¡Siii! ¡Yei! ¡Wow! ¡Por fin! ¡Yupi!
¿Se podría ser más feliz? Mónica desprendía destellos de felicidad por donde quiera que la vieran, pues su padre le acababa de dar una inesperada e inigualable noticia, que para ella, era su sueño hecho realidad.
Para crear una gran corporación, se debían fusionar las empresas de las familias Aguirre y Salazar, por lo que habían hecho un acuerdo, arreglando el matrimonio de sus primogénitos, Mónica y Marco.
Un matrimonio arreglado es algo que a cualquiera no le gustaría, que detestaría, pero para Mónica significaba su mayor sueño, su anhelo cumplido.
Pues Marco Salazar, su futuro esposo, no solo era su mejor amigo, era el único hombre que había sido amable y cercano con ella desde su infancia, sino que también era el hombre del que Mónica estaba enamorada en secreto desde que recordaba.
Apenas se enteró de la notica, Mónica llena de ansiedad y emoción, se dirigió a la mansión Salazar, para hablar con su futuro esposo, seguro que él tampoco se esperaba esa noticia, quizás Marco también estaría satisfecho con la decisión de sus padres.
Mónica pensaba y analizaba ¿Qué era peor?, ser obligados a casarse con unos reverendos desconocidos, ¿cierto?
La sirvienta de los Salazar abrió la puerta, recibiendo a Mónica con mucha cortesía, pues era usual que ella los visitara constantemente, ya que Mónica no solo era cercana a Marco, sino también a su hermana menor, Laura.
-Buen día, ¿se encuentran…?-
Mónica no pudo terminar de hacer la pregunta, cuando la sirvienta le respondió
-Ambos hermanos están en el estudio, adelante, pase…
-Gracias- Mónica caminó y respiró profundamente, con el corazón acelerado, ¿qué le diría Marco cuando lo viera?
-Señorita Aguirre… Felicidades por su compromiso.- Dijo la sirvienta con una sonrisa cálida y amistosa.
-Mu… muchas gracias.- Mónica bajó la cabeza completamente avergonzada, sonrojándose.
Parecía que su corazón se le iba a salir del pecho en cualquier momento, las manos le temblaban, las palmas le sudaban, Mónica se acercó lentamente al estudio intentando controlar su respiración, cuando escuchó la voz de su amiga Laura.
-Felicidades hermano…Papá me acaba de contar…
-¿Y me felicitas?- En el tono de voz de Marco se percibía una pizca de rabia y coraje.
Mónica se detuvo de inmediato tras la puerta del estudio, ella lo conocía bien y de inmediato supo que Marco estaba enojado.
-Pues… si… te estoy felicitando…No entiendo, pensé que estarías feliz o por lo menos contento.- balbuceo Laura muy confundida.
-¿Feliz? ¿Por un matrimonio arreglado? ¿Por qué estaría contento? ¿Por qué conozco a Mónica y somos cercanos? Eso lo hace más feo y triste todavía Laura, porque nunca podré sentir amor por ella.
-Pero…pero… te llevas bien con Mónica, eres amable y…
-Pero no la amo, no me gusta, no estoy enamorado de ella y nunca lo estaré…-afirmó Marco con convicción.
Al escucharlo, algo sintió Mónica en su interior, era como si tuviera una herida que la quemaba, toda su felicidad desapareció, todos los anhelos que tuvo alguna vez, los vio destruirse, se sintió pisoteada.
-Marco…- exclamó Laura sorprendida. –Mónica es nuestra amiga-
-¿Nuestra amiga? Ahora mismo, eso lo dudo…
Mónica se estremeció al escuchar sus palabras, Marco ¿no creía en su amistad?
-¿Qué dices?- preguntó Laura confundida.
-Lo he estado pensando mucho Laura, y creo que… fue Mónica quien le pidió a su padre que arreglara este matrimonio, siempre supe que ella está enamorada de mí, pero nunca creí que pudiera ser capaz de planear algo como esto…- dijo Marco.
Mónica seguía afuera del estudio escuchando, ella sentía como el pecho se le estaba oprimiendo con cada comentario y afirmación de su amado Marco, ¿Qué el sabía que estaba enamorada de él? ¡Qué vergüenza! Mónica cerró sus ojos con fuerza.
Pero ¿Cómo? Si ella nunca le había confesado sus sentimientos a nadie, siempre los guardó para sí misma.
¿Para qué le diría a Marco lo que sentía? ¿Para arruinar su amistad? Si el nunca le había mostrado un mínimo de interés más allá de la amistad y además, ella… ella no era como las mujeres con las que Marco salía: hermosas, delgadas y perfectas.
Mónica nunca había tenido esperanzas con Marco, porque era algo llenita, una mujer con muchas curvas y varios kilos de más. Ella se recargó en la pared, sintiendo como se le escapaba una lagrima.
Y ahora Marco pensaba que fue Mónica quien pidió este matrimonio para obligarlo a estar con ella. ¿Cómo él podía pensar algo asì?
-¡Claro que no! ¡¿Cómo dices eso?! ¡¿Te das cuenta de la acusación que haces en contra de Mónica?! Ella es una buena chica, amable y honesta…- gritó Laura, evidentemente molesta.
-Yo… ya no lo sé, los sentimientos y las ambiciones cambian a las personas, no lo olvides Laura…- advirtió Marco.
-Aun asì… Mónica no es esa clase de persona, y me sorprende muchísimo que pienses asi de ella.- dijo Laura.
-¿Ah, sí? Entonces contéstame, ¿Por qué razón de pronto mi padre me obliga a casarme con ella? ¿Para fusionar ambas empresas?, por favor, las empresas están muy bien, los últimos meses los números han estado subiendo…- continuó Marco.
-Yo…- Laura iba a decir algo, cuando de pronto se quedó sin aliento.
-¡¿Mónica?!
La expresión de Laura se desencajó cuando vio a su amiga entrar silenciosamente. Mónica no pude seguir escuchando más tras de la puerta, necesitaba verlo, necesitaba ver a Marco a la cara y que el mismo le dijera todo eso que pensaba.
Marco estaba parado junto a la ventana, viendo el jardín con la mirada perdida, pero apenas escuchó el nombre de Mónica de la boca de su hermana, no pudo evitar voltear y ver que ahí estaba ella, su prometida.
Mónica se veía afectada, su cara estaba muy pálida, sus ojos obscuros estaban cristalizados, las manos temblorosas, ¿Había escuchado toda la conversación? Se preguntó Marco, pero era evidente que sí.