La rosa del criminal

capítulo - 7

Rose estaba en su casa hablando con Michael por teléfono. Sus palabras la ponían furiosa y estaba descargando su ira contra los utensilios de la cocina.

 

—¿Entiendes que estás hablando de Robin? ¿De mi hermano? —esclareció con enfado.

 

—Oh Rose, estoy hablando de los chicos desaparecidos cuando eran pequeños.

 

—¿Y crees que Robin será miembro de alguna banda criminal? No lo creo —se ofendió chillando desquiciada. No escuchó ninguna respuesta de Michael después de sus palabras. —¿Michael? ¿Estás ahí?

 

Rose se decepcionó cuando notó que Michael cortó la llamada. Puso el móvil sobre la encimera y luego se sujetó la cara entre las palmas de las manos frustrada.

 

No podía creer que Michael le hubiera dicho que Robin podría ser un criminal. Era realmente difícil para ella procesarlo aunque fuera un simple pensamiento.

 

Se dirigió a la sala de estar y se sentó en el sofá para reflexionar sobre las palabras de Michael. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó que alguien tocaba el timbre de la puerta. Temió que se tratara de. Siguió mirando a la puerta aunque los golpes eran continuos.

 

—Abre la maldita puerta, Rose —se relajó al reconocer la voz de Michael.

 

En cuanto abrió la puerta, Michael la sujetó de las manos empujándola contra la pared. Rose se sorprendió con su reacción.

 

—¡Maldita sea! ¿Por qué no me escuchas? Aprende a prestar atención cuando alguien te dice algo.

 

Los ojos de Rose se abrieron de par en par mirándolo y su ira la hizo temer. Le sujetó las manos con un fuerte apretón que la hizo sisear de dolor. Michael se dio cuenta de que la estaba lastimando y dejó sus manos dando un paso atrás.

 

—¡Rose! —a llamó, pero ella no lo miró.

 

Mantenía su mirada en el suelo mientras tragaba todas sus emociones.

 

Michael reposó ambas manos sobre los hombros de ella.

 

—¡Rose! Vamos a sentarnos y a hablar—. Luego la arrastró hacia el sofá y la hizo sentarse. Dejó escapar un suspiro sacudiendo la cabeza. —Lo siento mucho. No quise hacer eso, pero…

 

—Pero te hice enojar y por eso hiciste eso—. Contestó Rose resoplando.

 

Los labios de Michael se curvaron con una pequeña sonrisa al sentir toda aquella ternura que ella destilaba.

 

—Sí, me hiciste enfadar. Pero está bien, te perdono.

 

Rose asintió digiriendo sus palabras.

 

—Yo también te perdono.

 

Su inocencia y su ternura lo estaban volviendo loco y ya no podía controlar su sonrisa.

 

—Ahora vuelvo. —se excusó dirigiéndose a la cocina para terminar lo que estaba cocinando.

 

Michael se llevó las manos a la cabeza dejando escapar un suspiro.

 

—¡Maldita sea Rose! ¿Qué me estás haciendo? —murmuró para sí mismo.

 

Rose apareció con dos tazas de café, saborearon el café guardado silencio, a la vez que suspiraron.

 

—Rose, escuchame sin interrumpirme, ¿vale? —asintió a su petición para que se pudiera explicar. —Verás, hay muchas opciones sobre su paradero, entre ellas, la principal es que alguien lo haya adoptado. Ya tengo a alguien que se ocupa de esa posibilidad, ¿de acuerdo?.

 

—De acuerdo.

 

—Bien, Robin se escapó después de intentar matar a tu tío. Sabía que ese viejo bastardo y su familia lo castigarían si se quedaba cerca,  lo llevaría a largarse lejos. Lo que me lleva a pensar  que podría haber conocido a algunas personas de la calle… ya sabes; pandillas callejeras, y podría haber decidido quedarse con ellos. Créeme que he conocido a muchos chicos así. Pero es sólo una posibilidad, Rose. Nada de esto es seguro.

 

La cara de Rose se puso pálida al escucharlo.

 

—No podemos decir qué pasó con él o qué está haciendo ahora. Podría haber sido adoptado por alguien o podría haber abandonado la ciudad. Podría haberse convertido en un ladrón, un criminal u otra cosa.

 

Rose movió la cabeza negativamente.

 

—No tiene por qué estar delinquiendo, no me lo puedo imaginar de esa manera.

 

Michael se quedó callado al escucharla. Se sintió triste al saber que ella no podía visualizar a su hermano, como un tipo como él.

 

—¡Rose! ¿Dejarás de amarlo por el camino que haya decidido tomar?

 

—¿Qué?, claro que no. ¿Cómo puedes preguntar eso, Michael? Yo le quiero. Eso es todo lo que me importa. No me importa lo que esté haciendo. El amor siento por él es incondicional y nada podrá cambiar eso.

 

Michael asintió complacido por escucharla.

 

—Michael, ¿y tú? Nunca me hablas sobre ti.

 

—¿Sobre mí? —Michael se aclaró la garganta frotándose la cara con las palmas de las manos. —¿Qué puedo decir, Rose? No tuve familia excepto mi madre y ella también murió cuando yo tenía trece años… No hay más. No sé ni qué contar sobre mi infancia—. Dejó escapar una risa nerviosa. —Recuerdo que cuando solía tener mucha hambre y no había nadie que me ayudara. En ese momento, conocí a Marcos. Es unos años mayor que yo. Está metido en algunas actividades delictivas y empecé a juntarme con él. Ganamos mucho involucrándonos en esas cosas, pero ahora dedicó mi tiempo a las carreras, es lo que más me gusta.

 

Guardó silencio, pero ella no se pronunció, a lo que tuvo que añadir:

 

—Sé lo que se siente al estar solo. Lo he experimentado.

 

Rose tomó la mano de Michael como un gesto de consuelo, lo que hizo que sus pensamientos se desvanecieran.

 

—Conozco a mucha gente, Rose. Incluso Marcos nos ayudará. Lo encontraremos pronto.

 

—Confío en ti, Michael. Siento haberte gritado. Estoy muy estresado últimamente y…

 

—Relájate. Lo entiendo—.  Michael se levantó de allí ajustándose bien las mangas. —Tengo que irme.

 

Antes de salir, se dirigió a Rose una vez mas.




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