En casa de la familia Aguirre, todos cenaban escuchando el monólogo de Enrique, padre de Mónica, él solo parloteaba de lo feliz y satisfecho que estaba con el próximo matrimonio de su hija.
Mientras tanto, Mónica solo cada vez más al escuchar las palabras de su padre.
Olga, la esposa de Enrique y madre de Mónica, notaba que su hija no estaba bien, el brillo de sus ojos se había apagado, su rostro estaba hinchado y rojo, ella no podía dejar de pensar que algo le estaba sucediendo.
-Hija, ¿te encuentras bien?- dijo de pronto, interrumpiendo a su esposo.
-¡Olga! ¡¿Qué falta de respeto tan grande es esa?!- gritó Enrique arrugando el entrecejo. Olga lo ignoró concentrándose en su hija.
-Yo… este…- Balbuceo Mónica atragantándose con la comida que tenía en la boca.
-¿Qué si está bien?- interrumpió Enrique -¡Ja! Por supuesto que está bien, acabo de arreglar su vida, se casará con el heredero de una importante familia.
-¿Arreglar mi vida?- dijo Mónica despacito, para después levantar el rostro dejando ver sus ojos llorosos y observar a su padre. –No es cierto-
Ella jamás le hubiera respondido a su padre de esa manera, considerando su mal carácter, pero en ese momento el corazón y su mente era un revuelo. Mónica sentía el corazón destrozado, todas sus ilusiones se habían roto, sumado a la vergüenza y humillación que le hizo pasar Marco.
-¿Qué?- Enrique la miró confundido.
-Padre, yo… No quiero casarme con Marco Salazar, tienes que cancelar ese matrimonio.- le dijo Monica.
Olga y Enrique observaban a su hija totalmente impresionados.
-¿Qué? ¡¿Estás loca?! Tienes que casarte con él, ¡¿Qué no estas feliz?! Te vas a casar con el hombre que querías, ¿no es asì?, deberías estar agradecida conmigo, ¡hija malagradecida!
¿El hombre que quería? ¿Acaso todo el mundo sabe que estoy enamorada de él? Pensó Mónica sintiéndose muy apenada, ¿Acaso he sido tan evidente, que todo el mundo lo sabe? Qué vergüenza, ella nuevamente bajó el rostro, respiró profundo y luego lo levantó con decisión.
-¡No puedo, no puedo ni quiero casarme con Marco!- gritó levantándose de su asiento con lágrimas en los ojos. -¡Por qué él… él no me quiere, no quiere casarse conmigo, él me lo dijo!-
Se hizo un minuto de silencio, el ambiente se hizo cada vez más pesado, tenso, solo se escuchaba la respiración agitada de Mónica.
Enrique parecía meditar la situación con una expresión cada vez más enojada, cambiando el color de su cara a un tono enrojecido, Olga observaba a su hija con profunda tristeza.
-¡Tonterías!- Enrique rompió el silencio golpeando con fuerza la mesa, causando que Mónica y Olga se estremecieran.
-¡Diga lo que diga ese imbécil, te casarás con él, todo ya está arreglado!
-¡Pero no me quiere!- insistió Mónica
-¡¿Y eso qué?! ¡¿De cuándo acá es importante que te quiera?! ¡Esto es un negocio, en verdad eres tonta!- dijo Enrique restándole importancia a los sentimientos de su hija.
-Es que…-
-A ti te gusta ese imbécil, ¿no? entonces eso debería ser suficiente para ti, para que seas feliz; ahora te toca hacer tu parte, yo ya te lo puse a tu alcance, ahora enamóralo, a ver si puedes hacerlo- gritó Enrique mirándola con desprecio.
-Pero papá…- musitó Mónica.