La Promesa De Mi Madre (atada a Un Extraño)

PARTE I: SAN VALENTIN II

Continuamos❤️

A las 7:30 pm, Maribel estuvo desconcertada por el mensaje de doña Fátima de salir a pasear, de comprar.

Joel salió de su cuarto al escuchar que Maribel salía de su habitación.

—Hola… Saldré.

—¿Puedo saber… con quién?

Maribel observó a Joel detenidamente.

—Voy a regresar…

—Eso no me preocupa.

—No iré con él… Si es lo que quieres saber.

—Cuídate —mostró su mirada como de costumbre.

Joel espió que ella se marchara, esperó un buen rato y después salió. Maribel y doña Fátima estaban en tiendas de ropa. Ella veía pantalones, blusas. Antes de ir a la tienda de ropa, aprovechó para comprar el libro y forrarlo. Lo puso en una bolsa de regalo del tamaño del libro. Le había preguntado a doña Fátima el motivo del paseo, ella solo respondió: «Tenía ganas de salir, pero no sola». Ya dentro de la tienda, doña Fátima dijo:

—Mira nena, este se te vería muy lindo —dijo sosteniendo una blusa—, pero yo digo que se te vería mejor este vestido.

—Sí. Mire ese color… es muy hermoso.

—¿Cuál? —doña Fátima giró a donde Maribel apuntaba.

—Siempre era una blusa.

—No sé, resalta tu belleza con otro vestido.

Doña Fátima caminó más atrás del local, Maribel la siguió. Cuando doña Fátima no vio lo que buscaba, se acercó a la vendedora y le dijo casi al oído lo que buscaba. La vendedora desapareció. Maribel se perdía mirando otras ropas. Al regresar la vendedora, traía en sus manos un vestido liso de tirantes, ajustado, que llegaba un poco después de la rodilla y de color azul marino.

—¡Ese es!

Con emoción se dirigió a donde Maribel, quien estaba ya en los últimos exhibidores de ropa.

—Nena, mira ¡este!

Ella giró sin entusiasmo, sin esperar nada de su gusto.

—Mira qué precioso —estaba ilusionada doña Fátima.

Maribel veía el vestido.

—Sí que lo es, ¿de dónde lo agarró? —miraba a la vendedora.

—Por allí.

—Anda, pruébalo.

—No…

—¿Por qué?

—Yo no vine a comprar…

—Solo pruébalo, para ver cómo te queda —insistió doña Fátima.

—No.

—Vinimos a pasear, anda —le entregó el vestido a Maribel.

Maribel no estuvo muy segura de querer hacerlo. Entró en el vestidor que estaba al fondo, era una de tantas. Se cambió de ropa lentamente, desganada y forzada a hacer algo que no quería. Se miró al espejo: «Es muy hermoso», pensó. Notaba lo bella que estaba y ese vestido la hizo sentir avergonzada. Pensó que al usarla nadie la reconocería en su pueblo. Su cuerpo joven quedaba a la perfección con ese vestido.

Abrió la puerta del vestidor sin querer salir, se quedó allí esperando a que doña Fátima la notara.

Doña Fátima la miró y hasta ella quedó asombrada.

—Guau, te queda muy bien. Te ves hermosa y lo que le sigue —hizo un gesto con sus dedos de: «OK».

—Gracias —dijo sutilmente.

—Sal, para que te vea bien.

—No, me da pena.

—¿Por qué?

—No sé.

—Salte, ven aquí.

Dio unos pasos, luego otros. La vendedora se acercó para preguntar si necesitaban ayuda.

Juntas dijeron: —No.

La vendedora se molestó y se puso celosa al ver que a Maribel le quedaba hermoso el vestido. Tenía más años que ella… Solo unos cuantos. Su mirada lo decía todo.

—Nos la llevamos —dijo doña Fátima.

La vendedora se fue al mostrador casi molesta.

—No —dijo Maribel entre dientes.

—¿No la quieres?

—Sí, pero…

—Se te ve linda.

—Lo sé… allí dentro hay un espejo. Ni yo me reconocí —sonrió.

—Entra a cambiarte, nos falta ir a un lugar —le hizo un guiño.

Ella entró a cambiarse.

Doña Fátima pagó y pronto se fueron. Miraba su celular para saber la hora.

Dentro del taxi, Maribel dijo:

—¿Por qué me lo compró? No se lo pedí.

—Tú confía en mí. Te gustará…

—¿Qué cosa? —dijo pensativa.

—No puedo decirte más. Tranquila.

A Maribel le creció la intriga y deseaba saber qué tramaba su amiga…

Llegaron con Mila. Maribel seguía desconcertada.

Doña Fátima entró al salón de belleza y le indicó a Maribel que hiciera lo mismo, después cerró la puerta.

—Hola, Mila.

—¡Tanto tiempo sin verte, mujer! —dijo con entusiasmo, ambas se abrazaron y se dieron un beso en las mejillas.




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