La sombra del primer mes

Capítulo Cinco

Pasaron los días. Audrey dedicó cada mañana y tarde a la arcilla en el estudio del segundo piso. El trabajo era duro, pero la tierra cedía bajo el ritmo que Ren le había enseñado. Su primera escultura era abstracta, angulosa y llena de la tensión de su nueva vida.

​Una noche, en la mesa de la cocina, Ren dejó de lado el manual de agricultura.

​"Tengo que hacer un viaje," anunció, con esa seriedad que siempre precedía a una decisión.

​Audrey detuvo el tenedor. "Un viaje, ¿a dónde?"

​"Al pueblo grande, a tres horas," explicó Ren. "Desde que me instalé aquí, he estado investigando. Río Colina es bueno para el cultivo de grano, pero podemos hacer más. Necesito un ingreso estable, Warren Miller debe proveer para más que solo Warren Miller."

​Hizo una pausa y miró a Audrey, sus ojos fijos, dejando claro el subtexto de su declaración. "Pronto seremos tres, Audrey. Y sé que usted necesitará cosas que este almacén no puede ofrecer, sin mencionar la seguridad del niño."

​Audrey sintió un rubor de culpa y gratitud. Él lo había dicho: seremos tres.

​"He estado haciendo contactos," continuó Ren. "Hay un par de granjas grandes cerca de la ciudad que necesitan ayuda con la siega y el mantenimiento pesado. Y yo necesito comprar un tractor usado más potente con algunos implementos de carga."

​Audrey, que solo entendía de arte y alta costura, se sintió perdida. "¿Un tractor? ¿Para qué lo necesitamos, Warren?"

​"Para el negocio," explicó pacientemente. "Con mi tierra, si invierto en un buen tractor, puedo terminar mi propia siembra más rápido y luego cobrar a otros para ayudarlos con la suya. Eso nos dará el dinero para el invierno y, lo más importante, el dinero para las cosas que el bebé va a necesitar."

​Se levantó y caminó hacia un rincón donde había un caballete con algunos papeles. "Antes de irme, he arreglado algo aquí en la granja."

​Audrey lo siguió. Los papeles eran contratos sencillos.

​"Contraté a dos muchachos de las afueras, los hermanos Pérez. Vienen de una granja cercana y necesitan el trabajo. Estarán aquí durante el día, trabajando la tierra. Sam vendrá a supervisarlos cuando yo esté fuera," dijo Ren, señalando el nombre de su hermano.

​"Pero... ¿por qué tanto gasto?" preguntó Audrey. "Mi padre le dará lo necesario, ¿no?"

​Ren negó con la cabeza, sus ojos se endurecieron. "Lo que su padre dio fue la casa y la tierra. El dinero que tendremos es el que yo gané con mi trabajo. El bebé será alimentado con mi esfuerzo, no con la caridad del Juez Hollis. No podemos permitirnos depender de un favor, Audrey."

​Era una declaración de principios: su dignidad era su moneda.

​"¿Cuánto tiempo se irá?" preguntó ella. La idea de quedarse sola, incluso con los trabajadores de Ren y el perro guardián, le causó un nudo de ansiedad.

​"Una semana, tal vez diez días. Sam vendrá dos veces, y Bruto es mejor guardia que cualquier hombre," dijo él, captando su nerviosismo. "Y la Sra. Higgins vendrá mañana a traerle un pastel de bienvenida."

​"¡Oh, no!" exclamó Audrey, horrorizada. "¿Justo cuando usted se va? Pensarán que estamos peleados."

​Ren sonrió, y esta vez la sonrisa fue completa, iluminando sus ojos. Era una de las pocas veces que Audrey lo había visto genuinamente divertido.

​"Exacto. Por eso lo haremos de la manera difícil. Cuando la Sra. Higgins venga, quiero que actúe como una esposa que no quiere que su esposo se vaya por negocios importantes. Póngale las manos en el brazo, dígale que lo extrañará mucho. No tiene que ser real. Solo tiene que ser convincente."

​El desafío hizo que Audrey se sintiera viva. Si él podía ser un hombre de negocios valiente y proveedor, ella podía ser una actriz brillante.

​"De acuerdo, Warren," aceptó ella. "Actuaré. ¿Pero cómo sabré qué decirle a los muchachos Pérez?"

​"No tiene que decirles nada. Yo me encargaré de eso antes de irme. Solo tiene que parecer mi esposa, la Señora Miller, que estará demasiado ocupada con su arte para molestarse con el trabajo de la tierra." Ren hizo una pausa. "Y, Audrey, trate de usar esa arcilla que le conseguí. Si regreso y la veo sin usar, sabré que no estuvo trabajando."

​Era su manera práctica de demostrar que esperaba verla bien. Su viaje era un acto de provisión para el futuro, pero también era una prueba de confianza para la estabilidad de Audrey.

Esa noche, el silencio habitual de la cena fue diferente. Había una calidez inusual en la cocina, un vínculo sutil creado por las manos unidas sobre la arcilla. Ren estaba especialmente concentrado, no en su comida, sino en un mapa de carreteras extendido a su lado.

​Después de que terminaron, Ren guardó los platos con su acostumbrada eficiencia. Se sentó de nuevo a la mesa y desdobló el mapa.

​"Tengo que hacer un viaje," anunció, con una voz que era más una declaración de intenciones que una pregunta.

​Audrey detuvo el paño de cocina que estaba secando. "¿Un viaje? ¿A dónde, Warren?"

​"A la ciudad grande, a tres horas," explicó, señalando un punto en el mapa con el dedo. "No podemos depender solo de la tierra que tenemos. Y no podemos depender de... de favores. Yo voy a proveer para esta casa."

​Ren levantó la mirada y la encontró. Sus ojos transmitían una seriedad profunda.

​"Pronto seremos tres, Audrey," dijo, el uso de su nombre sonó como una promesa. "Y no vamos a criar a ese niño en la inseguridad. El dinero de la siembra es bueno, pero necesito más, un ingreso constante y robusto."

​Continuó, su voz cargada de ambición práctica: "Voy a ir a comprar maquinaria pesada: un tractor usado más potente con implementos de carga y labranza. Hay granjas grandes cerca de la ciudad que pagan bien por ese servicio. Puedo terminar mi siembra rápido, y luego ir a cobrar para trabajar la tierra de otros. Con el tractor, puedo mover grandes cantidades de cultivo y hacer un negocio de transporte."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.