La venganza

Capítulo 29 Lo que regresa sin permiso

La llamada llegó a las seis de la mañana.

Mónica la ignoró al principio. Nadie que llamara a esa hora traía buenas noticias. Cuando el teléfono vibró por tercera vez, miró la pantalla.

Número desconocido.

— ¿Sí? —respondió con voz dormida.

—Señora Salazar —dijo una voz formal—. Le hablamos del despacho legal Andrade & Asociados. Representamos a un grupo de inversionistas internacionales vinculados a la fusión Aguirre.

Mónica se incorporó en la cama.

— ¿Qué ocurre?

Hubo una breve pausa.

—Se ha iniciado una investigación formal. Y su nombre aparece como testigo clave… y posible implicada indirecta.

El silencio cayó pesado.

— ¿Implicada en qué? —preguntó, ya completamente despierta.

—En decisiones estratégicas tomadas antes del reajuste directivo. Necesitamos que comparezca.

La noticia se propagó rápido.

No en los medios.

En los círculos correctos.

Correos urgentes., mensajes ambiguos, miradas que volvían a evaluarla.

El pasado, ese que había logrado dejar en pausa, volvía a tocar la puerta.

Y esta vez, no era personal.

Era legal.

Marco se enteró ese mismo día.

No por ella.

Por su padre.

—Esto se está complicando —dijo Enrique, sin rodeos—. Y tu esposa está en el centro.

Marco apretó los dientes.

—Está separada de mí.

—No para ellos —respondió Enrique—. Siguen viéndolos como un frente.

Marco entendió el peligro de inmediato.

— ¿Qué estás insinuando?

—Que alguien va a caer —dijo Enrique—. Y no pienso ser yo.

Marco colgó sin responder.

Por primera vez, el enemigo no era emocional.

Era real.

Julián también lo supo.

No por contactos, sino por Mónica.

—No quiero meterte en esto —le dijo ella esa noche—. Se va a poner complicado.

Julián la miró con atención.

— ¿Complicado cómo?

—Exposición. Presión. Pasado que vuelve a ser arma.

Julián asintió lentamente.

—Entonces dime algo —dijo—. ¿Quieres que esté… o que me haga a un lado?

La pregunta no tenía dramatismo.

Tenía límite.

Mónica sintió el peso de la decisión acercarse.

—No lo sé aún —admitió—. Y no quiero pedirte que aguantes algo que no te corresponde.

Julián la miró con una mezcla de cariño y firmeza.

—Yo no aguanto. Elijo. Y solo puedo hacerlo si tú también eliges.

Días después, la citación llegó oficialmente.

Fechas.

Firmas.

Riesgos.

Mónica entendió lo que estaba en juego:

Su nombre.

Su independencia.

Su futuro.

Y también entendió algo más incómodo:

Marco podía ayudarla.

Tenía contactos.

Tenía experiencia.

Tenía acceso.

Pero pedirle ayuda significaba volver a entrelazarse.

Esa noche, Marco apareció frente a su puerta.

No impulsivo.

No desesperado.

Preparado.

—Puedo ayudarte —dijo sin rodeos—. No como esposo. Como alguien que conoce ese sistema y sabe cómo se defiende.

Mónica lo miró en silencio.

— ¿A qué costo? —preguntó.

—A ninguno —respondió—. No te voy a pedir nada a cambio.

Ella sostuvo su mirada.

—Antes tampoco pedías… lo cobrabas después.

Marco aceptó el golpe.

—Por eso te lo digo ahora —respondió—. Si dices que no, me voy. Y no vuelvo a ofrecerlo.

Horas más tarde, Julián le escribió:

“Sea lo que sea que enfrentes, no quiero ser el hombre al que ocultas decisiones importantes.”

Mónica cerró los ojos.

El giro estaba completo.No era una elección romántica, era una elección de alianza.

¿Volver al pasado para protegerse?

¿O avanzar sola, aun con riesgo real?

La decisión ya no podía esperar…




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