¡¡¡Próxima parte el Final!!!
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Ella se levantó desde muy temprano esperando escuchar a que aplaudiera el panadero, salió bostezando de la casa para comprar pan. Luego entró a la casa a preparar café, para ella y para Joel. Cantaba una canción suavemente:
«Si me dices que me quieres, dejo todo mi pasado.
Si me pides que me quede… yo sí lo haría sin pensarlo…
Pero no te atrevas a jugar conmigo,
eso si no sería divertido,
hace rato que me gustas demasiado,
yo quiero mantenerte a mi lado…
¡Quiero conocer tus miedos!
¡Para proteger tu cielo!
Mi corazón ya está temblando,
porque estoy de ti enamorado…»
Joel llegó hasta la cocina, vestido y con su maletín en mano. No quiso detenerse. Maribel se sintió avergonzada por lo que estaba cantando y sospechó que Joel la había escuchado.
—¿Te vas…?
Joel no respondió. Él continuó su camino. Abrió la puerta.
—¡Oye! —asentó con fuerza su tasa de café sobre la mesa.
Joel se detuvo cuando la escuchó gritar fuerte. Cuando ella logró hacer que Joel se inmovilizara, le dijo:
—Hice café, compré pan. Desayunemos… ¡madrugué para espiar al panadero! Además, no te has recuperado… ¿y te vas al trabajo?
—Sí…
Maribel no era lo que esperaba.
—Pensé que ya no estaríamos molestos…
Joel abrió un poco más la puerta.
—Espera… —Maribel se acercó en la puerta—, mírame —ella estaba seria con esa actitud valiente. Joel la miró, supo que no estaba vacilando.
«Hasta molesta se ve hermosa», pensó.
Maribel posó su mano en la puerta, seguía mirando a Joel a los ojos. Maribel empujó la puerta hasta que ambos escucharon el ruido de la puerta al cerrarse.
—Dime ¿qué fue lo que hice? —dijo bruscamente—, quiero saber por qué me estás tratando de esta manera, creí que te agradaba… aunque al inicio de este trato éramos unos desconocidos que compartíamos un lugar solitario, árido, logramos romper el hielo y vivimos momentos… —ella dio una pausa y dijo con voz blanda—, bonitos. El ambiente en esta casa cambió, antes se sentía muy sola, muy triste, solitaria y ahora… ahora no.
Ocultó su verdad a través de esas palabras. Realmente ella se sintió sola, triste y solitaria.
Joel miro sus labios, miró sus ojos.
—¿Quieres la verdad?
—Es lo que he querido —dijo enseguida.
—Bien —dijo decidido.
Joel caminó hacia el sillón. Se sentó y le pidió a ella que hiciera lo mismo, señalando el sillón pequeño de su lado derecho. Él se giró un poco el cuerpo hacia la derecha para que pudiera verla a la cara. Ella se sentó y ahora ambos estaban frente a frente.
—Estaba de regreso a casa —Joel entrelazó los dedos de ambas manos—. Salí de la tienda y apareció tu novio —dijo Joel para ver su reacción.
—No es mi novio… —dijo susurrando.
—Discutimos… de nuevo quería buscar problemas… por lo de la otra vez… y por ti. No le hice caso, al ver mi actitud sacó su celular y me mostró un mensaje tuyo… él planeaba una huida y tú se la habías pedido —hizo una pausa, observaba a Maribel, ella había bajado la mirada y después la levantó—. No quise tomarle importancia, luego buscó otra foto y allí estabas… en la terminal parada, con tu mochila y con la misma ropa que tenías ayer... Me dijo que lo estabas esperando para largarte quien sabe dónde... Al ver el mensaje, la foto yo… perdí la cordura y me dirigía a casa… Él me atacó con un tubo metálico, luego un coche... Desperté en el hospital. El doctor Hugo es un cliente de la oficina, él llamó a Juan.
Maribel prestó atención mientras Joel hablaba, había olvidado que alguna vez le pidió a Esteban un plan para huir con él. Se quitó el dedo de la boca, ahora estaba serena, su voz ya no era el de hace un momento, fuerte.
—Es cierto lo del plan, pero fue cuando no andaban bien las cosas. Me sentía vacía, sola, confundida… yo lo amaba… fue mi novio casi cuatro años y lo seguía siendo incluso cuando nos casamos por… una promesa. Me lo encontré el día que fuimos al cine…
—Con razón… ahora lo entiendo…
—¿Qué? —dijo intrigada.
—Sí, ese día regresé con las hamburguesas. Quise tomarte de la mano y me ignoraste. Me vi como un pendejo…
Maribel no dijo nada. Miró hacia abajo.
—Cuando lo volví a ver, me sentí feliz, sentí que reviví. Lo amaba, ¿puedes entenderlo?
Joel pensó por unos segundos lo que diría.
—Sí, cuando uno está enamorado hace tonterías. Nos cegamos. La mayoría de las veces cometemos errores, pero creo eso pasa cuando somos adolescentes…
—Sí… él no contestó a mi mensaje. Pasaron los días y me di cuenta que no era justo que te haga mal si has sido bueno conmigo. No lo he perdonado por lo que te hizo en navidad, a ti te lastimó, a mí me lastimó… lo digo por la bofetada y a —asentó su mano sobre su pecho izquierdo y dio palmaditas—, mi corazón. Entendí que nunca cambiará. Mis amigas me lo dijeron muchas veces —ocultaba su vergüenza mirando abajo o a los lados—, hasta mi madre lo decía sin saber que él era mi novio, yo estuve ciega, una ¡estúpida! Le creía todo lo que me dijera… —dio una pausa y tragó saliva—. Joel, lastimarte es lo único que no quiero hacerte, pero al parecer lo hago.
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Editado: 09.05.2026