La venganza

Capítulo 23 Llegar tarde

Marco no pudo dormir después del mensaje de Mónica.

“Estoy conociéndome… y a alguien más.”

No había reproche.

No había culpa.

Solo verdad.

Y esa verdad le quemaba.

Por primera vez entendió algo que antes se negaba a aceptar:

No la estaba perdiendo por otro hombre,la estaba perdiendo por sí misma.

Y eso era peor.

Al día siguiente tomó una decisión impulsiva.

Fue a verla.

No llamó.

No avisó.

Cuando Mónica abrió la puerta y lo vio ahí, se quedó inmóvil.

—Marco… —dijo con sorpresa contenida—. No debiste venir así.

—Tenía que verte —respondió él—. Hablar contigo.

Mónica respiró hondo.

—No es buen momento.

—Nunca lo es —replicó—. Siempre hay algo más importante que yo.

La frase salió cargada de resentimiento.

Mónica lo miró con cansancio.

—Eso no es justo.

— ¿Justo? —río Marco, nervioso—. Me dejaste. Te fuiste. Y ahora estás con alguien más.

—No te dejé —dijo ella con firmeza—. Me separé para no romperme.

— ¿Y yo qué? —preguntó—. ¿También tenía que romperme?

Mónica guardó silencio.

Eso fue lo que más lo alteró.

— ¿Es él mejor que yo? —preguntó de pronto—. ¿Te da lo que yo no supe darte?

Mónica apretó los labios.

—No es una competencia, Marco.

—Claro que lo es —respondió—. Siempre lo fue. Solo que yo no me di cuenta.

Dio un paso hacia ella.

—Puedo cambiar —dijo—. Lo estoy intentando. Ya no soy el mismo.

—Lo sé —respondió ella—. Y eso importa… pero no borra lo anterior.

Marco sintió el golpe.

—Dame otra oportunidad —pidió—. No como antes. Como ahora.

Mónica lo miró largo rato.

—El problema —dijo finalmente— es que ahora ya sé cómo se siente que no me duela amar.

Marco palideció.

—No puedes compararme con alguien que apenas conoces —dijo, perdiendo la calma.

—No te comparo —respondió ella—. Me escucho.

— ¡Eso es egoísta!

—No —dijo Mónica con firmeza—. Egoísta fue pedirme que me quedara cuando no sabías cuidarme.

Las palabras cayeron pesadas.

Marco bajó la mirada.

—Te amo —dijo de pronto.

El silencio fue absoluto.

Mónica cerró los ojos.

—No —respondió suavemente—. Me necesitas. Y eso no es lo mismo.

Marco sintió que el piso se le movía.

— ¿Ya no me amas?

Mónica tardó en responder.

—Te quise más de lo que debí —dijo—. Ahora no sé qué siento… y no voy a mentir para tranquilizarte.

Marco asintió, derrotado.

—Llegué tarde —susurró.

Mónica no lo negó.

Marco se fue sin discutir más.

No hubo promesas.

No hubo escenas.

Solo una puerta cerrándose despacio.

Mónica apoyó la espalda contra ella y respiró temblando.

No estaba triunfando.

Estaba decidiendo.

Y eso dolía.

Esa noche, Julián le escribió:

“Si hoy no estás bien, no tienes que explicarme nada.”

Mónica sonrió con lágrimas en los ojos.

Y por primera vez, entendió que la verdadera reacción de Marco…

No era lo que él hacía ahora, sino todo lo que no hizo cuando todavía estaba a tiempo.




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