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Al llegar a tierra firme, él propuso ir a comer mariscos, y ella estuvo de acuerdo. Fueron al restaurante con vista frente al mar. Joel pidió ceviche de camarones y Maribel asentía con la cabeza emocionada. Joel pidió una cerveza y, para su sorpresa, Maribel dijo:
—Y una para mí —al notar la mirada de Joel, dijo—: ¿Qué?
—No sabía que bebieras…
—Solo una o dos…
—Está bien. Bebe las que quieras.
—Hasta aquí llega el olor de la cocina —respiró y exhaló—, mmm, huele muy rico —dijo Maribel emocionada.
—Sí.
El mesero trajo las cervezas y bastante botana de mariscos. Los dos comenzaron a comer a gusto.
—Muy rico, muy rico —dijo Maribel.
Joel sostuvo su cerveza.
—Salud —esperó a que Maribel levantara su cerveza. Ambos chocaron levemente las botellas y bebieron.
El mesero por fin trajo los mariscos y más tostadas.
—¿Algo más que gusten?
—Así estamos bien, gracias.
Maribel agarró una tostada, le puso camarones y se lo llevó a la boca.
—Un poco de chile habanero, queda de maravilla —decía Joel mientras le ponía algunos ingredientes más a su ceviche.
Maribel dejó de masticar, colocó su mano izquierda y bajó levemente el rostro; lo hizo para que Joel no le viera los ojos.
—¿Quieres un poco de chile?
Maribel negó con la cabeza. Joel sostenía el traste del chile. Joel se dio cuenta que algo andaba mal con ella. Asentó el traste en la mesa y dijo:
—¿Ocurre algo?
Ella negó nuevamente con la cabeza. Tomó el tenedor y comenzó a jugar con los camarones. Maribel alzó la mirada y Joel notó lágrimas en sus ojos.
—¿Te mordiste? —dijo serio.
A Maribel le dio gracia ese comentario de cómo lo dijo Joel, no lo aguantó y soltó una ligera sonrisa. Joel le entregó una servilleta, luego la cambió inmediatamente y agregó:
—Está no, creo que lo mojé con el chile, llorarás…
—Tonto —dijo con la voz quebrada—, gracias.
—Si me dices por qué lloras, quizá podría hacerte sentir bien… Tú me dijiste que me divirtiera, que sonriera, ahora yo te lo digo a ti…
Ella soltó una leve carcajada.
—Lo sé —terminó de masticar lo que tenía en la boca—, lo siento. No es nada.
—No puedo comer si no me dices.
—No es nada, come…
—No —Joel le tomó la mano—, quiero saber, confía en mí.
Maribel seguía cubriéndose los ojos con la mano y con la cabeza baja.
—¿No sientes felicidad?
—Sabes que sí… solo que —hizo una pausa, sentía que su garganta se calentaba. Respiró y soltó el aire poco a poco—, mi papá siempre me compraba esto cuando salía del pueblo o cuando algún pescador iba al pueblo. Me lo preparaba, comíamos juntos con mi mamá. Hasta una vez me dio cerveza —sonrió y luego sus ojos se llenaron de lágrimas—, no lo he vuelto a comer desde que él… Perdón, soy una llorona, lo sé.
—No lo creo, tú eres más hermosa que ella…
Maribel entendió y se rio.
—Quita tu mano…
—No, no quiero que me veas llorar, parezco una niña pequeña…
—Toma —Joel le entregó otras servilletas.
—Gracias. Lamento que tengas que pasar por esto, sé que me tienes dicho que no te gusta que te señale la gente o que te mal miren y que te digan algo que no es…
—Hay excepciones —Joel apretó la mano de Maribel.
—Gracias. Me has hecho muy feliz —se secó los ojos, retiró su mano de Joel y pudo limpiarse bien. Soltó una sonrisa con lágrimas—, ahora me veo fea.
—Te ves hermosa —apresuró a decir. Joel la miró—, acercate, tiene algo tu mejilla…
—¿Qué?
—Ven, tú sola no podrás quitarlo.
Ella se acercó. Joel le dio un beso en sus labios. Ella no lo esperaba, ambas miradas chocaban, su confianza regresó y agradeció en silencio por tener a Joel a su lado. Luego él le dio un beso más en la frente.
—No tiene nada de malo llorar, alivia el alma. Y me parece muy lindo de tu parte que recuerdes a tus padres. Yo a veces hago lo mismo, como cuando doña Fátima prepara potaje, mechado o relleno negro.
Maribel no decía nada. Pronto Joel comenzó a comer. Ella hizo lo mismo. Cuando pudo hablar sin llorar dijo nuevamente:
—Gracias, Joel. Me has hecho feliz.
Maribel brevemente pensó que jamás de los jamases tuvo ni tendría una conexión tan intensa con Esteban, al menos no acerca de esa conversión que acababan de tener. Su mente le dijo: «Es normal, Joel no es un adolescente, ya es un señor mayor».
—Joel…
—¿Sí?
Ella se aclaró la garganta.
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Editado: 19.04.2026