La sombra del primer mes

Capitulo trece

Cuatro meses después de su llegada a Río Colina, el vientre de Audrey ya era inconfundible. La ropa de su guardarropa de Boston ya no cerraba con decencia, y había empezado a usar los vestidos amplios y sencillos que Clara le había ayudado a coser.

​El embarazo visible trajo consigo una nueva capa de tensión. El Silencio Helado entre Ren y Audrey se mantenía, pero ahora Ren era doblemente protector. Sus ojos evitaban su rostro, pero seguían cada movimiento de su cuerpo. La gente en el Almacén General ya no susurraba sobre el matrimonio rápido, sino sobre la cronología evidente.

​El pasado regresó en forma de un automóvil caro que se detuvo en el camino de tierra, un vehículo tan fuera de lugar como un faisán en un gallinero.

​Era Ethan Hollis, el hermano mayor de Audrey, un hombre de treinta y tantos años, impecablemente vestido y con la arrogancia sutil que solo da la seguridad financiera. Él ya estaba casado con una mujer de gran estatus, y su visita era puramente de inspección y rescate.

​Ren, regresando del granero, se encontró con Ethan en el porche.

​"Warren Miller," dijo Ethan, ofreciendo un apretón de manos débil. "Soy Ethan Hollis. El cuñado. Vengo a ver a Audrey."

​Ren estrechó la mano con firmeza, su rostro inmutable. "Bienvenido, señor Hollis. Audrey está arriba." Ren no se molestó en disimular su disgusto por el visitante.

​Ren se limitó a indicarle a Ethan el camino hacia la casa y se dirigió a la cocina. Sentía una punzada de molestia ante la intrusión del mundo de Audrey. Estaba a punto de quitarse las botas en el pasillo cuando escuchó las voces.

​Audrey y Ethan estaban en el estudio del segundo piso (la habitación más cercana a la escalera), y aunque Ren no estaba tratando de escuchar, el tono elevado de Ethan atravesó la puerta abierta.

​"... No puedo creer la miseria en la que vives, Audrey. Y mírate. ¿Realmente vas a tener a mi sobrino en este, este agujero? Tienes que pensar en el niño, no en la tierra," Ethan estaba diciendo con desprecio.

​Ren se detuvo. Su corazón comenzó a latir con fuerza.

​Luego, la voz de Ethan se hizo más urgente: "Fui a la ciudad. Pude contactar al hombre. El padre del bebé. Él tiene un estatus considerable, Audrey. No lo ha negado, solo se ha abstenido. Si lo llamas, si le escribes una carta, él puede poner al niño en el linaje que merece. Puedes dejar esta farsa y volver a una vida de verdad. Solo tienes que llamarlo."

​Ren solo escuchó la última frase, el clímax: la existencia del padre biológico, la opción de dejarlo, la palabra "farsa". El mundo de Ren se derrumbó. Todo su sacrificio, el tractor, la protección silenciosa, el rechazo, todo fue en vano. Ella tenía una salida, y él solo era un obstáculo noble.

​Ren se sintió físicamente enfermo. Antes de que Audrey pudiera responder, Ren se dio la vuelta rápidamente, sus botas de trabajo haciendo un ruido amortiguado, y salió por la puerta principal. No podía quedarse a escuchar la inevitable traición.

​Arriba, en el estudio, Audrey estaba pálida, pero su respuesta fue firme.

​"No voy a hacer eso, Ethan," dijo Audrey. "No voy a ir a buscar a ese hombre. Ni siquiera le voy a escribir."

​Ethan se exasperó. "¿Por qué, por Dios, no? Te está dando una vida decente."

​Audrey miró el jarrón que estaba modelando, su arcilla de río, la que Ren le había enseñado a trabajar.

​"Porque Warren me ha dado mucho más que una vida decente, Ethan," dijo Audrey, su voz llena de una estima profunda y una lealtad inesperada. "Ese hombre se ha casado conmigo y ha puesto su nombre, su honor y su futuro en riesgo por mi error. Ha vendido su alma a la ambición por conseguir un tractor solo para asegurar que este bebé no viva de la caridad de nadie, y mucho menos del Juez Hollis."

​Se levantó, su vientre era ahora su centro de gravedad. "Él está aquí. Está trabajando la tierra para este niño. Me dio un hogar y una dignidad que tu estatus no podría pagar. No voy a traicionarlo. No sería justo. No voy a abandonarlo ahora que él ha dado todo por mí."

​Audrey sintió su corazón latir con una convicción que no era amor de pareja, sino la más pura forma de lealtad y respeto. Ella defendería a Ren con su último aliento.

​Pero Ren no estaba allí para escuchar esa defensa.

​Cuando Ren salió de la casa, su mente estaba en blanco, excepto por la palabra farsa. Caminó hasta el centro del pueblo. Encontró el bar de Taggart, el único lugar que ofrecía un olvido rápido.

​Ren, el hombre que no bebía por deber, el hombre que honraba cada promesa, se sentó en la barra.

​"Taggart," dijo Ren, su voz áspera. "Necesito algo fuerte. Y que sea doble."

​Ren Miller, el granjero noble, bebió su primer vaso de whisky. La nobleza se había roto, y con ella, el Silencio Helado que protegía su corazón. Estaba devastado. El dolor de la traición (aunque imaginaria) era más profundo que la tierra que acababa de comprar.

Arriba, en el estudio, Audrey se mantuvo firme.

​"No voy a hacer eso, Ethan," dijo Audrey, negándose rotundamente a contactar al padre biológico.

​Ethan, exasperado, caminó por la pequeña habitación. "¡Audrey, por Dios! Míranos. Mamá murió joven, papá estaba demasiado ocupado con el tribunal. Nos criamos protegiéndonos el uno al otro. Y tu solución es la pobreza noble con un granjero que apenas conoces, en lugar de la dignidad para nuestro sobrino."

​Audrey sintió la herida de su hermano. El vínculo entre ellos, forjado en la pérdida y la protección mutua tras la muerte de su madre, era la base de su vida.

​"Precisamente por eso, Ethan," replicó Audrey, su voz llena de una convicción que no era amor, sino lealtad inquebrantable. "Tú me protegiste de papá y de la sociedad. Ren me está protegiendo de la consecuencia. Él está aquí. Ha puesto su nombre, su honor y su futuro en el trabajo de esa tierra por este niño."




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