La Promesa De Mi Madre (atada a Un Extraño)

PARTE VI: DE PASEO A ESCONDIDAS

❤️❤️ Continuación.... ❤️❤️

Desde ese día hasta el sábado, ella trataba de buscar conversación, como cuando solían hacerla durante las comidas de medio día y en las cenas. Maribel dedujo que él se comportaba evasivo por haber sido rechazado, y consideró que ese comportamiento era de lo más natural.

Cada vez que ella intentaba agregar un comentario, él respondía: «Sí», o se retiraba de la mesa. Se dio cuenta también de que Joel ya no la miraba a los ojos cuando hablaban. Ya no le prestaba atención como antes. Nuevamente, doña Fátima era la salvación de Maribel, para apaciguar la tensión y la incomodidad con Joel, pues él la invitaba almorzar con ellos en los días en que iba a trabajar.

Para doña Fátima era como estar en un juzgado donde ambos no cedían y estaban esperando a ver quién de los dos empezaba a pelear, a quejarse. Ella conocía bien esa sensación de amargura, de pleitos y silencio; lo padeció con su ex esposo hasta que la dejaron sola con sus hijos, y también se la pasó un tiempo en el juzgado.

El domingo por la mañana, Maribel recibió un mensaje: «Te extraño, quiero verte».

Sonriente, le contestó a Esteban: No puedo...

Esteban: Los domingos siempre eran nuestros días.

Maribel: Lo sé, los recuerdo.

Esteban: Recuerdo cuando fuimos a bañarnos en el cenote con nuestros amigos.

Maribel: Sí... Te extraño.

Esteban: Yo mucho. Por eso te quiero ver.

Maribel: Quiero, pero él está aquí.

Esteban: Corramos el riesgo. Como cuando fuimos a Valladolid o de cuando veníamos aquí, a Santos Reyes, por la feria.

Maribel no contestaba.

Esteban: Él sabe que no tiene oportunidad contigo y que solo están por obligación, ¿qué más da? Además, sigo siendo el dueño de tu corazón, tu primer amor.

Maribel: Tienes razón. Vamos a vernos.

Esteban: Estaré en el parque Juárez.

Maribel: Te veo allí.

Al medio día, salió de su cuarto, se puso bonita y vestía un pantalón de mezclilla y una blusa. Caminó hacia la puerta principal, tocó el pomo de la puerta y se quedó paralizada. Miró hacia atrás, observando la puerta cerrada del despacho de Joel. No estaba allí parado como se lo había imaginado. Regresó la mirada y abrió la puerta.

—¿Regresarás?

El cuerpo de Maribel quedó gélido y un hormigueo corrió por todo su cuerpo, como si pensara que él ya sabía algo que ha estado ocultando, ocultando a Esteban. Su mano quedó pegado al pomo de la puerta. Respiró profundo, cerró los ojos y exhaló. Cambió su mirada y dejó de sentirse nerviosa.

Cerró la puerta, giró su cuerpo haciendo que sus cabellos crearan una cortina levantada por el aire. Caminó con decisión hacia Joel, quien permanecía parado a lado de la puerta abierta del despacho con esa mirada vacía de siempre; sus manos estaban dentro de los bolsillos del pantalón de vestir. Maribel se le plantó frente a frente.

—¿No puedo salir? —dijo con decisión, sin dejarlo de mirarlo directamente a los ojos.

Joel admiraba su determinación, recordó que ella puede llegar a ser directa y sincera cuando le plazca, y provocarle un poco nervios cuando ella lo miraba directamente con esos ojos bonitos, con esa mirada tierna.

—Sí.

—¿Entonces? ¿Me quieres vigilar? ¿Por qué no me acompañas?

Joel no dijo nada.

—Regresaré, tenemos un trato. Lo cumpliré, no tienes por qué dudar —mantuvo una voz sólida.

Maribel regresó hacia la puerta principal caminando con toda seguridad, abrió la puerta por completo y la luz del sol entraba a la casa. Salió y nuevamente giró hacia Joel.

—¿Sigues molesto?

Joel caminó hacía ella, sostuvo el pomo de la puerta.

—No tendría por qué; tenemos un trato —dijo sin vacilar.

Él cerró la puerta y Maribel quedó perpleja. Detrás de la puerta, Joel dibujó una sonrisa, disfrutando el momento por haberle cerrado la puerta en la cara.

Maribel iba en camino con destino al amor. Bajó del taxi y envió un mensaje de texto.

Maribel: ¿Dónde estás?

Esteban: Frente la tienda de ropa La Flor.

Cuando Esteban la vio, se levantó y caminó para abrazarla y darle un beso en sus labios. La tomó de la mano y se fueron de allí. Se subieron a la motocicleta y Esteban condujo hasta el recinto ferial de la ciudad, donde había un evento de motocrós. Era un evento muy llamativo y era el segundo año que lo hacían en la ciudad.

Desde el estacionamiento de motos, se podía escuchar música. Maribel estaba contenta y feliz por estar con él, conviviendo, como siempre se lo había imaginado, como una pareja de novios. Iban caminando tomados de la mano; alrededor había vendedores de comida, y a un costado, un puesto de cervezas.

Señores pasaban vendiendo algodones de azúcar, chicharrones. Maribel se detuvo en un puesto de marquesitas y compró uno; Esteban no tenía apetito para eso. Después, ambos se reunieron con los amigos de Esteban y, aunque Maribel no estaba muy de acuerdo, no dijo nada. Esteban sostuvo una lata de cerveza que le habían dado y dijo: «Nos vemos después». Se alejó de ellos para llevarla a pasear en cada rincón del recinto ferial.

Había un área de coches y motos de exhibición, payasos y juegos que las empresas habían organizado, donde al ganador le daban artículos con las marcas estampadas o productos de los mismos.

Una hora después, anunciaron el evento principal, la carrera de motocicleta en la terracería con obstáculos. Invirtieron tiempo y dinero; todos sabían que esa terracería era plana y todos, al ver que había quedado realmente como una pista de obstáculos, se fascinaron.

Bullas, chiflidos estallaban, tomaban fotografías y algunos grababan para el recuerdo. En minutos, las gradas se llenaron y desafortunadamente, Esteban y Maribel no llegaron a tiempo, pero no fue un impedimento para que lo disfrutaran.

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¡Hola querido lector! Te mando un fuerte abrazo. ❤️❤️❤️❤️




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