❤️ Continuamos. ❤️
Pasó la semana en la que Joel invitó a Maribel al cine. La noche del domingo era apaciguadora, había lloviznado provocando un frío agradable. No demasiado como para estar toda la noche con abrigo.
Estacionó el coche frente al cine. Maribel llevaba un pantalón de mezclilla y una blusa blanca sin dibujos; tenía el pelo suelto. Joel llevaba una bermuda, una playera y gorra.
Caminaron hacia la entrada. Maribel miraba a las demás parejas entrar y salir muy sonrientes, con susurros en los oídos que los hombres decían y ellas reaccionaban con un beso. Se daba cuenta de algunas mujeres que llevaban ropa que las hacían ver hermosas; su inseguridad la notó Joel.
—Esta noche te ves hermosa.
—¿Eh?
—Que te ves hermosa; me gusta que tu cabello esté suelto y que no tengas mucho maquillaje. Una mujer natural vale por mucho, y te lo digo yo, que soy hombre. La mayoría de los hombres las preferimos al natural. ¿Has visto las fotos en las redes sociales de las mujeres? —ella afirmó con la cabeza—. Al final te das cuenta de que el maquillaje... ya sabes.
—Sí.
—Si te hago una petición, ¿lo harías? —Joel mostraba seguridad.
«¡Dijo que no se aprovecharía de mí! —se dijo—. ¿Qué será?».
—Sí —miró a Joel sorprendida y curiosa.
—No es nada malo, realmente es simple.
—¿Qué es? —preguntó con curiosidad.
—Esta noche quiero tomarte de la mano.
«¿Mi mano? ¿Cómo si fuéramos... novios, una pareja de verdad? Se está comportando como aquel sábado».
Joel extendió su brazo y abrió la mano en espera de que Maribel accediera.
—Está bien —dijo apenada.
«¿Qué mas da? Estamos casados... aunque sea por intereses».
Caminaron juntos de nuevo a la entrada tomados de la mano; ella miraba a los lados nerviosa, como buscando algo, buscando nada. Joel abrió la puerta para que pasara Maribel.
«¡Jum! Hasta caballeroso me resultó —recordó cuando lo conoció la primera vez, en el parque cuando ella lloraba, cuando fue por ella al pueblo y otros días. Sacudió la cabeza—, él es así...».
—Espérame aquí, iré por los boletos, palomitas.
—Mhm.
Se dirigió hacia las salas en espera de Joel, recordó cuando vino con Esteban y otras veces con sus amigas.
Al ser una película de estreno, el cine estaba totalmente lleno. No perdieron el tiempo y pronto entraron a la sala. La película comenzó enseguida. Los dos disfrutaban y cuando ninguno de ellos comía las palomitas, Joel deslizó su brazo derecho y sostuvo la mano de ella. Enseguida miró a Joel, quien le regaló un guiño.
Sonrió y susurró.
—Tonto —miró a su derecha y después a la pantalla.
—¿Qué pasó?
—Nada —hizo señas de silencio y que viera la película. Marcó una sonrisa burlona.
Al terminar la película salieron tomados de la mano. Caminaron en dirección al supermercado.
—Me gustó la película.
—Igual a mí —remató Maribel.
Joel sentía una corriente en todo su cuerpo, tenía ganas de abrazarla y probar de nuevo sus labios. Pensó que tal vez sería muy precipitado.
—Hoy te pusiste de nuevo los aretes y la pulsera...
—Sí, ¿no puedo? —dijo con voz desafiante.
—Solo decía.
—Tonto —susurró.
Cruzaron al otro lado de la calle.
—Compraré hamburguesas, ya tiene rato que no las consumo.
—Allí en mi pueblo las venden, pero no son tan buenas como aquí.
En ese lugar, a un costado de los puestos de comida, había un sitio de taxi y una pequeña caseta. Joel le pidió a Maribel que esperara allí sentada; había exceso de gente que rodeaba el puesto de comida.
Mientras Joel esperaba las hamburguesas, sacó su celular para contestar algunos mensajes de Juan.
Maribel permanecía sentada en la banqueta de cemento, jugaba con los pies mientras ella los miraba. Un grupo de chicos pasaban por allí haciendo relajo, se empujaban y se reían como si fuesen lunáticos. Uno de ellos empujó a otro y cayó cerca de Maribel; ella reaccionó y, para su sorpresa, se encontró cara a cara con su salvador.
—¿Maribel?
—Esteban —dijo impactada, con los ojos bien abiertos.
—¿Qué haces aquí... a estas horas y sola?
Su grupo de amigos se alejaba y él gritó que siguieran su camino.
—Na... na... nada —balbuceó—. ¿Desde cuándo estás aquí en la ciudad?
Ella se puso de pie.
—Llegué hoy apenas en la tarde —mostraba alegría.
—Veo que estás con tus amigos.
—Supieron que estoy en la casa de mi papá... ya sabes dónde...
—Sí.
—Tuvimos problemas como cualquier pareja y lamento no haberte mandado mensaje, no tengo celular, lo perdí. Le dije a tu amiga que me diera tu número, pero fue extraño, me dijo que no. Fui a tu casa y no te encontré, fui con tu tía y me dijo algo que ha estado en mi cabeza...
«Mi tía», se dijo con enojo.
El corazón de Maribel palpitaba, tenía en frente al que se supone que debió salvarla antes de que se casara. Tenía a su primer amor frente a frente y quería abrazarlo y decirle lo triste que ha estado, caer en sus brazos para que él la consolara. Tenía a un costado a Joel y temía que se acercara estando Esteban.
—¿Qué cosa?
—Es verdad... ¿qué te casaste?
—Sí —no quiso ocultarlo, después de todo su tía había hablado.
Si no fuese por Esteban, Maribel no había recordado que tiene un familiar, una tía.
—¿Por qué lo hiciste? ¡Había solución!... Yo te hubiera llevado a mi casa, hablar con mis padres y estoy seguro que ellos aceptarían... eres mi novia.
Maribel bajó la cabeza.
—No grites. Nos van a escuchar. Y ya no soy tu novia... ahora que sabes que estoy casada —su voz se apagaba.
—¿Lo amas?
Levantó la cabeza.
—Es mejor que te vayas.
—¿Lo amas?
—Vete.
—Me sigues amando, sigo siendo el dueño de tu corazón. No me puedes siquiera mentirme.
Maribel podía escuchar su corazón.
—Estoy aquí por ti. Decidí encontrarte y no perderte...