La venganza

Capítulo 25 Volver a mirarse

El reencuentro no fue planeado.

Mónica lo vio desde lejos, en una cafetería cerca de su antiguo departamento. Dudó en entrar. Marco estaba solo, con un cuaderno abierto frente a él, distraído, distinto.

Más delgado.

Más quieto.

Más real.

Estuvo a punto de irse.

Marco levantó la vista y la vio.

El gesto de sorpresa fue inmediato, pero no hubo ansiedad. No se levantó de golpe. No la llamó. Solo la miró, como si estuviera decidiendo algo importante.

Mónica respiró hondo… y entró.

—Hola —dijo ella, acercándose.

—Hola —respondió Marco, cerrando el cuaderno—. Qué… coincidencia.

—Sí —asintió—. No sabía si entrar.

—Hiciste bien —dijo él—. Me alegra verte.

No hubo tensión incómoda.

Tampoco cercanía forzada.

Se sentaron.

—Te ves bien —dijo Marco después de un momento.

Mónica lo observó con atención.

—Tú no —respondió con honestidad—. Pero te ves distinto.

Marco sonrió apenas.

—Es lo que hay cuando uno deja de fingir que está bien.

Pidieron café.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue cuidadoso.

—No vine a pedirte nada —dijo Marco de pronto—. Solo… quería que supieras que estoy trabajando en mí.

Mónica lo miró sorprendida.

— ¿Por qué decírmelo?

—Porque antes lo habría hecho esperando algo —respondió—. Ahora no.

Eso la desarmó un poco.

—He estado en terapia —continuó Marco—. Y no para recuperarte. Para entenderme.

Mónica sintió un nudo en el pecho.

—Me alegra —dijo—. De verdad.

—Aprendí algo incómodo —añadió—. Que muchas veces te pedí que te quedaras… cuando yo no sabía quedarme contigo.

Mónica bajó la mirada.

—Eso dolió mucho —admitió.

—Lo sé —dijo Marco—. Y no quiero justificarme. Solo… hacerme cargo.

Mónica levantó la vista.

—Estoy conociendo a alguien —dijo con calma.

Marco asintió.

—Lo sé.

— ¿Te duele?

—Sí —respondió sin rodeos—. Pero ya no quiero que eso determine lo que haces.

Mónica sintió algo nuevo: respeto sin estrategia.

—No sé qué va a pasar —dijo ella—. Ni contigo ni con nadie.

—Está bien —respondió Marco—. Yo tampoco. Por primera vez… no me da terror no saber.

Se miraron en silencio.

Había historia ahí.

Pero ya no había exigencia.

Cuando se despidieron, Marco se levantó primero.

—Gracias por entrar —dijo—. Y por no tratarme como al villano de tu historia.

Mónica sonrió con tristeza suave.

—Nunca fuiste el villano —respondió—. Fuiste parte del aprendizaje.

Marco asintió.

—Cuídate, Mónica.

—Tú también, Marco.

Mónica salió con el corazón revuelto, pero en calma.

No había regresado.

No había cerrado nada.

Pero algo se había acomodado.

Y mientras caminaba, entendió que el verdadero reencuentro no había sido entre ellos…

Sino con la posibilidad de mirarse sin deuda, sin miedo, sin promesas falsas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.