La rosa del criminal

capítulo - 27

Rose saltaba de felicidad, mientras le contaba a Melisa que Michael había prometido traer a Robin en un mes. Estaba eufórica y no podía controlar su alegría. Melisa se sentía feliz por ella. Tomó la mano de Rose y la arrastró para que cayera en el sofá, a su lado.

 

—Estás en las nubes, Rose —sonrió.

 

—Sí, y todo es gracias a él —asintió.

 

Melisa tarareó como respuesta.

 

—¿Cómo te puede asegurar que traerá a Robin en un mes? ¿Hay algo que yo no sepa?

 

—No lo sé, pero confío en él.

 

—Si confías en lo que dice. Significa que también deberías confiar en su amor, ¿verdad?

 

Rose se mordió el labio inferior, agachando la cabeza. Sus mejillas comenzaron a sonrojarse por una razón desconocida para Melisa. Melisa levantó las cejas, moviendo la cabeza, confundida.

 

—Vale, ¿qué está pasando aquí?

 

Rose levantó la cabeza.

 

—Quiero a Michael —confesó.

 

—Oh… lo sé.

 

Rose siguió mirando a Melisa, sin decir nada, eso la confundía más.

 

—¡Oh Dios! Rose, ¿qué pasa?

 

—Yo… pensé lo que dijiste. Incluso siento que es lo correcto. Pero le hice tanto daño, ¿cómo se sentirá si acepto ahora?

 

—Confía en mí, Rose. No tengo ni idea de lo que estás hablando. ¿Qué es lo que estás tratando de decir?

 

Rose dejó escapar un suspiro guardando silencio.

 

—Voy a aceptar a Michael —confesó.

 

Los ojos de Melisa se abrieron de par en par con la frase de Rose y gritó fuertemente de sorpresa y felicidad.

 

—OMG, ¿qué estoy escuchando? ¿Eres tú, Rose?

 

—Sí —. Rose sonrió. —Lo amo desde hace tiempo y sé que él me ama también, pero fui tan estúpida como para no aceptarlo. Me siento como una tonta, Melisa.

 

—Sí, lo eres—. Melisa puso los ojos en blanco.

 

—Pero tengo miedo, Melisa. Le he hecho mucho daño y no sé cómo proponérselo—. Tomó sus manos. —¿Cómo reaccionará?

 

—Rose, no lo pienses demasiado. Lo harás el hombre más feliz del mundo.

 

Rose sonrió alegremente con las palabras de Melisa. Empezó a barajar las diferentes reacciones que tendría al proponérselo. Una parte de ella estaba asustada por haberle rechazado antes. Aunque estaba convencida de que él la entendería.

 

—¿Cuándo vas a contarle esto a ese enamorado? —la incitó Melisa.

 

Rose se encogió de hombros.

 

—No lo sé. Él organizó una buena sorpresa la noche que me propuso matrimonio. No sé qué hacer. Ni siquiera tengo suficiente dinero para planear algo decente.

 

—Vamos, Rose. El dinero no le suma valor al amor. Sólo dile lo que sientes. Y si no puedes decírselo en persona puedes llamarlo por teléfono —la motivó. 

 

Rose asintió con la cabeza en señal de aceptación. De repente, tembló con el pensamiento que aterrizó en su cabeza.

 

—E-Espera, ¿y si piensa que se lo estoy proponiendo porque dijo que me traería a Robin?

 

—¿Qué? —arrugó la frente.

 

—Melisa, le quiero desde hace tiempo, no solo por la ayuda que me brinda, sino por muchas cosas. Él lo entenderá, ¿verdad? Tanto si consigue encontrar a Robin como si no, siempre le querré igual.

 

—Oh, Rose. Déjalo ya. Nadie piensa eso. ¿Por qué siempre eres tan negativa?

 

—Melisa, negativo o no. Es la posibilidad, ¿no?

 

—No tienes que darle tantas vueltas a algo tan fácil. Confía en mí, Rose. Todo saldrá bien.

 

—Eso espero—. Se levantó del sofá. —Nos vemos más tarde —se despidió.

 

Rose llegó a su casa en pocos minutos. Ella era incapaz de pensar qué hacer. Muchas preguntas empezaron a surgir en su cabeza, para las que no estaba segura de las respuestas. Finalmente, decidió desprenderse de todos sus pensamientos, y dejar la mente en blanco.

 

Siguió paseando de un lado a otro, pensando en cómo proponerle a Michael. No podía permitirse el lujo de planificar como lo había hecho él. No tenía suficiente dinero para planear ninguna otra cosa.

 

—¡Ah! Maldita sea—. Murmuró.

 

Una idea entró en su cabeza, y sus labios se curvaron en una sonrisa.

 

Era de noche cuando Michael llegó al lugar donde solía beber de vez en cuando, donde días antes la había traído a ella. Hacía una hora que Rose le había llamado informándole de que quería reunirse con él y le había pedido que acudiera allí. Michael se sorprendió y se asustó un poco, ya que era tarde y eso quedaba a las afueras de la ciudad.

 

La advirtió de que se fuera de allí, pero ella era demasiado terca para obedecer. Como ella no le hizo caso, se apresuró a llegar cuanto antes.

 

Nada más llegar, se quedó asombrado al ver el camino decorado con pétalos de rosas. Había una luz decorativa colgando del árbol, la cual iluminaba lo suficiente dándole un aire más romántico.

 

Vio a Rose de pie, admirando las vista de la ciudad. Avanzó hasta colocarse detrás de ella.

 

—¿Rosa?

 

Con su vestido blanco, casi le parecía un ángel, salvo que no tenía alas. Ella se volvió hacia él, sonriendo. Sus miradas se cruzaron por un momento, y a Michael le resultó difícil controlar sus impulsos. 

 

—¿Qué pasa? —indagó desplazando la mirada.

 

—Yo… pensé en hacer algo por ti. Así que, aquí estoy. ¿Te gusta?

 

Michael dejó escapar un suspiro.

 

—¿Cuál es la necesidad de todo esto? Venir hasta aquí sola y en esta oscuridad. ¿Qué demonios? —la reprendió. —¿Cómo has podido venir sola hasta aquí? —preguntó.

 

—Vine con Melisa, se acaba de ir hace un rato —musitó, agachando la cabeza.

 

—Chicas… —se burló él.

 

Rose esperaba una reacción de sorpresa por su parte después de todo lo que había preparado, pero claramente no fue la que ella se había imaginado. Para Michael, ni siquiera la idea de la sorpresa entraba en su cabeza cuando su mente estaba llena de un solo pensamiento; Rose estaba sola en las afueras y le podía haber pasado cualquier cosa.




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