❤ Continuamos❤️
Joel estacionó el coche y juntos bajaron todo lo que habían comprado. Ya dentro de la casa, en la sala, ella sintiendo culpa dijo:
—Si no hubieses detenido a comprar esto... no habría pasado, es mi culpa...
Su dedo estaba en sus labios.
—No, no es tu culpa. Que no desaparezca tu espíritu navideño —sonrió con los dientes rojos—, que valga la pena las heridas.
Maribel no dijo nada, solo pensó: «Tonto», luego sonrió por verle esa sonrisa roja.
—Por allí vi una sonrisa... ¿Tan mal me veo?
La sonrisa se apagó.
—Ahora regreso, iré por el yodo.
—No, dime donde está y voy por ello...
Joel se sentó en el sillón grande.
—Está en el primer cajón del escritorio...
Maribel fue a buscarlo, luego entró a su cuarto por toallitas húmedas que estaban sobre su tocador.
—Aquí está. Y también traje esto.
—Gracias, dámelo.
Ella solo miraba a Joel, quien sacó unas toallitas y comenzó a limpiarse la cara bañada de sangre. Pasó por la boca y después por la nariz donde sentía la comezón. Se miró con la cámara de su celular y por suerte ningún diente le faltaba y la nariz no estaba quebrada.
—Aléjate —dijo Maribel, seguidamente indicó con la mano—, hazlo.
Él obedeció y Maribel se sentó en el mismo sillón donde él estaba.
—Déjame ayudarte.
Ella tomó una toallita y con toda suavidad le limpiaba el rostro. Joel se le quedó mirando.
—¿Qué? —dijo ella sin mirarlo directamente a los ojos.
—Nada, no me había fijado...
—¿De qué?
—Tus ojos son bonitos, cafés claros.
Maribel dejó de limpiarle la cara. Joel se arrepintió de haberlo dicho.
—No te muevas.
Ella continuó limpiándole la cara.
—Bien, ya se ve mejor.
Maribel se alejó de él, apoyó su espalda en la almohada junto del reposabrazos izquierdo del sillón. Tomó otra almohada y la puso sobre su pierna.
—Acuéstate.
—¿Qué?
—Ven, no seas terco.
Joel se acercó, desconcertado, y dijo:
—¿Es necesario?
—Lo vi en una película... —dijo ella suavemente. Podía sentir que su cuerpo estaba temblando levemente.
Joel se recostó y la miró; veía su rostro y sus pestañas bonitas.
—Yo también he visto películas —agregó.
Joel no dijo nada.
Maribel aplicó el antiséptico en las heridas; no eran muy profundas.
—Nunca te he agradecido por lo que has hecho por mí. Has intentado que lo nuestro sea lo mejor posible, me has dado detalles, me has complacido con pizza, salimos al parque, quieres darme una Navidad y siempre te doy problemas, no lo mereces —dijo con voz apagada. Contuvo las lágrimas.
—No digas eso.
Maribel lo ignoró.
—A pesar de darte problemas, me diste una noche muy bonita, me llevaste a ver el árbol de Navidad; solía venir a la ciudad con mis padres a verlo. Dejaste de lado todo lo malo que hemos pasado y no te negaste cuando te lo pedí... Te golpearon por mi culpa... me defendiste y eso nadie lo había hecho. Nadie ha hecho cosas por mí como tú... —dio una pausa—. Gracias.
Joel no dijo nada, se sintió tan bien al escucharla.
Hubo un breve silencio. Segundos más tarde, ella dijo:
—Cuando entré a buscar el yodo... vi la libreta sobre la mesita, ¿estabas escribiendo una canción?
—Algo así.
—No sabía, bueno, había leído unas sin querer...
—Casi nadie lo sabe, ¿conoces el grupo de banda llamada Banda San Miguel?
—Sí. Tiene integrantes de aquí y de un pueblo.
—Les he dado unas letras... ellos las cantan, yo no tengo madera para eso... solo escribo.
—¡No te creo! —dijo sorprendida.
—La primera se llama: Solo tú, la segunda: Quiero que sepas y la tercera: Es difícil mantener.
Maribel ya había dejado de aplicar el yodo, mantuvo a Joel recostado y no pretendió interrumpir toda la plática que ambos sostenían.
—Yo las escuché, no puedo creerlo... ¡me estas mintiendo!
—No tengo motivos de hacerlo... He dado otras, a un trío para serenata. Hasta para un mariachi... en total no son muchas, pero fueron aceptados por la gente, con eso me doy bien servido.
—Vaya quien lo diría...
—Lo hago porque me gusta... cuando me siento inspirado, con corazón.
—Sí lo creo... oye Joel —dijo suavemente.
Ella se sintió nerviosa y estaba con dudas de cómo él reaccionaría.
—¿Qué pasa?
—Tú... ¿me escribirías una canción?
—Hasta dos...
Joel sonrió. Notó que Maribel no lo hizo y agregó:
—Sí —sin vacilar.
—Pero que sean con inspiración... con... corazón.
—Lo haré, cuando lo termine serás la primera en enterarte, y quizá la entregue algún grupo local para que la cante...
Hubo un silencio brevemente, Maribel no se había fijado que estaba acariciando los cabellos de Joel.
—Cierra los ojos...
—¿Para qué? —dijo extrañado Joel.
—Solo ciérralos y no los abras...
Joel obedeció.
Su corazón de Maribel latía muy fuerte, con temor, su cuerpo tembló y después se puso tenso.
Joel sintió los cabellos de Maribel sobre su rostro, también sintió el calor de ella. Luego, sintió unos labios tibios.
El primer beso duró por varios segundos. Poco a poco el beso fue durando más y con mayor intensidad, ardiente como el fuego.
Ella se retiró lentamente.
—¿Eso... también lo viste en una película?
Maribel sonrió, se mordió los labios y dijo:
—Tonto.
—¿Me darías otro?
Maribel no dijo nada. Joel atrajo su mano hacia su rostro para que ella también lo viera.
—Sé considerada por las heridas. ¿No viste como mi cara los golpeó? Y no reacciona mi mano, mira —levantó el brazo y sacudió la mano como si no tuviese fuerza.
Ella mordió sus labios, luego nuevamente sonrió y como siempre, con dulzura le dijo:
—Tonto.
Maribel lo besó. Ese beso fue el más puro y sincero que Joel había recibido, desde hace mucho tiempo, mucho tiempo. Y para ella, era un acto de amor creciendo en su interior, podía escuchar galopar su corazón y después escucharlo finamente. No trató de separar sus labios con los de Joel, ese beso también fue sincero y había olvidado que así se sentía un beso enamorado. Hace mucho que había perdido el sabor, lo hermoso de sellar un amor que podría ser perdurable.
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Editado: 26.03.2026