La única excepción

Capítulo 1

Excepción. Vaya, una palabra con el poder para hacer importar tanto a alguien, hacerlo extraordinario o privilegiado, único en su forma de ser. Aquello por lo que estás dispuesto a romper las reglas a las que alguna vez te apegaste, aquello por lo que las personas están dispuestas hacer sacrificios, pero, ¿estarías dispuesto hacerlo aún cuando resulte doloroso? ¿Aún cuando esa palabra implica otras cosas como amor? ¿Y si no crees en el amor, qué pasa con esa excepción?

Siempre me he preguntado qué se siente estar enamorado, no obstante, soy una persona ocupada, los estudios son mi prioridad, pero también me considero joven para aún pensar en el amor, sentir esas dichosas mariposas en el estómago, como dicen mis amigas. O terminar con el corazón roto, cuando todo acaba.

¿Qué se siente?

A lo largo de mis dieciséis años, solo me ha tocado ser la que consuela, la que reconforta, la que hace de todo para animar hasta en los momentos más inoportunos, sin embargo, eso nunca ha pasado conmigo. ¿Sentir como se te cae el alma a los pies por una persona? Algo ridículo.

Para mis amigas, el amor es muy importante, algo que complementa a las personas de cierto modo, para mí, el amor no es más que una perdida de tiempo. Tiempo valioso que inviertes en una persona que terminará dejándote para irse con otra cuando podrías invertirlo en algo mucho mejor.

Yo lo invierto en mis estudios, sí, para algunos eso debe ser aburrido, pero para mí, es lo que quiero para mi futuro, porque cuando termine el año, empezará uno nuevo, y cuando acabe, estaré orgullosa de dar todo mi esfuerzo. Ahí se debatirá a qué universidad podré ingresar, y si sigo manteniendo mis calificaciones como estudiante sobresaliente, tendré la ventaja de escoger alguna. Al contrario de otros estudiantes, que seguramente tendrán que realizar exámenes de admisión para ingresar a universidades públicas, y los más ricos, lo más probable es que sus padres les paguen la universidad, así que ellos no se esmeran en estudiar, saben que tienen dinero de sobra y eso no es un problema.

Pero en fin, ya me desvíe del tema.

Como dije anteriormente, no tengo tiempo para algo tan absurdo y que seguramente dure días, con mucha suerte, meses. Por eso prefiero mis hermosos y perfectos personajes ficticios de libros literarios.

Otra cosa que me he preguntado. ¿Por qué no puedo sacarlos de los libros, eh? ¿Por qué no existen personas así en la vida real? Aunque si lo pienso de otro modo, tendría muchos novios... Nah, paso.

Tampoco es como si nunca soñara con el chico de mis sueños, por supuesto que sí, es lo que más anhelo, desde que era niña. Pero... eso es casi imposible, además, aún tengo mucho que vivir, tal vez cuando finalice la universidad, pueda decidirme a tener un novio, pero solo quizá.

Además, me he propuesto unas cuántas reglas.

La primera: Ser el mejor promedio de los próximos dos años.

Aunque siempre lo he sido, no espero que sea una alternativa este curso.

La segunda: No salir con chicos a citas.

Solo son una distracción y no me dejarán cumplir con mis metas.

Y finalmente, la tercera: No enamorarme, a menos que sea una gran excepción.

Y lo digo porque el hecho de que te rompan el corazón, es un completo asco, pero al mismo tiempo porque no puedes dejar pasar la oportunidad de estar con el amor de tu vida.

Unos golpecitos se escuchan al otro lado de la puerta y la miro de reojo.

―¡Pasa! ―grito, terminándome de peinar.

Escucho el chillido de la puerta abriéndose, me giro y lo veo mirarme expectante.

―Madi ya está aquí, Abby ―dice mi hermano, Brian. Asiento al instante y tomo mi bolso.

―Ya salgo, solo dame un minuto más.

―Solo uno ―responde, provocando que ruede los ojos.

Cierra la puerta y me miro por última vez frente al espejo de cuerpo entero.

Estoy lista. Hace mucho que no las veo, ya las extrañaba.

Suspiro y salgo de mi habitación, caminando por el amplio pasillo directo hacia la puerta, pero antes de cruzarla, me topo con mamá.

―No regreses tarde ―dice pasando de largo, tomando su bolso que se encuentra a un lado, colgando de un pequeño perchero justo detrás de la puerta.

―¿Papá ya se fue? ―pregunto, mirándola inquisitiva.

―Sí, supongo que viene tarde.

Asiento y ambas salimos de casa. Brian, por otro lado, como no tiene tareas qué hacer de la universidad ni nada por el estilo, él se quedará en casa, jugando con su consola. Hombres.

Apenas salir a la acera, mamá camina directo a la cochera, mientras tanto, yo observo el auto de Madi, con las chicas dentro.

―Hola ―saludo, subiendo a la parte trasera, donde miro a Ariana y Katty.

―¿Por qué tardaste tanto? ―me reprende, ruedo los ojos y niego, encogiéndome de hombros, al momento que veo el auto de mamá abandonar la casa.

―Ya, solo me estaba terminando de arreglar ―asiente de mala gana y acelera, mientras Sam ríe por lo bajo.

A un costado, mi mejor amiga, Katty, me sonríe y me abraza.

―Pensé que no vendrías.

―Pues aquí estoy ―respondo guiñándole un ojo.



Mely Rodd

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Editado: 16.06.2018

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