La rosa del criminal

capítulo - 14

Después de una hora de viaje, Michael y Rose llegaron a un lugar oscuro, desconocido para ella. Sin salir del coche, Rose intentaba averiguar el lugar en el que se encontraba.

 

—¿Dónde estamos? —indagó.

 

Michael se bajó del coche y le abrió la puerta a Rose.

 

—Ven conmigo —pidió ofreciéndole la mano.

 

Aunque sintió miedo, su confianza en Michael dejó de lado sus pensamientos y salió del coche cogida de su mano. Una brisa fresca golpeó su piel tan pronto como salió. Cuando estuvo fuera tampoco reconoció el lugar.

 

Tras un pequeño paseo, llegaron al lugar desde donde se veía toda la ciudad. Alzó la mirada admirando el cielo estrellado, y parecía que las estrellas parpadeaban a una mínima distancia de ella. 

 

Los labios de Rose se curvaron en una pequeña sonrisa mirando la vista frente a ella.

 

—¿Así que este es el lugar que querías mostrarme?

 

Michael giró la cabeza hacia su lado.

 

—Sí. ¿No te gusta?

 

—Por supuesto que me gusta. Es precioso —Contestó ella.

 

Entonces Michael se sentó en el suelo sacando su pitillera del bolsillo. Rose se sentó a su lado frotándose las manos para entrar en calor. Michael le ofreció un cigarrillo, a lo que ella reaccionó con desagrado.

 

—De acuerdo… —puso los ojos en blanco. —¿Yo puedo fumar?

 

—Sabes que lo odio… pero está bien —ella sonrió.

 

Michael resopló a su respuesta.

 

—Tu eres la que siempre cede por mí, déjame hacerlo por ti ahora —puso la pitillera dentro de su bolsillo, decidido a no fumar.

 

Rose sonrió al escucharlo y ambos se quedaron callados mirando las vistas.

 

—Parece un lugar hecho para mí, es tan agradable y tranquilo —murmuró.

 

—Suelo venir aquí con un par de cerveza.

 

Rose le dio un codazo.

 

—Me has traído al lugar donde te emborrachas.

 

—Vamos, sea lo que sea, te encanta, ¿verdad? Eso es lo único que me importa —Dijo sonriendo.

 

Rose asintió con la cabeza sonriendo.

 

—¿Has venido hasta aquí solo para beber?

 

—No solo para beber. Me encanta este lugar. Pienso en las cosas mientras bebo.

 

—Michael, estás diciendo que bebes en esta zona abierta sin temer por nada. Como, ¿en serio? ¿Qué pasa si la policía viene aquí? ¿O pasa algo?

 

—Rose… ¿por qué siempre piensas en el futuro? ¿O vives en el pasado? Piensa en el presente. Disfruta este hermoso momento.

 

Ella se quedó callada después de escucharle. A la luz de la luna, con la brisa meciendo sus rizos, los cuales caían a sus costados, fluyendo como un oleaje,   se sentía hipnotizante para Michael.

 

Sus mejillas rosadas, sus labios besables y su rostro resplandeciente lo volvían loco y anhelaba besarla con fuerza.

 

Acercó su cara a la de ella cuando estuvo a punto de perder el control, pero cuando ella ladeó el rostro evadiendo el beso. No le quedó de otra que respirar profundamente y cerrando los ojos, maldiciéndose por su comportamiento.

 

—¿Michael? ¿Qué ha pasado? —Preguntó ella entrecerrando las cejas.

 

Michael dejó escapar un suspiro evitando mirarla.

 

—¡Argh! Me estás obligando a hacer las cosas, Rose —murmuró.

 

—¿Qué? ¿Estás bien? —Preguntó ella al no oírle con claridad.

 

—Nada. Estoy bien. ¿Qué me va a pasar?— se burló Michael.

 

Michael comenzó a controlar sus pensamientos, unos qué tal vez la escandalizarían y decidió no hacer nada que fuera más allá del límite que ella estaba poniendo. Ambos se mantuvieron en silencio durante un rato.

 

—Rose, ¿qué pasará si encuentras a Robin?

 

Su pregunta hizo que su rostro se iluminara y sonriera al mismo tiempo.

 

—Lloraré, lloraré de felicidad. Entonces me lo llevaré a casa y a partir de entonces viviremos felices. Sólo Robin y yo.

 

—¿Y ya está? —Preguntó mirándola.

 

—¿Qué hay después?

 

—Hay mucho, Rose. Robin encontrará una novia, empezarán a salir… Formará su propia familia. ¿Y tú?

 

La sonrisa de Rose se desvaneció al escucharlo. No tuvo palabras para responder a su pregunta y se quedó callada durante un instante.

 

—¿Qué quieres decir con su familia? Yo soy su familia.

 

—Sí lo eres, Rose. Lo que quiero decir es que Robin tendrá su propia vida… —Dejó escapar un suspiro irritado al ver que no lograba transmitirle sus sentimientos de forma indirecta. —Al diablo con esto. ¿No quieres a alguien en tu vida que esté siempre contigo? ¿Solo contigo? —recalcó las palabras. —Solo tú y esa persona…

 

—¿Quién estará solo conmigo, Michael? ¿Quién más? —Cuando Michael estaba a punto de decir. —Él lo hará. Creo que nadie más lo haría —finalizó. —He dejado de confiar en la gente.

 

Michael puso los ojos en blanco.

 

—Vaya, Michael estás acabado —murmuró.

 

—No quiero centrarme en esas cosas, Michael. Es muy difícil creer en alguien. Solo quiero a Robin y la pequeña esperanza de encontrarlo es lo único que me hace avanzar —añadió ella.

 

Michael se enderezó cuando comprendió que ella no lo aceptaría fácilmente. Sabía que ella era dura, pero nunca pensó que sonaría tan arisca. Puso las manos en las caderas dejando escapar un suspiro frustrado mientras miraba al cielo.

 

Confundida con su reacción, Rose también se enderezó.

 

—¿Michael?

 

Él no respondió nada y siguió paseando de un lado a otro. Ella puso su palma en el hombro de Michael.

 

—¿Michael?

 

—Rose, no puedes odiar a todo el mundo por las cosas que te hicieron en el pasado.

 

—Vale Michael, relájate. No creí que mis palabras te fueran a enfadar.

 

—No me enfadan, Rose… —espetó con brusquedad.

 




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