❤ Continuamos❤️
De regreso a casa, Maribel miraba por la ventana del coche. Las casas estaban brillando de luces, y algunos locales comerciales abiertos resplandecían de colores navideños.
En una tienda seguían vendiendo esferas, árboles, piñatas y muchas cosas navideñas.
—Mira qué bonito... Todas las casas de por aquí y por donde vivimos —sin darse cuenta lo dijo como si hubiera aceptado que son una pareja normal viviendo juntos, con una verdadera relación—, están llenas igual de colores...
—¿Te gusta mucho la Navidad?
—Claro que sí. Eres aburrido porque tú no tienes espíritu navideño, eres como el personaje que odia la Navidad...
—No la odio.
—Viejito sin espíritu navideño —seguía mirando por la ventana.
—¿Te gustaría tener tu espíritu navideño?
—Pues sí... ¿quién no?
—¿Estarías feliz?
—Sí —dijo blandamente, y luego miró a Joel, quien lo esperaba con una sonrisa. Ella se dio cuenta que había respondido con naturalidad y se apenó.
Joel giró de repente las calles hasta volver a salir a la calle donde vendían los objetos navideños.
Estacionó frente de la tienda.
—¿Qué haces?
—Tendrás tu espíritu navideño.
—No, no es necesario, yo solo lo dije...
—Ya estamos aquí.
—No debes hacerlo solo porque yo quiera...
—Iré a comprar las cosas vengas o no.
Joel salió del coche y cerró su puerta.
«Tonto», pensó Maribel.
Ella salió del coche.
—Espérame.
—¿No querías?
—Solo vengo para ver que compres cosas bonitas.
Entraron en la tienda; había poca gente. Joel le dijo a Maribel que se encargue de elegir las esferas y foquitos. Luego fueron a donde estaban los árboles. Ella sugirió que con uno mediano sería suficiente. Joel pagó y le indicó a ella que esperara el cambio que él señor daría. Salió de primero con el árbol sintético, lo llevó a guardar dentro del coche y regresó por algunas otras cosas; las tomó saliendo él primero de la tienda. El señor de la tienda levantó la voz diciendo que estaban dejando la estrella. Maribel dijo ir por ella mientras Joel esperaba con las bolsas afuera de la tienda.
Un grupo de cuatro jóvenes se habían acercado a donde Joel. Él se hizo a un lado para que pasaran.
—¡Ey! Pero si es el pendejo perdedor.
—¿Disculpa? ¿Nos conocemos?
—Tú deberías... yo si te conozco.
—No lo creo, sigue tu camino.
Joel retrocedió hasta pegarse al muro donde había poca luz con la intención de que pasaran de largo.
—No... —Esteban escupió—. No debes robar a una mujer que no es tuya, eres un anciano a lado ella...
—Creo que te estas equivocando, amigo.
—El que se equivoca... eres tú —dijo, burlón—, amigo.
—Con que es él —dijo Reyes.
Joel avanzó para ir hacia el coche y Esteban lo empujó con fuerza, haciendo que el cuerpo de Joel regresara en la penumbra, golpeando su espalda contra el muro. Dejó las bolsas asentadas y avanzó hacia Esteban.
—Rudo, ¿porque no estás solo?
Esteban se burló.
—Nadie se meta —dijo Esteban con seriedad.
Esteban lanzó un golpe fácil de esquivar. Luego lanzó una patada y Joel aprovechó para atraparlo de la pierna. Sin pensarlo, lo jaló hasta aventarlo contra el muro.
Esteban soltó un alarido de dolor.
—Maldito —dijo al caer al suelo.
Reyes, José y Martín dejaron de reírse y se pusieron alertas.
—Ya lo tengo, vámonos —dijo Maribel, saliendo de la tienda, con una sonrisa entusiasta de ir a colocar el árbol.
Joel miró a Maribel.
Reyes aprovechó la distracción y le conectó a Joel una patada en el lado derecho y después un puñetazo en el rostro. Joel se tambaleó.
—No te acerques —vociferó Joel.
Maribel estaba asustada y no podía moverse.
Otra patada vino de su lado izquierdo de Joel. Por suerte, metió su brazo izquierdo y la patada no dio en su rostro. Estando agachado, cerró su puño derecho, se giró demasiado rápido; no le importaba quién estuviese allí, el golpe lo recibió Martín, quien había lanzado esa patada. Martín soltó un gritó y cayó al suelo. Reyes, al verlo intentó golpear a Joel de nuevo. José arrastró a Martín lejos de donde había caído.
—No saldrás de esta —dijo Esteban mientras se reincorporaba.
Maribel los reconoció a todos, y también esa voz.
Entre dos le estaban tirando golpes a Joel, quien solo se cubría la cara y la cabeza. Por momentos, Joel tiraba algunos golpes aun si no tuviera éxito.
Maribel caminó hacia Joel cuando él se hizo para atrás, colocándose a su izquierda.
Entonces los atacantes se detuvieron.
—Hola, cariño —dijo Esteban, jadeando.
Joel dejó de cubrirse; tenía la nariz y la boca ensangrentadas. Igual que los dos, él intentaba respirar todo el aire necesario.
—¿Así que es él? —agregó Esteban.
Maribel miró a Joel.
—¿Qué has hecho? —dijo ella, con su voz flaqueando.
—Ven conmigo, deja a este perdedor.
—¿Lo conoces? —Joel se dirigió a Maribel. Seguía jadeando
A su pregunta, ella solo asintió con la cabeza.
—Ya entiendo...
Maribel se encontraba en una encrucijada, nada fácil.
—Anda, cariño, dile a este perdedor que me prefieres a mí.
Joel supo enseguida que él era el hombre de la foto que le habían enviado.
—No —dijo ella—, ¡eres un idiota! ¿Cómo te atreves? Me avergüenzas.
—¡Ja! ¿Ahora resulta que yo?
—Ven, vámonos de aquí...
—No iré a ningún lado contigo.
Cuando Esteban se acercó un poco más, ella se dio cuenta de que estaba borracho, y el tufo a cerveza llegaba hasta su nariz.
—No cambias... —dijo en un tono triste, muy triste y decepcionado.
La adrenalina no le permitía a Maribel llorar, ni siquiera soltar una lágrima.
—Dile a este pendejo... que es a mí a quien amas.
—No le digas así... —Maribel masculló.
Esteban bajó la cabeza sonriendo. Al estar lo bastante cerca, enseguida quiso sorprender a Joel con la guardia baja, y lanzó un golpe. Joel ya se conocía ese truco, alzó su brazo izquierdo deteniendo el golpe. Joel aprovechó para empujarlo. Y nuevamente Esteban se acercó.
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Editado: 26.03.2026