La rosa del criminal

capítulo - 11

Rose trató de impedir que se fuera, pero Michael abandonó el lugar enfadado. No era su intención hacerle daño, pero lo hizo sin saberlo. Intentó llamarlo pero él no quiso atender su llamada, lo que la dejó desanimada. Con el corazón deprimido.

 

Llegó a su casa y se dio una ducha caliente para relajar su tensión. No dejaba de mirar su teléfono móvil esperando la llamada de Michael, pero se desanimó al no recibir ninguna .

 

Era de noche y seguía esperando su llamada. Decidió guardar el móvil y seguir con su trabajo, pero el sentimiento de culpa por haberle hecho daño la inquietaba. Se convenció a sí misma de dejar el móvil a un lado después de escribirle un mensaje.

 

Rose: Michael, sé que estás enfadado conmigo. Lo siento mucho, no debería haber dicho eso. Soy tan estúpida y tú lo sabes, ¿verdad? Por favor, perdóname como siempre haces.

 

Rose envió el mensaje con un emoji sonriente adjunto al texto.

 

Michael, que estaba frustrado por todo lo ocurrido desde la mañana, seguía fumando para aliviar su estrés. Estaba ignorando deliberadamente las llamadas de Rose, ya que estaba muy dolido con sus palabras y decidió seguir enfadado con ella al menos durante un día. Notó un mensaje de Rose y trató de no abrirlo, pero la curiosidad le pudo.

 

—Sí, lo eres, eres muy estúpida —murmuró.

 

Trató de mantener la seriedad pero en un momento, sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa mientras miraba su mensaje. No solo su cara, todo lo de ella lo estaba volviendo loco y ni siquiera podía controlar sus pensamientos.

 

Michael: Te perdono.

 

En cuanto Rose recibió la respuesta, su rostro se iluminó. Dio las gracias a Dios por hacer que Michael recuperara la compostura.

 

Rose: Gracias, Michael. ¿No estás enfadado conmigo ahora?

 

Michael: Quiero estar enfadado, Rose. Pero me has hecho sonreír.

 

Rose sonrió al ver su mensaje. Se sentía muy afortunada de tener una persona como él en su vida.

 

Rose: Pero te hice enojar.

 

Michael: Tu mensaje es suficiente, Rose. ¿Te vas a dormir?

 

Rose: aún no.

 

Después de su mensaje, ella no recibió respuesta de él. Siguió esperando su mensaje preguntándose por qué no le respondía. Era la primera vez que esperaba la respuesta de un chico y le parecía increíble.

 

No dejaba de golpear la pantalla de su móvil esperando su respuesta. Hacía minutos que había enviado su mensaje pero no había recibido respuesta.

 

Cuando estaba a punto de dejar el móvil a un lado, oyó que llamaban a la puerta y entrecerró las.

 

—¿Michael?

 

Abrió la puerta esperando a Michael pero al ver a Sam frente a ella, se aterró.

 

Intentó cerrar la puerta pero Sam la empujó con tanta fuerza, que Rose tambaleó.

 

—¡Sam! Vete.

 

—Siempre el mismo drama. En vez de dar la bienvenida, dices ‘Vete’ —espetó avanzando en su dirección. —Debería enseñarte modales, querida Rose.

 

Rose trató de mantener una expresión de enojo mientras reprimía el miedo que la hacía flaquear.

 

—¿Qué quieres ahora? —le gritó.

 

—Ya sabes lo que quiero. Dime si es un sí o un no —reclamó él.

 

—Es un no. No haré nada de lo que dices.

 

—¿Entonces no quieres a Robin?

 

Rose apretó la palma de la mano con rabia.

 

—Quiero a mi hermano. Pero no me entregaré a ti. De una forma u otra encontraré a Robin y no necesito tu ayuda. Ahora lárgate y no vuelvas asomar tus narices por aquí.

 

Sam se sorprendió un poco al escuchar la confianza en sus palabras. Aunque ella siempre le gritaba, nunca la sintió tan segura. Arrugó la frente y tomó la mano de Rose con fuerza.

 

—¿Cuál es la razón detrás de tu estúpido tono de confianza?

 

—¡Sam! Déjame —Rose intentó zafarse de su agarre.

 

—Contéstame —reclamó haciéndola estremecer.

 

Rose guardó silencio y trató de liberarse de su agarre. De repente, Sam se acordó del tipo que golpeó a su padre. Entonces se dio cuenta de que debía ser él quien había estado apoyando a Rose.

 

Sam dejó la mano de Rose dejando escapar una risa perversa.

 

—¡Oh, sí! Ahora lo recuerdo. Dijiste que eras amiga de un tipo. ¿Cómo se llama?— Sam se golpeó la barbilla con el dedo dramáticamente. —¿Matt?, no lo recuerdo.

 

Rose seguía mirándolo asustada. Temía que algo malo pudiera ocurrirle.

 

—La última vez, no me tomé este asunto en serio. Supongo que esta vez debería tenerlo en cuenta.

 

Rose movió la cabeza como si fuera una negativa y comenzó a balbucear suplicando.

 

—No, no, Sam. No hagas nada. No tiene nada que ver con esto así que aléjate de él.

 

—¿Eh? ¿Qué estoy viendo en tus ojos? ¿Te importa? —levantó las cejas y volvió a cogerle la mano apretando los dientes — ¿ Es amor?

 

—¡Sam! Te lo advierto, al final te voy a denunciar.

 

Ignorando sus palabras, Sam le retorció la mano hacia la espalda.

 

—¿Cómo se llama?

 

Rose cerró los ojos cuando él siguió retorciendo su mano. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas por el dolor que le estaba infligiendo.

 

—Te lo estoy preguntando, Rose. ¿Cómo diablos se llama?

 

—¿Por qué crees que te voy a decir? —le gritó con rabia.

 

Sam se inclinó hacia ella para acorralar.

 

—¡Oh, dulce Rose! No levantes la voz, de lo contrario las consecuencias serás muy graves. Ahora sé una buena chica y dime su nombre.

 

Con la mayor dificultad, Rose se liberó de su agarre y lo empujó hacia atrás con todas sus fuerzas.

 

—Rose… cede. Sabes que no te dejaré hasta conseguir lo que quiero. Me conoces desde que éramos pequeños —gritó dando un paso adelante.

 

Atemorizada, Rose empezó a lanzar todo lo que tenía a mano. Dentro del caos de su cabeza, acabó tirándole la lámpara haciendo que impacte con él.




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