Algo se movió en mi estómago.
Una sensación breve y absurda que me obligó a apartar la mirada antes de que Ethan pudiera notar la expresión que seguramente acababa de aparecer en mi rostro.
No sabía exactamente qué me había afectado más.
El hecho de que estuviera preocupado por mí.
O el hecho de que no intentara ocultarlo del todo.
Ethan siempre bromeaba.
Incluso cuando las cosas iban mal.
Especialmente cuando las cosas iban mal.
Era su forma de enfrentarse al mundo: una sonrisa arrogante, algún comentario absurdo y la capacidad irritante de convertir cualquier conversación seria en algo que pudiera tomarse a la ligera.
Pero ahora no estaba haciendo ninguna de esas cosas.
Simplemente me observaba.
Y eso, por alguna razón, me resultaba mucho más difícil de soportar.
—No me mires así —murmuré.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras intentando descifrarme.
—¿Funcionaría si te dijera que solo estaba admirando el paisaje?
Levanté una ceja.
—Estamos dentro de un gimnasio, Ethan.
—Entonces, claramente, tú eres el paisaje.
—Qué frase tan mala.
—Pero has sonreído.
Mi sonrisa desapareció inmediatamente.
—No lo hice.
—Lo hiciste.
—No.
—Elizabeth, puedo ser muchas cosas, pero no estoy ciego.
—Eso es debatible.
Ethan soltó una risa baja y negó con la cabeza.
Por un instante, todo volvió a sentirse normal.
El gimnasio.
La música sonando a lo lejos.
Las voces de algunas personas entrenando.
Nada parecía extraño.
Nada parecía peligroso.
Y quizá por eso me quedé allí unos minutos más.
Sin hablar.
Simplemente sentada junto a él.
Ethan tampoco dijo nada.
Lo cual era, sinceramente, preocupante.
—¿Te has quedado sin palabras? —pregunté.
Giró la cabeza hacia mí.
—No quería arruinar el momento.
—¿Qué momento?
—Este.
Miré alrededor.
—Estamos sentados en un banco.
—Exactamente.
—Eso no responde nada.
—A veces eres desesperadamente mala entendiendo las indirectas.
—Y a veces tú eres desesperadamente malo dando indirectas.
Su sonrisa se amplió.
—Eso ha sido casi un cumplido.
—No te emociones.
—Demasiado tarde.
Negué con la cabeza.
Pero esta vez no pude evitar sonreír.
Permanecimos allí unos segundos más.
Y fue extraño.
No incómodo.
Solo extraño.
Porque durante los últimos días mi cabeza había sido un desastre de preguntas, recuerdos incompletos y cosas que no podía explicar.
Sin embargo, sentada junto a Ethan, por primera vez no sentía la necesidad de encontrar una respuesta.
El silencio era reconfortante.
Demasiado para mi gusto.
Así que decidí arruinarlo antes de que mi cerebro empezara a analizar por qué.
Me puse de pie.
—Tengo que irme.
Ethan levantó la mirada hacia mí.
—¿Ya?
—Tengo compras que hacer.
—Cierto. Budapest.
La forma en que pronunció la palabra hizo que volviera a sentir aquella extraña sensación en el estómago.
Intenté ignorarla.
—Budapest.
—Sigues sin contarme cuánto tiempo vas a estar fuera.
—No lo sé exactamente.
—Qué tranquilizador.
—Son unos días.
—Eso dijiste antes.
—Porque son unos días.
—Para ti, cualquier periodo inferior a un mes cuenta como "unos días".
—Exagerado.
—Claro que no.
Tomé mi bolso y comencé a guardar mis cosas.
Ethan permaneció en silencio mientras lo hacía.
Cuando terminé, me giré hacia él.
—Bueno.
—Supongo que nos vemos después.
—Supongo...
Fruncí ligeramente el ceño.
—Eso ha sido extrañamente dramático.
—Estoy procesando la noticia.
—Voy a Budapest, no a la guerra.
—Todavía no sabemos eso.
—No empieces.
—Solo digo que vas a una gala misteriosa con una Sinclair después de recibir una fotografía anónima relacionada con tus padres.
Me quedé quieta.
Ethan levantó una ceja.
—¿Ves? Cuando lo digo en voz alta, suena extraño.
—Gracias por tranquilizarme.
—Es un talento.
—Uno terrible.
Él sonrió y se puso de pie.
Durante unos segundos permanecimos frente a frente.
Entonces extendí la mano.
—Nos vemos, Ethan.
Miró mi mano.
Después me miró a mí.
—¿Un apretón de manos?
—No hagas que me arrepienta.
—Demasiado tarde para eso.
Tomó mi mano.
Y durante una fracción de segundo, ninguno de los dos la soltó.
Fue algo mínimo.
Probablemente nada.
Su mano era cálida.
La mía, como siempre, demasiado fría.
Pero aun así sentí aquella absurda corriente en el estómago.
Aparté la mirada.
Ethan también pareció quedarse quieto durante un instante.
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Editado: 13.09.2026