La sombra del primer mes

Capitulo ocho

Los días sin Ren se habían transformado en una rutina soportable, gracias en gran parte a la presencia constante de Clara. Clara venía casi todas las tardes, llenando la casa de la vitalidad que Audrey nunca había conocido en Boston.

​Esa tarde, Clara llegó con sus dos hijos: un varón de seis años, Thomas, y una niña de tres, Lily. Los niños transformaron la sala vacía en un caos alegre de juguetes de madera y carreras. Audrey, que nunca había interactuado con niños pequeños, se sintió desarmada y fascinada por la energía de Lily, que se aferraba a su falda.

​Mientras los niños jugaban cerca del porche, Clara y Audrey se sentaron a la mesa de la cocina con té y el pastel de la Sra. Higgins. El tono de su conversación era el de dos mujeres que compartían un secreto y una necesidad mutua de compañía.

​"Te veo mejor, Audrey," comentó Clara, con calidez. "La arcilla y el aire fresco te sientan bien. La palidez ya casi se va."

​Audrey sonrió, tocándose instintivamente el abdomen, todavía plano. "Es gracias a ti. No sé qué habría hecho sin tu ayuda. Y por saber que no estoy completamente sola."

​"Nadie debería estar sola en esto," dijo Clara, su voz bajando a un susurro. "Menos cuando el cuerpo está haciendo tanto esfuerzo. ¿Cómo van las náuseas?"

​Audrey suspiró. "Las mañanas son duras, pero pasan. Siento vergüenza de que Warren haya tenido que saber... todo tan pronto. Pero tú eres la única que sabe qué significa esto."

​Clara tomó su mano por encima de la mesa, un gesto inusualmente íntimo para Audrey. "Es un milagro, querida. No una vergüenza. Y Warren lo ve así, te lo aseguro. Él ha tenido que ser el hombre de la casa desde muy joven, y le tocó cuidar de su madre. La nobleza está en su sangre. Él tomó este arreglo, no por la tierra, sino por el deber de proteger a un indefenso, ya seas tú o el niño."

​Clara luego cambió a asuntos más prácticos, sacando de su cesta patrones de costura. "Ya que Warren se está esforzando tanto por los ingresos, pensé que podíamos empezar a pensar en el vestuario del bebé. En la ciudad comprarás la ropa fina, pero aquí cosemos la ropa de diario. ¿Tienes idea de tallas o telas?"

​Audrey, totalmente ajena a la costura, se sintió en un territorio desconocido. Pero mientras Clara hablaba de lanas, mantas y la llegada de la primavera, Audrey sintió una conexión tangible con el futuro. Los niños jugando, el murmullo de las conversaciones de mujer a mujer; era la primera vez que el embarazo se sentía como una preparación y no como un castigo.

​La tarde avanzó rápidamente. Justo cuando el sol comenzaba a teñir las colinas, se escuchó un golpe fuerte en la puerta trasera y el familiar sonido de las botas de trabajo.

​Era Sam, el hermano de Ren, con los brazos manchados de tierra.

​"¡Clara! Los niños están aquí. Ya es hora de irnos," dijo Sam, pero se detuvo al ver a Audrey tan cómoda y con una sonrisa genuina. "Audrey. ¿Cómo ha estado la... la socia?"

​"Muy bien, Sam. Clara ha sido mi salvación," respondió Audrey.

​Sam asintió, una expresión de alivio cruzando su rostro. "Warren me llamó desde la ciudad hace dos horas. Me dijo que ya tiene el tractor. Es una bestia, dice. Está en camino. Quería que te avisara: llega mañana por la mañana."

​La noticia golpeó a Audrey con una fuerza inesperada. Se suponía que sentiría alivio por la llegada de su protector, pero en cambio, sintió una repentina oleada de nerviosismo. La ausencia de Ren había sido un tiempo de soledad y verdad, un período en el que su gratitud había crecido en una curiosidad profunda.

​Ahora, el hombre que le había construido un estudio y había planeado un negocio por ella regresaba. Y ella no estaba segura de si era la "Señora Miller" de la farsa o la "Audrey" vulnerable que él había aprendido a proteger.

​Clara recogió a sus hijos, dándole un abrazo rápido a Audrey. "Mañana por la mañana. Ya sabes qué ponerte. Y sonríe, querida. Él regresó por ti y por el bebé."

​Audrey despidió a la familia Miller, con el corazón latiendo con fuerza. Al quedar sola en la casa, el silencio se sintió más profundo que antes. Miró hacia las escaleras. Tenía unas horas para convertirse de nuevo en la esposa que Ren esperaba.




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