La venganza

Capítulo 26 Lo que no se dice

Mónica no pensaba contarle a Julián.

No por mentira, sino porque el reencuentro con Marco no había significado una acción, sino una sacudida interna. Algo que todavía no sabía cómo nombrar.

Pero Julián lo notó.

No preguntó de inmediato.

Esperó.

Eso, otra vez, fue lo que lo volvió distinto.

Estaban en su departamento, cocinando juntos. Nada especial. Música baja. Vino abierto. Julián la observó mientras Mónica cortaba verduras con una concentración que no era normal.

—Estás lejos —dijo él con suavidad.

Mónica se detuvo.

—Me encontré con Marco hoy.

Julián no reaccionó de inmediato.

— ¿Cómo fue? —preguntó.

No hubo celos en la voz.

Pero sí atención.

—Honesto —respondió ella—. Incómodo. Necesario.

Julián asintió lentamente.

— ¿Y qué te movió?

La pregunta fue directa. No acusatoria.

Mónica dejó el cuchillo.

—Más de lo que esperaba.

Ahí cambió el aire.

—Mónica —dijo Julián con cuidado—, no necesito detalles… pero sí claridad.

Ella lo miró.

— ¿Sobre qué?

—Sobre si estoy entrando en algo que todavía no terminó.

El silencio se volvió denso.

—No estoy volviendo con él —dijo Mónica—. Pero tampoco puedo fingir que no significa nada.

Julián respiró hondo.

—No me asusta que tengas pasado —respondió—. Me preocupa ser un intermedio.

La palabra quedó flotando.

Intermedio.

—No lo eres —dijo ella, aunque no sonó del todo segura.

Julián lo notó.

—No te estoy pidiendo exclusividad —continuó—. Te estoy preguntando si estás emocionalmente disponible.

Mónica cerró los ojos un segundo.

Esa pregunta no se la había hecho nadie antes.

—No lo sé —admitió—. Y no quiero mentirte.

Julián asintió.

—Gracias por eso.

Se sentaron en silencio.

—Me importas —dijo él al final—. Pero no quiero ser el lugar donde te escondas mientras decides.

Eso le dolió.

Porque era verdad.

— ¿Qué necesitas ahora? —preguntó Mónica.

Julián la miró con una honestidad tranquila.

—Espacio —dijo—. No distancia emocional, pero sí tiempo para que aclares qué quieres… sin mí empujando, sin él tirando.

Mónica sintió un nudo en la garganta.

—No quiero perderte.

—Entonces no te pierdas tú —respondió.

Esa noche no hubo beso.

No hubo discusión.

Solo una pausa.

De las que pesan más que un portazo.

Horas después, Mónica caminaba sola por la ciudad.

Marco había cambiado.

Julián no exigía.

Y por primera vez, nadie la empujaba a elegir rápido.

Eso era lo más aterrador.

Porque ahora la decisión no era entre dos hombres.

Era entre no repetir o arriesgarse de verdad.

Mientras tanto, Marco, sin saberlo, también sentía la tensión.

Algo se estaba moviendo.

Y esta vez, no había estrategia posible.

Solo verdad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.