❤ Continuamos❤️
Mientras Joel conducía de nuevo a casa, notaba que Maribel se la pasaba más tiempo mirando hacia su ventana. Eran momentos muy cortos y rápidos en que ella miraba a Joel.
«Mamá, ¡él no es un tonto! Él sabe cómo ponerme nerviosa, me hace sentir diferente. Quizá tengas razón de lo que me dijiste aquella vez…», pensó.
Miraba por la ventana cuando sintió la mano de Joel posar en la de ella. Joel entrelazó sus dedos y Maribel, sin voltear a ver, la apretó.
«Tranquilízate, Maribel. Esto que siento…».
Miró a ver a Joel y su sorpresa fue mayor al notar que él miró al mismo tiempo.
Joel le guiñó un ojo.
—Tonto —susurró.
Joel estacionó el coche.
—No te bajes…
—¿Por qué? —dijo ella, inocente.
—No lo hagas —se bajó rápido y emocionado.
La puerta de Maribel se abrió y allí se encontró con el brazo extendido de él. Maribel la tomó.
«Guau, nunca pensé vivir algo así. Es como esas películas…».
—Vamos.
Joel quitó el seguro de la puerta de la casa.
—Quiero que cierres los ojos.
«¿Hay más? ¿Hasta cuándo terminará todo este sueño?».
—¿De verdad?
—Sí.
Ella lo cerró. Joel se fijó que tenía puesto los aretes y el collar que antes le había obsequiado. Eso lo puso muy feliz.
—No los abras hasta que yo te diga.
—Está bien —ella mordía sus labios, estaba ansiosa de saber lo que había dentro y porque él no la dejaba ver. No tenía nada en la mente, no sabía qué imaginarse.
La puerta se abrió. Joel pasó detrás de ella y puso levemente sus manos sobre los ojos de ella. Maribel pudo sentir el calor de Joel, el aliento, la respiración, la voz cuando le dijo:
—Camina despacio.
Su cuerpo se erizó.
—¿Ya?
—No.
La puerta se cerró.
Joel tomó el control del equipo de sonido y le puso reproducir. La música eran baladas románticas de los setentas, ochentas y noventas.
—Ya puedes abrir tus ojos.
Maribel abrió los ojos lentamente.
La cocina estaba alumbrada con luces tenues, la mesa no era la misma. Era más pequeña, para dos personas. Había velas aromáticas, en el centro de la mesa había flores. Platos, vasos y la cena.
—¡Joel! Esto… esto… —estaba atónita. Creyó que se desmayaría—, es… es… hermoso.
Maribel no pudo contenerse y soltó pequeñas lágrimas. Llevó las manos para limpiárselas. Temblaba
—Perdón.
Joel solo sonreía.
—Espero que te guste.
Ella asintió con la cabeza.
—Ven siéntate —él la llevó hasta la silla y la jaló para que ella se sentara.
Ella dejó el regalo sobre la mesa y se sentó sin decir nada.
—Me dijeron que la lasaña es común para estos festejos —Joel retiró la tapa del recipiente.
Tomó el plato de Maribel; al momento de servirlo, cayó un pedacito en la mesa.
—Estoy algo nervioso…
Maribel se sintió aliviada al escucharlo y darse cuenta de eso. Sonrió.
Luego sirvió la de él. Tomó el vino y la destapó.
—Nunca lo he tomado.
—Ni yo —dijo Joel.
Maribel no supo si creerle o no. Él sirvió las dos copas. Él olfateó la botella.
—¿Eso no es caro?
—No, en el súper está como a doscientos pesos… o menos —lo dijo serio.
—Joel… te compré algo —Maribel le acercó la bolsa a Joel.
—¿En serio?
—Sí.
Joel abrió la bolsa. Sin dudarlo rompió el papel de regalo.
—¡Un libro! Vaya, vaya —muchas gracias.
—Sé que tienes muchos, quise darte uno más.
—Este libro no son como los demás, es un libro único…
—¿Por qué? —dijo con dudas.
—Porque viene de ti. Lo sabré cuidar como a los otros. Incluso mucho mejor…
Se levantó. Retiró todo lo que vino en la bolsa de regalo.
Nuevamente se sentó.
—Y esta cena… es mi cuarto regalo para ti.
Maribel miraba a Joel directamente.
—Es muy bonito. De verdad. Aun no me la creo…
—Comamos —dijo sonriente y feliz.
Mientras Maribel comía, buscaba la mirada de él. Parece que esa cena le advirtió: «No hables».
«¿Por qué no puedo decir nada? Si he hablado otras veces con él mientras comemos».
#7473 en Novela romántica
#1716 en Novela contemporánea
triangulo amoroso, matrimonio por contrato, diferencia de edad
Editado: 19.04.2026