La venganza

Capítulo 21 La posibilidad

Mónica no estaba buscando nada.

Eso era lo que más la sorprendía.

Había aprendido a estar sola, a disfrutar los silencios sin sentirlos como castigo. Su vida en el nuevo departamento era sencilla, casi anónima. Nadie la observaba esperando algo de ella. Nadie la corregía. Nadie la necesitaba.

Y entonces apareció la posibilidad.

No como promesa.

Como contraste.

Lo conoció en una librería pequeña, una tarde lluviosa.

—Ese no es el mejor libro para empezar —dijo él, señalando el que Mónica sostenía.

Ella lo miró, divertida.

— ¿Y tú qué sabes?

—Lo he leído —respondió—. Dos veces. Y sufrí las dos.

Mónica sonrió.

—Entonces lo compraré —dijo—. Me gustan los libros que incomodan.

Él rió.

—Soy Julián.

—Mónica.

Nada más.

Empezaron a coincidir sin buscarlo.

Un café cercano.

La misma ruta al atardecer.

Conversaciones sin historia compartida.

Julián no preguntó por su pasado.

No intentó impresionarla.

No quiso saber más de lo que ella ofrecía.

Eso fue lo que la desarmó.

— ¿Siempre hablas con tanto cuidado? —le preguntó él una vez.

Mónica lo pensó.

—Aprendí a medir cada palabra —respondió.

—Yo prefiero equivocarme —dijo Julián—. Es menos agotador.

Ella lo observó.

Pensó en Marco.

En Enrique.

En los socios.

Y en lo cansada que estaba de ser correcta.

Una tarde, Julián la invitó a una exposición.

—Sin compromiso —aclaró—. Solo mirar cosas bonitas.

Mónica dudó.

No por él.

Por lo que significaba decir que sí.

Aceptó.

Durante la exposición, Mónica se sorprendió riendo.

No de nervios.

No por cortesía.

Riendo de verdad.

Julián no la tocó.

No invadió su espacio.

No intentó nada.

—Me gusta cómo miras —le dijo—. Como si siempre estuvieras decidiendo.

Mónica sintió un estremecimiento.

Esa noche, Marco la llamó.

No era habitual.

—Solo quería saber si estás bien —dijo.

Mónica miró por la ventana, la ciudad iluminada.

—Lo estoy —respondió—. Más de lo que esperaba.

Marco guardó silencio.

—Me alegra —dijo al final.

Ella colgó y se apoyó en la pared.

No se sentía culpable.

Se sentía viva.

La tentación no era Julián, era la idea de quedarse.

De no volver, de empezar algo donde nadie le debía nada a nadie.

Y por primera vez, Mónica se permitió pensar:

¿Y si esta vez me elijo sin mirar atrás?




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