❤️Continuamos❤️
A las 8:00 a.m., Juan llegaba con un café y una torta de carne asada. Se la entregó a Maribel.
—Bueno días.
—Buen día.
Juan aún seguía asombrado por la determinación de la chica: ojos rojos y con una voz suave, cansada.
Ella comió despacio y Juan se quedó en silencio.
9:30 a.m. el doctor entró al cuarto donde Joel.
—Buenos días, ¿cómo te sientes?
—Me siento bien…
—Excelente.
—¿Hay algo malo? —dijo Joel preocupado.
—Afortunadamente, todo está bien —revisaba los papeles en su tabla sujetapapeles—. No hay fracturas en el cuerpo ni en la cabeza, mucha suerte al no tener nada a pesar de haber recibido golpes con un fierro y después ser golpeado por un coche.
—Hugo —dijo serio—, ¿en verdad no tengo nada?
—Soy doctor y tu amigo, en verdad no tienes nada. Los estudios lo prueban… ¡¿Ya quieres irte?!
—Sí.
—Hoy mismo te puedes ir; si sientes algún dolor y mareos no te asustes, fueron golpes fuertes. Tendrás moretones. Compra estos medicamentos para el dolor y mareos. Y descansa en casa —le entregó la receta.
—Gracias.
—Estamos pendientes, nos vemos después —se marchó el doctor.
La enfermera notificó a Juan y a Maribel el alta de Joel; ambos fueron hacia donde él se encontraba. Maribel no entró a la habitación, nerviosa se quedó esperando en el pasillo, con el dedo índice en los labios. Pensó que, si ella hubiese estado en casa y en contacto con él, y no hubiese ido a la terminal, estaría desde hace mucho tiempo junto a Joel. No quería que algo malo le pasara, se decía en su mente que Joel no merecía tener esas heridas. Había hasta olvidado brevemente el rechazo de Joel cuando intentó tomarle la mano y sus palabras crueles.
—Hola, cuate…
—Hola —dijo Joel, adolorido.
—¿Todo bien?
—Sí, todo bien. No me pasó nada grave.
—Eso es bueno. ¿Cómo pasó? ¿El conductor estaba borracho?
—No, fue un descuido de mi parte… No quiero recordar lo de ayer, mejor vámonos.
—Está bien.
—Lleva al mecánico en la tienda Milagro, allí dejé el coche.
—Te llevo a casa y voy por él.
Joel puso cara de asombro al verla allí, creyó haberle dicho que se fuera, que no la quería ver. Ella evitaba la mirada de Joel, creía que si lo miraba sería de nuevo de rechazo y no estaba preparada para eso. Él se detuvo bruscamente, y hasta Juan sintió que estaba jalando algo pesado. Joel siguió caminando, pasando junto a ella sin decirle nada, sin mirarla.
Juan y Joel caminaron hasta la salida y, como niña pequeña que va detrás de una madre, Maribel caminó despacio. La enfermera alcanzó a Maribel, entregándole la bolsa de plástico donde estaba la ropa sucia.
Ya dentro de la camioneta, Joel dijo:
—Debiste decirle que se vaya…
—Le dije y no quiso. Prefirió quedarse.
Joel dejó al aire sus palabras; no se refería a que ella fuera a casa a descansar… Pensó que Juan no sabía nada y no tenía por qué saber el problema que ahora enfrentaba.
—¡Amigo, amigo! —dijo Juan, alegremente—. Fíjate, esa chica siente algo por ti. La vi deshecha, lloraba por ti, realmente la vi preocupada.
Joel no hizo caso.
«¿Llorar por mí? —pensó—, como no… ¡Lloró porque no pudo largarse con ese…! ¿Por qué vino? Creo que yo estaría mejor si se hubiese ido…».
Maribel pronto se subió en el asiento de atrás.
Al llegar a casa, Juan llevó a Joel a su habitación. Se despidió y le confirmó a Joel que iría por el coche. Cuando él se fue, Maribel dejó de chuparse el dedo y tomó la iniciativa de hablar con él. La palabra: «Lárgate», le retumbaba en la cabeza. Con valor abrió la puerta.
—Hola.
Joel no tenía intenciones de contestarle.
—¿Cómo estás? —hubo silencio. A Maribel se le quebró la voz—. Me preocupé cuando supe que estabas en el hospital, que… un coche te atropelló.
Pequeñas lágrimas se deslizaban en su mejilla.
Otro breve silencio.
—¿Por qué no me hablas? ¿Qué tienes? ¿Te pasa algo? —ella no ocultó su amargura, su tristeza por lo sucedido y el rechazo de Joel. Le dolía al recordar la palabra: «¡Lárgate!» Ella no contuvo más y soltó su llanto.
—Dime algo…
—Te lo dije ayer… —Joel miraba al otro lado sin que ambos pudieran verse la cara.
—¿Qué hice? Si me explicas, podría entender…
—No me hagas repetirlo. Cuando salgas, cierra la puerta.
Maribel cerró los ojos en llanto, lloraba con fuerza y no le importaba que Joel la viera, que la escuchara llorar como una niña pequeña.
—¿Por qué me tratas de esa manera? Tú no eres así… Dime qué hice mal…
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Editado: 09.05.2026