La Sexta Frialdad

Sinopsis

Todos en cierta parte de nuestra juventud hemos querido independizarnos, suponiendo que cada quien tiene sus motivos.

Cada día mi amiga Atena dueña de una tienda, tenía una solicitud para mí. Gracias a ella lograba ir a todas las entrevistas de trabajo, en las cuales me rechazaban por mi edad.

Sinceramente detestaba que me rechazaran ¿Qué tiene de malo que una chica de tan poca edad busque trabajo? ¿Acaso la vida no debería de ser así? Te independizas rápidamente y así aprendes lecciones por tu propia cuenta, ya sean buenas o malas. 

Pero a pesar de todo Atena siempre me consolaba todos los días.

Por la tarde ayudaba a Atena en su tienda ya que era muy conocida y llegaban demasiadas personas. Ella me invitaba a comer todos los días e incluso me dio un cuarto de su casa, por lo cual sería injusto si no le ayudará en su tienda.

Por la mañana me dio otra solicitud. Al dármela me miró con mucha lástima y me abrazó por un largo tiempo. Podía sentir su inigualable amor e hizo que algunas lágrimas salieran de mi interior. Aunque por un momento pensé que sucedía algo malo y así fue, para ella era un dolor dejarme ir, aunque para mí también, pero sin embargo debía irme.

Al ver la solicitud observé que en una esquina había un límite de edad. El límite era 30 años y a pesar de que mi edad era la mitad se me hizo un poco extraño, pero aun sosteniendo todas mis dudas decidí viajar a ese lugar.

Terminando de empacar mis maletas pude sentir una gran pena, dejaría a Atena sola. Ella siempre había sido mi ejemplo a seguir y le tenía mucho aprecio, la abracé y le besé muy fuerte su suave y cálida mejía, sintiendo que esa sería la última vez que la vería.

Al bajar de mi habitación, sin que se diera cuenta coloque una carta sobre su mueble en la cual le expresaba todos mis sentimientos, todos nuestros recuerdos y muchas más cosas las cuales no le pude expresar nunca por temor a lo que pensaría de mí. 

Después solo caminé tristemente hacia el taxi, este avanzo tan rápido que apenas alcancé a despedirme.

Atena.
Verla subir a ese taxi me hizo muy infeliz, pero por otra parte quería que ella cumpliera su sueño de independizarse a una temprana edad.

Cuando leí esa solicitud inmediatamente supe que era un trabajo para ella debido a que no se le dificultaría.

¡Tomaré una taza de té! Supongo que así me calmaré un poco — Exclamo mientras observaba unos niños por la ventana...

Estas son mis sensaciones favoritas, escuchar la ebullición de esa tetera es como escuchar una melodía tan aguda, sentir el aroma de ese té hace que piense en un restaurante con una comida tan deliciosa.

¡Puuuuffff! ¡Au! ¡Éste té está muy caliente!

—¿Qué es esto? — Exclamo frunciendo el ceño, agregando —¿Una carta? ¿Será de proveedor?¡No tiene nombre por fuera! — Digo con una sonrisa de alivio.

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✧﹏Querida mamá...﹏✧

En serio quería expresar lo agradecida que estoy contigo, pero nunca he encontrado las palabras indicadas para decírtelo cara a cara.

Empezando desde el día en el que me adoptaste. Eres la persona que ha luchado por mí día a día, siempre pude notar tu cariño en cada desayuno en los cuales rompimos la dieta, en los tiempos que comíamos muchas calorías y dulces hasta volvernos locas.

Los tiempos en los que corríamos siempre observaba como el sol se posaba en tu cara y en tus gotas de sudor, el sol hacia que tus dientes brillaran y que me diera ganas de acariciar tu cálido y fino rostro.

Los días en los que me comprabas libros para educarme y decías que no importaba si fuera el más caro o el más barato siempre me lo comprarías.

Cuando me aconsejabas sobre las personas, sobre cuán duras pueden ser, pero a pesar de eso me enseñaste a sacar el lado bueno de las personas.

También recuerdo cuando jugábamos juntas y no parábamos de reír.

Cuando luchabas por comprarme los juguetes, adornos y vestidos más caros, trabajando día y noche. Al despertar solo podía ver tu cansancio acumulado, podía ver como las ojeras caían bajo tus ojos, pero a pesar de tu cansancio siempre sonreías para mí.

Fue ahí cuando me hiciste la niña más feliz del mundo, quiero que sepas cuánto te aprecio, cuanto quiero, te he querido, y te querré. No te preocupes por mí, ni por nuestros recuerdos, los llevaré siempre en mi mente y en mi corazón, prometo que nunca los olvidaré. Te prometo que regresaré y volveremos a ser felices como éramos y nunca más te dejaré sola.

Con mucho amor Adri.

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