La rosa del criminal

capítulo - 22

Miró el retrato de Rose, el cual se encontraba perfectamente enmarcado, los labios de Michael se curvaron en una brillante sonrisa. Abrazó el marco contra su pecho.

 

—Si me rechazas, voy a matar a Luther y a Marcos —murmuró para sí mismo.

 

Finalmente, Michael decidió proponerle matrimonio, ya que quería salir de duda ante lo que ella sentía por él. Tarde o temprano le propondría matrimonio, así que decidió revelar sus sentimientos antes de que fuera demasiado tarde.

 

Se puso delante del espejo, preparándose. Llevaba un traje a medida proporcionándole un aire más distinguido, sin embargo no era de su agrado ese tipo de vestimenta.

 

—¡Ah! Este maldito traje. Las cosas que estoy haciendo por ti, Rose.

 

Luego se frotó las palmas de las manos, dejando escapar un suspiro. Se sentó en la cama, respirando profundamente y relajándose. Era la primera vez que le propondría matrimonio a una chica, y estaba realmente asustado imaginándose como saldría huyendo. 

 

La sensación del primer amor le asustaba, pero al mismo tiempo le excitaba. Empezaron a desbordarse muchas emociones que le aterrorizaban.

 

—Joder —murmuró agarrándose la cabeza.

 

Luego observó la imagen del cuadro.

 

—Me das más miedo que el diablo —murmuró.

 

Después de apaciguarse durante unos minutos, cogió su móvil y llamó a Rose.

 

—¡Hola! ¿Estás lista? —Preguntó mirando el reloj de pared. Según lo planeado ya era hora de irse.

 

—Sí. Al menos dime a dónde vamos —insistió mientras se aplicaba el delineador. 

 

—Voy a tu casa—. Con eso cortó la llamada.

 

Acomodando su atuendo por última vez, comenzó a avanzar con el cuadro. Antes de alejarse, miró a la florecida Rose, y la observó con ternura a la vez que suplicó con la mirada.

 

—Por favor, acéptame.

 

Luego salió y se subió al coche de Marcos, el cual le había prestado el coche para parecer más formal. Después de unos minutos, llegó a la casa de Rose, y ella ya lo estaba esperando afuera.

 

Se bajó del coche, mirándola. Le pareció más hermosa que nunca. Con su camisa roja, y su falda de flores, casi parecía una rosa roja, para él.

 

—Te ves diferente—. Rose enarcó las cejas, mirando a Michael.

 

Él dejó escapar una risita nerviosa, a la vez que hundió las manos en los bolsillos. 

 

—¿Diferente? ¿Te gusta o no?

 

—Por supuesto, pareces un caballero —lo halagó.

 

—¿Nos vamos? —propuso y ella asintió con la cabeza.

 

Ambos subieron al coche y se fueron. Él estaba muy callado mientras su mente no dejaba de suponer los escenarios que sucederían a continuación.

 

El silencio de Michael le resultó extraño a Rose. Siempre era un parlanchín con ella, y verlo tan callado la asombró.

 

—¿Estoy soñando?

 

Aunque ella había hablado a un volumen normal, él parecía ausente y ajeno, y ni siquiera le había prestado atención.

 

Rose se burló levantando las cejas.

 

—¿Michael? —chasqueó los dedos.

 

Sus pensamientos se desvanecieron y volvió de golpe a la realidad.

 

—Sí Rose. Cuéntame.

 

—¿En serio? ¿En qué estás pensando? —quiso saber.

 

—Nada Rose. Yo… um… nada —respondió evadiendo su mirada.

 

—Puedo verlo en tu cara, Michael. ¿Hay algo que te molesta? —Preguntó con una expresión de preocupación en su rostro.

 

—Rose estoy realmente bien —sonrió.

 

Entonces Rose se quedó callada aunque no estaba satisfecha con su respuesta. Después de muchos minutos de viaje, llegaron a un restaurante muy conocido y cuál Rose siempre quiso ir.

 

—¿Cuál es el especial de hoy?

 

—Nada.

 

Él le ofreció la mano y ella la cogió sonriendo. Entonces llegaron a la terraza, donde no había nadie. Estaba bellamente decorada con velas y flores. Había dos sillas dispuestas alrededor de la mesa, la cual se encontraban en el centro de la terraza.

 

Los labios de Rose se curvaron en una sonrisa al mirarlo. Observó a Michael con cara de interrogación, pero él ignoró su mirada, y tomó asiento en tanto le indicó que se sentara frente a él.

 

—Este no eres tú. El aspecto de caballero, las luces de las velas, la música lenta… Michael, ¿qué pasa? —indagó en tanto ocupaba su asiento.

 

—Quería cenar contigo a la luz de las velas. Y este es el restaurante que ofrece la comida más exquisita —se excusó.

 

Ella tarareó como respuesta y luego ambos comenzaron a comer. Él mentalmente seguía ensayando cómo proponerle matrimonio, lo que no pasó desapercibido para Rose.

 

Ella se lavó las manos al terminar de cenar y siguió mirándolo, cruzando los brazos sobre el pecho pero él no habló nada.

 

Dejando escapar un suspiro, se levantó de la silla.

 

—Señoras y señores, miren el milagro. El parlanchín se ha callado hoy.

 

Michael se rió con su expresión.

 

—No hay nadie aquí excepto tú y yo.

 

—Y por eso estoy gritando —Contestó ella.

 

Luego tomó las manos de Michael arrastrándolo lejos de su silla. Ella cambió la música que estaba sonando allí, al ritmo favorito de é.

 

—Venga, vamos a bailar.

 

Michael apagó la música dejándola desconcertada. Se paró frente a ella mirándola profundamente a los ojos. Luego sacó un regalo de debajo de su traje y se lo entregó.

 

—Ábrelo —dijo sonriendo.

 

Con curiosidad, ella abrió el regalo y vio el cuadro. Sus ojos se abrieron de par en par y la boca se le quedó abierta mirando el cuadro. Se quedó anonadada.

 

—¡Oh, Dios mío! Michael, es… es increíble. ¿Mi cara? ¿Una pintura mía? ¿En serio? —manifestó emocionada.

 

Lo tocó suavemente sonriendo con fuerza. Lo abrazó contra su pecho.




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