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Al día siguiente por la mañana, Maribel despertó desde temprano para colocar el árbol de navidad. Había puesto la falda roja y estaba acomodando el árbol en el centro de ella.
Joel salió de su cuarto y Maribel volteó a verlo. Ella se arreglaba el cabello suelto con las manos, se miraba en el celular para ver si había quedado bien y pasó un dedo en cada ojo, comprobando que no tuviese lagañas.
—Buenos días.
—Buen día. Ya lo estás colocando...
—Sí, hoy es Nochebuena y mañana Navidad. Quiero que esté listo para encenderlo esta noche.
Joel sonrió y se dirigió a la puerta principal.
—¿Te vas? Hice café...
—Tengo que irme, será para la próxima.
Joel se marchó y ella hizo muecas con la boca, un poco desilusionada.
Sacudió la cabeza y continuó con lo que hacía.
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Al llegar Joel a la oficina, le pidió a la secretaria que ordenara platos de comida para todos como desayuno. Incluía arrollados de paté, espagueti, bocadillo de jamón y queso, ensalada y un pedazo de sandwichón de pimiento.
Cuando Joel supo que vendría Juan, agregó un plato más.
Veinte minutos más tarde, sus empleados de Joel desayunaban en la pequeña cocina; él y Juan estaban en su oficina.
—¿Ella te pegó?
Soltó una carcajada.
—No.
—¿Y entonces? —dijo con intriga.
—El que estaba con ella... nos vio ayer por la noche y se armó un relajo...
—Sí estuvo bueno entonces —hizo una mueca de burla.
—Me duele el cuerpo, la mano, ¡todo!
—Debiste tener cuidado.
—Aun así, ellos me golpearon...
—Espera, ¿ellos?
—Sí, él no estaba solo y estaban algo ebrios...
—Ahora que sabes quienes son... vamos por ellos y ahora veremos a cuanto nos toca —pareció molestarse.
—No haré nada, dejaré pasar ese problema por ahora.
—Si necesitas ayuda, avísame.
Seguían comiendo.
—No cabe duda que hay mujeres que se fijan en imbéciles como él... —Joel soltó una recriminación.
—¿Qué pasó?
—Le dio una bofetada, y de las buenas.
—No me jodas... —Juan esta asombrado.
—Reaccioné y me fui sobre él...
—¡Ah! Aquí hay amor... —dio un respiro profundo mientras lo apuntada con el tenedor de plástico, sacudiéndolo—, hasta aquí me llega el aroma —sonrió—, aquí hay amor, hay amor...
—No...
—Desde que me contabas que hacías por ella... supuse que te gusta. Zoi ya lo sospechaba y debo darle la razón.
—No es así... es como...
Joel se levantó para caminar de un lado para otro.
—¿Cómo amor?
—No... como un deber. Es parte del trato...
—Son excusas, ella te gusta.
—¡No!
—Menos mal —hizo un gesto de aborrecimiento.
Joel se detuvo y le lanzó una mirada.
—¿Por qué?
—Ella no es para ti.
—¿Por qué dices eso? —dio una pausa—. ¿Qué tengo de malo?
—Para empezar, ella no es bonita y a ti te gustan las bonitas, su cabello, sus ojos —lo decía con un gesto como si ella no tuviese nada llamativo—, no están...
—¿Qué tienes contra ella? —dijo Joel, serio—, es hermoso su cabello, sus ojos son bonitos, su sonrisa, me gusta y ella es... hermosa... no debes referirte a ella de esa manera.
Juan soltó una risa al oírlo y se levantó.
—Sigue negándolo, amigo. Te enfadaste cuando dije cosas malas de ella... no era mi intención, solo quería demostrarte la verdad...
Juan tiró su plato desechable en el bote de basura.
—Te involucraste demasiado, has dejado a un lado todo lo malo que ha pasado hasta ahora entre ustedes y allí sigues, siendo considerado con ella, eso es amor... Acéptalo, estás enamorado.
Joel estaba pensativo.
—Cuando encuentres las palabras que me quieras decir, me las envías por mensaje —sonrió—. Me tengo que ir, las niñas están con sus abuelos. Gracias por el desayuno. Te veo en la noche.
Joel se sentó de nuevo. Pensaba que Juan podría tener la razón; eso explicaría muchas cosas: por cómo se comportaba cuando Maribel estaba cerca de él, por haber aceptado hacer las paces y seguir como si nada, por seguir siendo considerado y por lo furioso que se puso cuando fue golpeada. Reconoció que en ese momento la rabia lo cegó y no ocultó el odio que desató sobre Esteban. «Es hermosa para que tus asquerosas manos la toquen», recordó. «¿De dónde saqué eso?», pensó. Si no fuera por Juan, creyó que nunca se habría acordado de lo que dijo.
Antes de que los empleados se marcharan, Joel entregó sobres con dinero. Ellos habían preferido recibirlo en Nochebuena. Habló a su secretaria, se lo entregó, saludó y le dijo que la espera para la cena de esta noche. Luego entró la auxiliar y después Pablo, mismas acciones.
Por ser el día de Nochebuena, todos se fueron a las 12:00 p.m. Joel llegó a casa media hora después. El árbol de navidad estaba puesto, con los foquitos, cola de gato y esferas. Debajo del árbol había unas cajas forradas con papel de regalo navideño.
Maribel salió de su cuarto entusiasmada.
—Vaya, has hecho un buen trabajo... me gusta y los regalos bajo el árbol le dan un toque... espíritu navideño.
—Sí.
—Te quedó bonito, no te miento.
—Gracias —dijo sonriente—. Fui a la tienda de la esquina, pregunté por cajas vacías donde vienen galletas... luego el papel... tuve suerte de que todo había allí.
—Sí.
—Traje comida —agitó la bolsa.
Joel se la entregó a Maribel y fue a su despacho a dejar su maletín.
Los dos comían y hablaban de cosas que vieron en internet: accidentes de la ciudad, problemas que suceden en los pueblos. Eso abrió un camino para que Maribel contara algunas cosas de su pueblo, de sus momentos divertidos. Contó cosas que habían dicho y hecho sus amigas. Se veía feliz contando sus cosas mientras Joel le prestaba atención, sin dejar de mirarla. Se apenó, aun así, continuó.
Joel sonreía, veía a Maribel. Le parecía linda contando sus aventuras mientras hacía gestos diversos, imitando a esas personas. Él reía más por cómo ella actuaba.
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Editado: 26.03.2026