.

—¿Estás ocupado?

—No, ¿qué necesitas?

—No sé cómo aplicar la depreciación de un activo con la venta de por medio.

—Muéstrame la información.

Joel lo hizo en la hoja y señaló los cálculos y los registros contables. Pablo se marchaba y, antes de hacerlo, Joel dijo:

—Pablo.

—¿Sí?

—¿Te casaste por amor?

—Claro —no comprendía esa pregunta—; cinco años de novios con Ali, se lo propuse, lo sentí... ya sabes a qué me refiero.

—Sí...

—¿A qué se debe esa pregunta?

—Nada especial; un amigo quiere casarse con una mujer que apenas conoció y llevan meses. Siento que no es lo correcto.

—Cada quien lo ve diferente, mi tío no está casado y vive con una mujer... ellos son felices...

—Entiendo.

Pablo se fue al notar que Joel había terminado la conversación.

Nuevamente, la puerta sonó.

—Pasa.

—Hola, ¿me quieres explicar qué fue todo eso de ayer por la mañana?

Juan apoyó las llaves del coche sobre el escritorio, después tomó asiento. Joel sacó las llaves que había puesto en su cajón y se las entregó.

—No tenía opción, tuve que llamarte por ese apuro.

—Eso es lo de menos, te trajiste a una muchachita... ¡explícame eso, galán!

—¡Cálmate, papá!

Los dos sonrieron.

—Ya sin cotorreo, ¿qué pasa? ¿Todo bien?

Joel lo pensó varios segundos y sabía que ocultárselo a Juan, su mejor amigo desde la adolescencia, no era lo conveniente. Juan estaría sobre él interrogándolo; además, cualquier percance como el de ayer podría ayudarlo, y sus dudas acerca de un matrimonio podrían ser aclaradas...

—Debes prometer que no le dirás nada a nadie, ni a Zoila.

—¿Es así de privado?

—Sí. Me casaré.

Juan se sorprendió; hasta donde sabe, hace mucho que Joel no tenía una relación amorosa y repentinamente recibe la noticia.

—¿Con esa chica?

—Sí.

—¿Cómo sucedió? Cuenta desde el principio... —sonreía de curiosidad.

—Mmm, bien. Los apoyos gubernamentales requerían que los beneficiarios estuvieran inscritos en Hacienda con la actividad que desempeñan; un requisito para saber si en realidad eran aptos para el apoyo y si lo usarían para ese fin estipulado: agricultura y apicultura. Un cliente de aquí le dio mi número telefónico al presidente del pueblo Caltún, quien se contactó conmigo. Él requería a un profesionista de la materia para asesorar a los participantes sobre la importancia de ese trámite, y yo accedí. Al terminar la asesoría en ese lugar, mientras me dirigía al coche, una mujer enferma se me acercó y me explicó que necesitaba ayuda para una gestión. Le dije que para ese tipo de trámite se necesitaría el apoyo de un abogado, lo que costaría una fortuna. ¿Sabes? Ella se quedó inmóvil y me di cuenta de que no tenía el dinero para contratar a uno; su caso era de juicio. Me fui hacia el coche, me subí, y la señora seguía parada allí. Sentí una punzada en el corazón al verla desilusionada, triste. Siendo sincero contigo, todavía recuerdo ese rostro pálido... —hizo una pausa—. Me bajé del coche y le dije que me encargaría del caso. Se alegró, me dio las gracias y... le devolví la vida... le devolví la vida... Contacté al abogado con el que trabajo, le expliqué la situación y le agradecí que llegáramos a un acuerdo, pues no recibiría sus honorarios por parte de ella, sino por mí, a mitad de precio, por unos trabajos que le hice sin cobro. Fueron meses de investigación e intentos de iniciar el trámite, pero... un amigo del abogado le dijo con certeza que el caso estaba perdido y que no habría ninguna indemnización. El abogado de la capital del Estado mencionó que una empresa llamada Textil El Sol cerró declarando la bancarrota y las indemnizaciones jamás procedieron. Con Textil Oriente pasó lo mismo, y ahora Textil Henequén. Son lo mismo. Cambiaban de nombre como empleados, y al ser empresa de gobierno estatal, no hay nada. Misteriosamente las solicitudes desaparecen en el camino; entras al ruedo y te torean. Ahora hay una nueva empresa; el gobierno cedió todo a un grupo de personas, convirtiéndola ahora en una empresa privada y, como es de esperarse... algunos socios son del gobierno, los mismos cabrones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.