El aire helado de Londres me golpea el rostro en cuanto atravieso las puertas del King's College. Camino sin rumbo por las aceras húmedas, esquivando transeúntes mientras intento controlar la respiración.
No voy a llorar, no pienso llorar.
Aunque las lágrimas amenazan con aparecer, me resisto.
Acabo de perder mi trabajo. Y, sin embargo, por primera vez en meses siento algo parecido al alivio.
Hasta que mi teléfono comienza a vibrar.
Miro la pantalla.
Olivia.
Contesto.
—Hola liv...
—¿Elizabeth? —¿Si?
Su voz cambia inmediatamente.
—Dios mío. Suenas horrible.
Cierro los ojos.
—Estoy bien.
—No te creo.
Una pequeña sonrisa aparece en mis labios.
Esa es Olivia. No necesita verme para saber cuándo estoy mintiendo.
—Estoy cerca de tu zona por un simposio en King's college —continúa—. Vamos a almorzar. Yo invito.
—Liv...
—No es una pregunta.
Respiro profundamente.
—Está bien.
Veinte minutos después, estoy sentada frente a Olivia en un café antiguo y poco concurrido.
—Bien, Elizabeth.
Cruza los brazos.
—Empieza a hablar.
Bajo la mirada hacia mi taza.
—¿Qué pasa? —pregunta—. ¿Es el trabajo otra vez?
Dudo.
Mis dedos buscan instintivamente el borde de la fotografía dentro del bolsillo de mi abrigo.
Podría sacarla. Podría ponerla sobre la mesa. Podría contarle todo.
Pero no lo hago.
—No es nada... o bueno, es lo de siempre.
Miento.
—Mi jefe. Henderson. Y el idiota de Andrew. Hoy cruzaron la línea de nuevo.
Olivia arquea una ceja.
—¿Qué hicieron?
—Intentaron hacerme presentar unos resultados que todavía necesitan revisión.
—¿Y?
—Me negué.
Una pequeña sonrisa aparece en sus labios.
—Esa sí eres tú.
Aparto la mirada hacia la ventana.
La lluvia comienza a caer sobre las calles de Londres.
Mi mano vuelve a tocar el bolsillo del abrigo.
La fotografía sigue ahí.
Y debajo de ella, el mensaje parece pesar más que el papel.
Es hora de resolver al juego, Elizabeth.
Por primera vez, me pregunto si aquella ecuación no tiene nada que ver con mi trabajo.
Y si mis padres no murieron por accidente.
Durante unos segundos permanecemos en silencio.
—Entonces... —Olivia se inclina hacia delante—. ¿Qué vas a hacer ahora?
Suelto una risa sin humor.
—Excelente pregunta.
Bajo la mirada hacia mi taza.
—No tengo idea, Liv.
—Elizabeth...
—Renuncié a mi única fuente de ingresos.
—Era un trabajo horrible.
—Era un trabajo horrible que pagaba el alquiler.
Olivia guarda silencio.
—Tengo deudas —continúo—. Facturas. Y ahora también tengo demasiado tiempo libre para recordar que tomé la brillante decisión de abandonar mi único empleo en medio de un colapso emocional.
—No fue un colapso emocional.
—Le grité a Andrew delante de medio departamento.
—Eso fue crecimiento personal.
La miro.
Olivia sonríe.
—Solo digo.
No puedo evitar soltar una pequeña risa, aunque desaparece rápidamente.
—Hablo en serio, Liv. No sé qué voy a hacer.
Su expresión cambia.
La conozco lo suficiente para saber cuándo está pensando demasiado.
Y eso nunca suele terminar bien.
—Podría ayudarte a encontrar otro puesto.
Levanto la mirada.
—¿Qué?
—Conozco gente.
—Claro que conoces gente.
—Tengo contactos en varios centros de investigación. Puedo mover algunas hilos, hablar con algunas personas...
—Olivia.
Su sonrisa se vuelve peligrosamente tranquila.
La observo con sospecha.
—¿Qué?
—Podría hablar con mi madre.
Cierro los ojos.
Ya sé por dónde va esto.
—Olivia...
—Mi familia tiene cierta influencia.
—Eso es una forma bastante modesta de decirlo.
—Podría conseguirte un puesto en otro centro de investigación.
—Liv.
—Incluso podría conseguir que vuelvas al King's College.
La miro.
—¿Para qué?
Se encoge de hombros.
—Para ocupar un cargo más interesante.
—¿Qué cargo?
Su sonrisa se ensancha.
—El de jefa del proyecto al que acabas de renunciar.
La observo durante varios segundos.
—¿Es broma?
Olivia parpadea.
—¿Qué?
—¿Me estás diciendo que podrías usar las influencias de tu familia para convertir a una mujer que hace veinte minutos estaba preparando café en la jefa de un proyecto de investigación?
Olivia piensa durante un instante.
—Cuando lo dices así...
—¿Estás completamente loca?
—Ah, sí. Claro.
Asiente lentamente, fingiendo comprender.
—Una propuesta absurda. Totalmente irracional. Qué estaba pensando.
La miro fijamente.
—Olivia.
—Está bien, está bien.
Levanta las manos en señal de rendición.
—Era solo una opción.
Su expresión cambia ligeramente.
—Pero podría hacerlo.
Y sé que dice la verdad.
Ese es el problema.
Los Sinclair tienen contactos en lugares donde yo probablemente ni siquiera podría entrar sin una invitación.
Olivia podría hacer una llamada y conseguirme una entrevista.
Tal vez dos llamadas y conseguirme un puesto.
Y, aparentemente, unas cuantas más y convertir mi despido voluntario en un ascenso ridículamente absurdo.
Pero niego con la cabeza.
—Gracias.
Olivia me observa.
—¿Pero?
—Pero no.
—Elizabeth...
—No quiero hacer eso.
—No estarías haciendo nada malo.
—Estaría utilizando a mi mejor amiga.
—Yo te lo estoy ofreciendo.
—Lo sé.
Me inclino hacia delante.
—Y te lo agradezco. De verdad. Pero necesito encontrar trabajo por mí misma.
Olivia suspira.
—No tienes que demostrarle nada a nadie.
—No se trata de demostrar nada.
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Editado: 28.08.2026