La fría mañana comenzaba. Desperté por los gritos de mis padres en la planta baja.
Me puse las pantuflas y bajé.
Al entrar al comedor vi a mi madre llorando y a mi padre sosteniendo unos papeles en las manos.
*Olivia*: ¿Pasa algo? —pregunté en voz baja.
*Sr. Altamirano*: Vuelve a tu habitación, Olivia —ordenó sin mirarme.
*Sra. Altamirano*: ¿Por qué la corres? ¡Dile la verdad a tu hija! —exclamó histérica.
*Olivia*: ¿Qué verdad?
*Sr. Altamirano*: ...Estamos a punto de quebrar —susurró.
Iba a hablar, pero las palabras se me hicieron un nudo en la garganta. Ver a mi padre, aquel hombre de negocios orgulloso e imponente, tan pequeño y vulnerable... hizo que mi corazón se encogiera. Una voz me sacó de mis pensamientos.
*Emma*: ¿Qué? ¿Estamos casi en la ruina? —dijo ella, como si el mundo se fuera a acabar.
*Olivia*: Emma, no es el momento —susurré.
*Emma*: ¡Claro que lo es! Papá, ¡haz algo! No podemos quedarnos sin nada.
*Sr. Altamirano*: Emma... Olivia —murmuró sin fuerzas.
*Sra. Altamirano*: Ok, basta. Su padre y yo encontraremos una solución... —dijo poco convencida.
*Emma*: ¿Ah sí? ¿Y cuál?
*Olivia*: ¡Ya, Emma, basta!
*Sra. Altamirano*: Mejor vayan a ver a su hermanito —ordenó con voz autoritaria.
Asentimos al instante. Ese tono mi madre lo usaba cuando ya estaba furiosa.
*~ POV Sres. Altamirano ~*
*Sra. Altamirano*: Querido... ¿seguro que no hay ninguna otra opción?
*Sr. Altamirano*: Sí hay una... Los Figueroa. Hablé con ellos. Y... me dijeron que nos harían el préstamo, pero a cambio querían algo...
*Sra. Altamirano*: ¿Qué? ¡Dilo ya!
*Sr. Altamirano*: No lo sé. Dijeron que lo hablaremos en persona mañana. Sabes que esa familia es muy poderosa en el ámbito de los negocios...
*Sra. Altamirano*: ¿Y qué crees que pidan a cambio por el préstamo?
*Sr. Altamirano*: No lo sé... pero seguro es algo de valor. Ellos no ayudan si no obtienen algo —susurró.
*~ POV Olivia ~*
Me encontraba en la habitación de mi hermanito menor, Daniel. Emma también estaba con nosotros.
*Olivia*: Muy bien, Daniel. Pero... esta partida no es así, porque yo te la voy a ganar —dije moviendo a la reina de ajedrez.
*Emma*: ¿Cómo puedes estar tan tranquila cuando estamos a punto de quedar en la ruina? —replicó frustrada.
*Daniel*: ¿Ruina? ¿Cómo así? —preguntó el niño con inocencia.
*Olivia*: Nada, Dani... Sigamos jugando. Y tú, Emma, deja de decir esas cosas —respondí ya algo molesta.
*Emma*: ¡Escúchame, Olivia! Para mí esto es serio. ¿Viste la cara de mamá y papá? ¿Viste cómo mamá gritaba histérica? —alzó la voz.
*Olivia*: Lo sé... lo sé, Emma. ¿Crees que esto es fácil para mí?
*Daniel*: ¿Estar en la ruina es estar sin nada de dinero?
*Emma*: ¡Sí, Daniel! ¡Estaremos sin nada de dinero, ¿oyes?!
*Daniel*: ¿No tendremos que comer? ¿Ni compraremos dulces?
*Emma*: ¡Ya, Daniel! ¡Basta! ¡Cierra la boca y vuelve a jugar!
*Olivia*: Emma... deja de hablarle así. Es solo un niño.
*Emma*: Uf...
Iba a decir algo más cuando unos pasos se escucharon al fondo del pasillo. Los tres nos giramos.
*Sra. Altamirano*: ¿Qué pasa? Hasta abajo se escucha lo que hablan.
*Emma*: Madre... dinos la verdad. ¿Tan mal estamos? —susurró.
*Sra. Altamirano*: Bueno... su padre pedirá un préstamo.
*Olivia*: ¿Un préstamo? Madre, ¿pero cómo lo pagaremos? ¿Y a quién se lo pedirán?
*Emma*: Eso no importa. Lo importante es que tendremos dinero —sonrió.
*Olivia*: ¡Claro que sí importa, Emma! ¡Mamá, responde!
*Sra. Altamirano*: A... a los Figueroa.
*Olivia y Emma*: ¿¡Quéé!?
*Sra. Altamirano*: Shhh, silencio.
*Emma*: ¿¡A los Figueroa!? ¿¡Ellos no son la familia más poderosa e importante en el ámbito de los negocios!?
*Olivia*: Madre... sabes que esa familia cuando hace un favor pide algo a cambio.
*Emma*: Ay, por favor. ¿Qué les podríamos dar a cambio nosotros? —dijo con sarcasmo.
*Sra. Altamirano*: Yo también estoy confundida. Aceptaron al instante. No sé qué querrán —susurró.
*Olivia*: Tranquila, mamá. Todo saldrá bien —dije, aunque también estaba desconfiada.
Pasamos el día en silencio absoluto. Daniel y yo en su habitación, y mis padres en la sala debatiendo. Según ellos lo hacían en voz baja, pero sus murmullos llegaban hasta la planta de arriba. Podía sentir la preocupación de ambos. Sabíamos a la perfección que los Figueroa eran fríos y calculadores a la hora de sus negocios. Por otro lado, Emma se había ido con su novio desde temprano. Quizás no volvería hasta mañana.
*Daniel*: Oli, tengo hambre —susurró.
*Olivia*: Tienes razón... ya casi es la hora de la cena. Te traeré algo, ¿sí? Espérame.
Bajé a la planta de abajo con cautela. Fui a la cocina y preparé dos sándwiches: uno para Daniel y otro para mí. Serví dos vasos de leche y con cuidado los llevé.
*Olivia*: Toma, Dani.
*Daniel*: Gracias, Oli... No me gusta ver a papá y mamá preocupados —susurró.
*Olivia*: Shhh, esos son problemas de adultos. No hay que meternos en eso —dije abrazándolo.
Luego ambos comimos. Ayudé a Dani a ponerse su pijama, se cepilló los dientes, lo acosté y se durmió. Le di un beso en la frente y fui a mi habitación. Estaba tan preocupada... No quería que mi padre se metiera en negocios con esas personas. De los Figueroa hasta pensar en su nombre me da escalofríos. Nunca los he visto, pero según escuché, tienen fama de ser despiadados con sus deudores. Y pronto nosotros nos convertiríamos en sus deudores si nos daban ese préstamo.
*~ Al día siguiente ~*
Desperté temprano. Fui a la habitación de Emma y efectivamente no estaba. Significaba que pasó la noche con su novio. Estábamos acostumbradas a eso en casa. Luego fui a la habitación de Daniel. Él aún dormía profundamente. Me dirigí a la planta baja. Ahí estaba mi padre, con ropa formal impecable.
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Editado: 22.08.2026