La Promesa De Mi Madre (atada a Un Extraño)

PARTE IV: EN LA PLAYA ❤️

Más tarde, de estar allí sentados disfrutando de la naturaleza, ella se levantó.

—Voy a bañarme… —señaló con su dedo al mar.

Joel seguía sentado y no pretendía levantarse.

—Vamos —dijo Maribel.

—Estoy bien aquí…

—No seas aburrido, vamos —insistió.

Maribel caminó hacia el mar. Joel la veía alejarse, se inclinó un poco hacia atrás apoyando sus manos en la toalla y estiró sus piernas blancas. Desde lejos, ella colocaba su mano a la frente para poder mirar a Joel. Sus pies tocaban el agua y ella sonreía. Hacía señas con la otra mano para que Joel viniera. Joel levantó una mano y la agitó, sonrió. Maribel insistía.

Un señor pasó vendiendo sobreros de paja para mujer. Joel, sin pensarlo, compró uno para ella. Se levantó, dejó a un lado sus chanclas. Maribel alzó la mano agitándola y salió del agua. Joel jugueteaba el sombrero, tocaba el listón mientras iba acercándose a ella.

—Ponte esto.

—Gracias —dijo sonriente.

Tocó su bolsillo trasero y dijo:

—¿Mi celular? Ah… lo dejé allí… ahora vuelvo —corrió a donde estaban sus cosas.

Joel la siguió con los ojos, apreciaba lo feliz que ella estaba y no dijo nada cuando ella salió a la carrera como una niña pequeña; corría sin vergüenza. Él tal vez no lo hubiese hecho, preferiría caminar.

Maribel regresaba con el sombrero puesto, lo sujetaba con una mano para que no se cayera. Corría hacia Joel. A él le pareció que el tiempo se detuvo al verla bonita y tierna con ese sombrero puesto. Era como un alma sin cadenas que puede hacer lo que quiere, sin importarle nada, solo el momento. Joel pensó que necesitaba tener esa actitud en su vida, hacer cosas sin importar lo que las personas piensen o digan. Envidió que ella pueda hacer lo que él no se atreve: disfrutar como un chiquillo, correr por la playa riéndose. Se conformaba de verla alegre.

Maribel activó la cámara y se posicionó frente a Joel, quien enseguida dio la espalda. Tomó varias fotos al mar. Después puso la cámara frontal, hizo un gesto tierno y la señal de paz, y se tomó fotos estando sola. Luego se movió lo suficiente para que Joel apareciera en la cámara frontal.

—Sonríe.

Joel miró, pero no lo hizo.

—Mmm, no seas amargado, sonríe.

Joel apenas dibujó una sonrisa. Maribel sostenía su celular y aún no tomaba la foto.

—Sonríe, yo tengo todo el tiempo… —dijo burlándose.

Joel sonrió y ella tomó varias fotos.

—Toma —ella le entregó su celular—, miraré el mar y me tomas una foto.

Ella posó y Joel tomó una foto.

—¿Ya?

—Sí.

Maribel regresó para mirar la foto…

—Oye, solo tomaste una, toma varias fotos…

—Tú me dijiste una foto…

Maribel soltó una sonrisa.

—Toma varias —regresó a posar frente al mar, se movía mirando a los lados, al frente, y Joel tomó muchas fotos.

Después ella se sentó en la arena.

—Tomala así…

Joel siguió tomando fotos. Comenzaba a sentirse incómodo y solo soportó porque se trataba de ella.

Después de varias sesiones fotográficas, Maribel revisó rápidamente las fotografías.

—Párate más cerca del agua, mete lo pies…

—¿Para qué?

—Te tomaré algunas.

—No gracias, estoy bien así…

—¡No! Ve, te tomo una

—al ver que Joel no se movía, hizo gestos con la cara como si se hubiese molestado y dijo con voz sentimental—: Anda.

Joel posó.

—¿Aquí estoy bien?

—Un poco más, no tengas miedo al agua.

—¿Aquí? —miró hacia atrás rápidamente.

—Sí —Maribel miraba desde la cámara que Joel solo estaba parado sin hacer algún gesto adicional, sus manos estaban en los bolsillos del short, dibujaba una sonrisa y sus cabellos estaban siendo agitados por el viento. La sonrisa estaba acompañada con los ojos casi cerrados.

—Sonríe…

—Eso hago —dijo Joel.

Maribel soltó una sonrisa burlona y le tomó varias fotografías.

—Ahora regreso, guardaré mi celular.

Se fue alejando y sin que se diera cuenta Joel, ella le seguía tomando fotografías. De regreso con él, ella entró al agua hasta llegarle en las rodillas.

—Entra… ¿de verdad no sabes nadar?

—No.

—Aquí no te ahogas —sonrió—, no seas miedoso.

Joel solo sonreía sin dejarla de mirar. Maribel salió del agua corriendo, sostuvo la mano de Joel.

—Vamos…

—No…

—Vamos, no seas miedoso.

Joel se quedó viendo a Maribel con su sonrisa que parecía forzada.




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