La rosa del criminal

capítulo - 6

Siendo un poco sensible, Rose empezó a llorar de rabia y miedo mirando a Michael, el cual se alejaba de ella. Corrió en dirección contraria para llegar a su casa. Su comportamiento la enfadó mucho pero sus palabras la hicieron sentir un poco triste. Llegó a su casa con rabia y tiró su bolsa en la cama.

 

Se sentó en colchón y se sostuvo la cabeza. Se miró las manos recordando el fuerte agarre de él y empezó a frotarse las manos suavemente mientras las lágrimas seguían surcando sus mejillas.

 

Luego se lavó la cara y empezó a hacer quehaceres para distraer su mente, escuchó que alguien golpeaba su puerta  con rabia. Pensó que era Michael, pero cuando vio a Sam frente a ella, se quedó horrorizada.

 

Sam empujó a Rose dentro de la habitación y cerró la puerta con rabia. La miró con tanta severidad que la hizo tragar grueso.

 

—S-Sam…

 

—¿Cómo te atreves, Rose? —Sam dio un paso hacia ella con enfado lo que la hizo retroceder. —¿Quién demonios era?

 

—¿Quién? —preguntó Rose entrecerrando las cejas.

 

—El que golpeó a mi padre. ¿Es tu novio? ¿Te está jodiendo? —Gritó.

 

—¡Sam! —alzó la voz enfadada. —Vete de aquí. No te debo ninguna explicación.

 

Sam sujetó la mano de Rose y la retorció hacia atrás haciéndola sisear de dolor.

 

—No me retes o acabarás mal. Dime, ¿quién demonios es él? —Sam empezó a retorcerle más la mano con saña.

 

—Voy a llamar a la policía si no te vas ahora—. Amenazó tratando de aguantar el dolor.

 

—¿Ah sí? Pobre Rose. Antes de que intentes siquiera algo, yo te habría hecho de todo. Ahora dime, ¿es tu novio? — se aferró más a su mano, y aunque ella se quejaba del dolor, a él no le importó. —habla de una puta vez.

 

—No, él no es mi novio. Es un amigo —confesó.

 

Sam aflojó el agarre al escucharla, y luego apretó con más fuerza.

 

—No mientas. Nunca lo había visto.

 

—¡Argh! Sam, déjame —refutó. Sin embargo él seguía clavando sus uñas en ella. —Nos conocimos hace poco y nos hicimos amigos. Es la verdad.

 

Sam la dejó al escuchar sus palabras. Rose lo miró enojada apretando los dientes.

 

—Lo que sea que haya pasado, no fue mi culpa ni la de Michael. El comportamiento de tu padre le hizo enfadar y por eso le pegó.

 

—¡Oh! Así que se llama Michael. Creo que debería ocuparme de ese tipo —manifestó con una sonrisa. —Y a ti, te doy dos semanas de tiempo. O dices que sí a mi propuesta o te olvidas de Robin.

 

Luego comenzó a alejarse.

 

—No, no le hagas nada a Michael. Sam, Sam…

 

Sam se había perdido por la puerta de salida ignorando sus reclamos.

 

Rose empezó a temer por Michael pensando en las palabras de Sam. Temía que Sam pudiera hacerle algo a Michael, aunque agradecia que solo sabía su nombre y con suerte nunca averiguaría Michael. Se tragó la angustia al recordar lo ocurrido.

 

Se apresuró a sacar el teléfono móvil y llamó a Michael, pero él no contestó a sus llamadas. Como era de noche, pensó que estaría durmiendo, Aunque cabía la posibilidad de que la estuviera evitando porque seguía enfadado con ella. Dejó la mente en blanco e intentó dormir.

 

A la mañana siguiente insistió en volver a llamarlo, pero tampoco tuvo respuesta. Rose empezó a sentirse culpable pensando que le habían hecho daño.

 

Después de prepararse, llegó a la casa de Michael con facilidad ya que recordaba que el había dicho una vez la direccion de su casa. Notó que la puerta principal estaba abierta y se asomó para ver el interior. Luego tocó el timbre pero no obtuvo respuesta.

 

—¡Michael! —vociferó todavía de pie fuera.

 

Entró mirando a su alrededor. Su ceño se frunció al ver las cosas dispersas por el suelo.

 

—¡Michael! —Empujó la puerta de la habitación con la esperanza de que estuviera dentro, pero no estaba.

 

Se percató del desorden de la habitación y se preguntó si algún humano vivía realmente allí. Vio las botellas de cerveza vaciadas, las hojas de dibujo arrugadas y muchas cosas en el suelo, así como en su cama. Sus ojos se abrieron de par en par cuando vio un boceto de rizos marrones en la hoja de dibujo. Como el cuadro sólo contenía la parte del pelo y un pequeño contorno de una cara, no pudo darse cuenta de que se trataba de su rostro, aunque no quitaba que reconociera que  Michael era todo un artista.

 

Entonces se fijó en otros cuadros colgados en la pared. Resopló y se dio la vuelta para salir, pero dejó de moverse cuando su mirada se posó en el pequeño jardín interior. Al mirarlo, sus labios se curvaron con una sonrisa porque era una chica a la que le encantaba la jardinería y tenía muchas plantas de interior en su casa.

 

Aunque sus pies se movían hacia la salida, su corazón la arrastraba hacia el jardín. Su mirada se agrandó al ver su rosa, la cual había dejado la noche que conoció a Michael. No se dio cuenta de que era su planta y la son poder evitar una sonrisa.

 

Mientras admiraba la rosa, el fuerte golpe de viento hizo que la puerta de la habitación se cerrara de un portazo. Se estremeció al escuchar el sonido y corrió hacia ella. Intentó abrir la puerta, pero la fuerza contraria del viento lo hizo un poco difícil. De repente la puerta fue empujada desde fuera por Michael y ella perdió el equilibrio, Michael la sujetó por la cintura evitando una caída segura, la observó anonadado.

 

—¿Rose?

 

Su cuerpo sin camiseta le permitió a Rose ver sus perfectos abdominales, sus músculos bien tonificados y sus tatuajes. También notó unas cuantas cicatrices, arañazos en su cuerpo que la hicieron tragar miedo al pensar que Sam podría haberle hecho algo la noche anterior. Se enderezó inmediatamente.

 

—¿Qué son estas cicatrices? ¡Oh, Dios mío! Tú también tienes una cicatriz en la frente —dijo, a la vez que tocó la cicatriz y los labios de Michael se separaron un poco con su tacto.




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