La Promesa De Mi Madre (atada a Un Extraño)

PARTE III: DE VACACIONES CON ELLA ❤️

Nota: Agradezco el primer 1k de vistas a la novela, si eres un@ de los que sigue esta historia, o los que vienen a leer para salir de su zona de confort, quiero darles las gracias!!! Espero llegar a 2k. ❤️

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Durante los siguientes días y semanas, convivían más unidos. Ahora veían películas de amor y cuando lo hacían, entrelazaba sus manos, como enamorados, reforzando su compañía mutua. Ahora desayunaban todos los días y las pláticas fluían con más naturalidad. Doña Fátima ya se había hecho la idea de que ellos dos se querían y ambos sentían lo mismo. En uno de esos días, Gustavo Castillo, fundador del mariachi Los Castillos, fue a la casa de Joel para leer las letras que había escrito.

Para ese tiempo también, no habían vuelto hacer el amor y no se daban besos en los labios, algo extraño para ella. Para Joel no era necesario llegar a la intimidad física para sentirse bien, y por parte de ella, respetaba la actitud de Joel. Hubo otras noches donde ella quiso amanecer en los brazos de él.

Cuando se la pasaban viendo la televisión en la sala, Maribel era quien siempre, a la mitad de la película, recostaba en las piernas de él la cabeza o se acercaba para apoyarla en su brazo, esperando a que la abrazaran. Esperaba que en algún momento él la besara. Nunca sucedió. Ella se sentía triste y se preguntaba por qué Joel no lo hacía, o que al menos lo intentara, y ella no lo rechazaría. Pensó que no era justo que se comportara lindo y atento, si no demostraba sus sentimientos; se ponía furiosa y confusa. Al final, tomó la decisión de no presionar las cosas y que, tarde o temprano, si él decidía demostrar sus verdaderos sentimientos, ella lo estaría esperando. No lo rechazaría.

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Para finales del mes de julio, Joel organizó unas vacaciones. Días antes, había escuchado a Maribel en un soliloquio mientras veía películas con vistas al mar; ella había mencionado lo lindo que disfrutó cuando sus padres la llevaron a la playa. Lamentó no tenerlos a su lado para poder disfrutar nuevamente ese momento, y Joel percibió lo triste que se había puesto Maribel.

Un viernes por la mañana, Joel no fue a trabajar. Dejó a cargo a Pablo en la oficina y pidió no ser molestado; Pablo debía atender cualquier problema que se presentara. Al ser últimos días del mes, todo mundo estaría solicitando facturas y nóminas de los empleados.

—¡Pero es fin de mes! No podré solo, digo, me tomará mucho tiempo.

—Es mejor que comiences, regreso el lunes.

Joel terminó la llamada. Fue al cuarto de Maribel, que aún seguía la puerta cerrada. Llamó un par de veces. Ella se levantó de inmediato, se miró en el espejo, con el cabello desordenado, se peinó y estiró la cara para despertarse.

—Buenos días —dijo bostezando.

—Perdona si te desperté.

—No te preocupes. Ya estaba despierta, solo daba vueltas en la cama… —volvió a bostezar—, ¿qué hora es?

—6:30 a.m.

«Es muy temprano, ¿por qué me despierta a esta hora?», pensó.

Maribel quería saber por qué Joel estaba en su puerta, por qué había llamado… nunca lo había hecho desde que... entrecerró los ojos, tuvo una corazonada, detuvo sus manos y abrió un ojo.

«A caso… quiere que él y yo… ¿antes de que se vaya al trabajo? —pensó, sintiéndose avergonzada y nerviosa—. ¿Por fin se animará a decirme…? ¿Qué debo hacer?».

—Es… es… es muy temprano, ¿no?

—Sí. La razón es que yo quiero…

«¿Debo decir sí? ¿O no? No quiero que se sienta rechazado —se dijo a sí misma y luego se respondió—: ¡Estás loca! Reacciona, no te ha besado en mucho tiempo, ni siquiera se ha insinuado y ahora viene a tu puerta… ¿Cómo si solo fuera cuando él quiere? ¿Y mis sentimientos qué?... Sí o no, sí o no…».

—Bueno, son meses de vacaciones y quiero ir a la playa… contigo.

—¿Eh?

«Yo pensé que…. ¿en qué estaba pensando?», se dijo.

Su corazón comenzó a acelerarse, y se puso colorada al darse cuenta de su error.

—¿Ir a la playa?

—Sí. Tienes tiempo de prepararte, salimos en unas horas.

«¿Por qué no me lo dijo antes?», pensó.

—Está bien…

—Te veo seria, ¿pensé que te alegrarías?

—Sí lo estoy…

Joel no la vio con esa sonrisa alegre y dulce, pero se conformó con que ella lo haya dicho. Esperaba verla sonreír como cuando la sorprendía o cuando se miraban de vez en cuando; se sintió decepcionado porque realmente quería verla sonreír cuando le dijera lo de ir a la playa.

Joel se dio media vuelta para irse a su cuarto.

—¿Puedes faltar al trabajo?

Joel se detuvo.

—Sí —giró hacia ella—, creo que merezco unas vacaciones —asintió con la cabeza y sonrió, luego se fue a su cuarto.




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