La Promesa De Mi Madre (atada a Un Extraño)

PARTE IV: FRAGILIDAD II (MARIBEL & JOEL) POR SER 14 FEBRERO ❤️

❤️Continuación❤️

Esteban se acercó y pidió un beso... ella se lo dio, pero no lo dio con sentimiento como siempre se lo ha dado. Entonces, recordó el día que vino con él a esta misma casa y a pesar de que vino a comprar medicamentos de su madre, aceptó. También recordó a qué vino, cuál era el plan.

Estaba convencida que ese día estaría con Esteban consumiendo su amor de fuego juvenil, se entregaría por amor al hombre con quien se sentía feliz, enamorada. Esteban había sido inquieto y brusco, no era como Maribel había imaginado.

Ambos estaban con paños menores, el corazón de ella latía como el de un caballo en la pista de carreras. Durante las caricias sobre el colchón, no le agradó el comportamiento inestable de Esteban, tuvieron contacto, pero decidió empujarlo y vestirse.

Al inicio los besos que le sabían a miel se convirtieron a un sabor agrio, sin sentimiento. Esteban la había forcejado dándole una bofetada y ella había dicho que ya no quería... no así. Había amenazado a Esteban con gritar si él seguía presionándola.

Esa noche miró la hora y corrió al parque. Sin darse cuenta Esteban la siguió, ella estaba furiosa con la actitud de él sintiendo decepción. Cuando ella notó que Esteban estaba detrás, corrió hasta cruzar la calle hasta llegar al parque principal. Dándose cuenta que Esteban no retrocedía miró a sus lados buscando donde esconderse, giró hacia atrás y miró a un hombre criando palomas. Caminó hacia allí... Esteban no se acercó al ver que alguien estaba con ella y ella se fijó de eso. Sintió tranquilidad y esperó a que se fuera.

—Hoy debo irme temprano.

—¿Por qué?

—Él llegará, se fue de viaje... quería disfrutar el día contigo... antes de quedarme encerrada.

«No está tan mal», pensó.

—No vayas.

—Debo estar allí cuando él regrese —las ganas de estar con Esteban se habían esfumado—, recuerda que tengo un trato...

—Sí, sí. Maldito trato...

—Cuando termine el trato con Joel, ¿piensas seguir esta vida? ¿Me traerás a vivir contigo siendo el mismo?

—Según tú, ¿cómo soy?

—Bebes mucho, a veces me tratas mal, ahora que lo pienso hemos tenido demasiadas discusiones... no quieres mejorar para estar bien. Las parejas tienen problemas, pero nosotros hemos tenido muchas que he perdido la cuenta y siempre pienso en que algún día cambiarás... y no me vuelvas a decir: ¿Cambiar para qué? Una relación es de dos y creo que yo he puesto más seriedad porque te amo... no quisiera una vida como esta... ¿entiendes por qué Lucía y Ángela decían que no me mereces? —su voz ya era más tranquila—. Y antes de que explotes como siempre, piensa, porque es la verdad. No quisiste estudiar teniendo el apoyo de tus padres, siempre te la pasabas en el pueblo con los chamacos bebiendo cerveza, dejaste la escuela por estar con ellos... y ahora que trabajas... ¡Dios! Sigues igual de inmaduro... ¿Sabías que fue mi cumpleaños? Ni cuando nos vimos la primera vez, ni la segunda, ni esta la tercera, me felicitaste. Hemos sido novios casi cuatro años para que no lo supieras. Me bastaba con que me dijeras: «Felicidades» —gimoteó.

—Siempre has sido directa.

—Solo cuando es necesario...

—Sí —dio otro sorbo de su cerveza.

—¿Cambiarás? Puedes hacerlo, solo no quiero vivir con alguien que se la pase siempre borracho sin poder pasear, sin poder hacer cosas de pareja... quiero vivir eso, quiero sentir que tengo a un compañero de vida. Todos en el pueblo decían: «Miren a Esteban, si sigue así derrochando el dinero y la paciencia de su papá, será un vago». Ignoré todo eso y te seguí eligiendo...

—Lo haré —Esteban realmente no tenía palabras que agregar.

Maribel escuchó a Esteban responder con mucha tranquilidad, como aceptando todo lo que ha hecho donde la perjudicada era ella.

—¿Lo dices en serio?

—Sí, trataré de no ser explosivo y tratarte mejor, comprenderte.

—Gracias.

—¿Quieres que te lleve a esa casa?

—Abrázame.

Ella se levantó y Esteban la abrazó.

—A partir de ahora será todo diferente —dijo Esteban con firmeza.

Se separaron, agarró el vaso de cerveza, se acercó a la venta y lo derramó.

—Creo que así puedo iniciar.

Esteban regresó a donde ella y la besó.

—Ahora vengo —dijo Esteban.

Al cabo de unos minutos volvió a entrar. Había traído frituras y un poco de refresco, los dos comenzaron a ver películas. Maribel casi no prestaba atención, estaba abrazada al cuerpo de Esteban allí sobre la colcha.

Más tarde él agarró su celular, 3:55 p.m.

«Ya debió haberse ido», pensó Esteban.

—Me voy, es mejor que te deje con tus amigos. Otro día saldremos a pasear.

—Está bien.

—¿Me llevas?

—Sí, amor —le regaló una sonrisa.

Ambos salieron del cuarto, Maribel no dijo nada a los que estaban allí. Olió cigarro, alcohol.

—No quiero que te enojes, pero estas convirtiendo esa casa en un nido de vagos... como en el pueblo.

—Cambiará, no te preocupes.

Tomaron el taxi y pronto llegaron al parque del preescolar. Se despidieron con abrazos y besos. Esta vez Maribel no quiso quedarse y él no fue meloso como la otra vez.

Maribel caminó en dirección a la casa de Joel. Mientras Esteban se alejaba susurraba:

—¡Qué estúpida! Además de eso, derramé cerveza.

Cuando Esteban llegó a su casa, les dijo a todos que compren más cervezas y ellos lo alabaron.

Maribel descansaba sobre su cama, veía videos desde su celular. No se dio cuenta la hora en que se quedó dormida.

El ruido de la puerta la despertó. 8:50 p.m. Joel había llegado. Ella se acercó a su tocador para verificar si sus ojos seguían rojos o hinchados por haber llorado, se arregló el cabello y fue hacia la puerta, estaba sorprendida de que Joel llegara a esa hora, había creído que su llegada sería hasta mañana.

—Hola... llegaste.

—Sí. ¿Te aburriste?

—No mucho.

Cuando cerró la puerta se fijó en Maribel, descalza y aun con su vestido puesto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.