Capítulo 22— La muerte nunca le llegó a ella.
Se ducharon juntos, hicieron el amor, se secaron e inevitablemente, volvieron a hacer el amor. Luego se vistieron. Rachel se puso un vestido negro clásico, largo con tirantes finos.
— Mira cómo se nota mi barriga —dijo riendo, y Dante rápidamente se arrodilló y acercó los labios a la ya abultada barriga. Tal vez, pensó, conteniendo la respiración mientras lo miraba, tal vez lo que tenía que decirle saldría bien. Se puso de pie y le tomó la mano.
— Eres tan hermosa —dijo en voz baja.
Ella sonrió y lo miró con su chaqueta blanca y sus pantalones negros.
— Y tú también.
Él rió, incluso se sonrojó.
— Los hombres no pueden ser hermosos.
Él estaba equivocado. Su Dante era hermoso. En el rostro y cuerpo. En corazón y alma. Y sí, entendería sin duda alguna su último secreto. Él tenía que entenderlo.
Dante la condujo por las amplias escaleras de mármol, a través de la parte más antigua de la mansión hasta una terraza con columnas en un jardín que daba al mar.
La mesa estaba iluminada por velas altas en soportes de plata. Flores, orquídeas blancas, rosas carmesíes, tulipanes rosa pálido, desbordaban desde una magnífica urna. El champán se enfriaba en un cubo de plata y una luna de marfil gorda navegó sobre el Mediterráneo...
Y de pie junto a la mesa, sonriendo, luciendo aún más impresionante que en el pasado…estaba su hermanastra, Allison. Rachel gritó en estado de shock. Dante dijo una sola palabra brusca. Y la sonrisa de Allison se hizo más brillante.
— ¿Nadie va a saludarme?
— Señor —dijo Mateo, de pie cerca de Allison, casi se retorcía las manos. —No pude mantener fuera a la dama, señor. Prácticamente se apresuró a entrar en la mansión, en el momento en que abrí la puerta. Lo siento. Lo siento mucho.
Dante despidió a su criado con un breve asentimiento. Su mano se apretó sobre la de Rachel, pero después de un par de segundos sorprendidos, ella se soltó de su agarre y corrió hacia su hermanastra.
— ¡Oh, Dios mío, ¡Allison! ¡Allison, estás viva! —dijo Rachel.
— Y tan brillante como siempre, mi querida hermanita. Eso, al menos, no ha cambiado.
Rachel se acercó para abrazarla, pero Allison se hizo a un lado; sus ojos estaban clavados en su amante, en el padre de su hijo. En Dante.
— Y tú, querido—dijo ella—, siempre fuiste un trabajador eficientemente rápido. Veo que no perdiste el tiempo reemplazándome.
— Obviamente —respondió Dante, con voz fría. —No moriste en ese accidente de coche.
Allison se rió.
— Obviamente no, querido.
— ¿Qué fue lo que te ocurrió? ¿Padeciste de amnesia? —Preguntó Rachel. —Debes de haberte pasado eso, de lo contrario...
— La gente tiene amnesia solo en las telenovelas, Rachel—contestó, secamente Allison. —No en la vida real. Salí por un acantilado hacia Long Island. Todos pensaron que me había ahogado. Por suerte siempre fui una buena nadadora, debo confesar que eso me salvó de acabar como…
— Te declararon muerta—dijo Dante con esa misma voz gélida. —¿Dónde has estado durante todo este tiempo?
— Bueno, como puedes ver, no lo estaba. Llegué a la costa a un par de kilómetros de distancia. El tío de Andy me ayudó. Él trabaja con el gobierno y, con la ayuda del mejor cirujano que pudo facilitarme, quien, debo decir, fue muy discreto, manteniendo la historia fuera de los periódicos. —Se llevó una mano a su rostro. —Hizo un trabajo excepcional. Tuve algunos cortes bastante profundos, pero con varias sesiones de cirugía plástica, ahora estoy curada y preparada para afrontar nuestra nueva vida juntos. —Ladeó la cabeza para captar la luz de las velas. — ¿Qué piensas, Dante querido? ¿Cómo nueva o mejor?
— ¿Cómo te atreves a tener el descaro de venir a mi casa, después de todo, tú… después de tu pequeño sucio juego? ¿Qué es lo que quieres con Allison? —Dante escupió las palabras fríamente.
— ¿Qué quiero? —La sonrisa de Allison se endureció mientras se movía lentamente por la terraza hasta donde él estaba. —Lo único que quiero y deseo es recuperar mi vida, por supuesto. —Allison se detuvo frente a él y le puso una mano en el pecho. —Te quiero a ti, cariño. Un anillo de boda. Y ese pequeño bulto delicioso que vi en el vientre de mi querida hermana, tan pronto como Dante la tomó de la muñeca y le llevó la mano al costado.
— Lamento decepcionarte, pero no vas a conseguir ninguna de esas cosas. —Dante pasó junto a ella y rodeó con el brazo a Rachel, que estaba temblando. —Rachel y yo nos vamos a casar, y no tienes nada que ver con esto, nada te une a nosotros en absoluto.
— Ah. Estás enojado por Andy. No tienes por qué preocuparte. Él no significó nada; solo fue un pequeño entretenimiento. Estaba un poco molesta contigo… Eres el único al que amé, Dante.
— Nunca has amado a nadie en tu vida que no fueras tú. —Le espetó él con frialdad.
Los ojos de Allison se entrecerraron. Algo pasaba aquí. Las cosas no estaban saliendo como ella esperaba, pensó.
— ¿Es que no lo entiendes, Dante? Volví. Estoy viva. Ahora podremos empezar; lo tenemos todo. ¿No lo ves? —Dijo mirando hacia la barriga de Rachel. —Cariño, cualquier pequeña trampa que mi querida hermana te haya lanzado no tiene sentido ahora. Estoy aquí y he vuelto para quedarme.
Rachel se puso rígida.
—Yo no he ido por la vida poniendo trampas, Allison. —Nunca lo hice.
— Déjalo, cara. No hay necesidad de explicarlo. Nunca tuvimos una conversación al respecto y mucho menos sobre casarme con Allison.
— ¡Ciertamente lo hicimos! —dijo ella.
— No lo hicimos, y lo sabes muy bien. Tú tenías planes, Allison, la primera vez que me dijiste que estabas embarazada. —La voz de Dante se volvió aún más gélida. —Fue una mentira.
— No lo fue. Mi doctor...
— Hablé con tu médico. Nunca estuviste embarazada. Y definitivamente, tú y yo nunca tuvimos una conversación sobre inseminación artificial.