La venganza del millonario

7. ¿Cambiar?

Fernando

Las casualidades en esta vida existen; sin embargo, cuando estas se vuelven constantes solo significan una cosa, y eso es que no es casualidad.

Los encuentros con ella todos han sido perfectamente planeados, salvo el primero. Que ella me vea hasta en la sopa es una manera de jugar con su mente, porque espero que cuando se dé cuenta en realidad quien soy pueda causarle el mismo dolor que ella me causó a mí.

Con el tiempo me he vuelto su amigo, ese a quien le cuentas tu día a día, el que le compartes sus cosas. A pesar de eso me doy cuenta de que hay algo que no me cuenta y puedo saber de qué se trata, obviamente a nadie le gustaría saber un pasado tan turbio como el de ella. Todavía no logro saber cómo es que ella redimió su camino o en qué momento fue eso. Tal vez su cambio tenga que ver con sus abuelos viejos y cansado.

No importa que tan buena sea ahora, ella necesita pagar por lo que hizo.

Estoy envuelto en mis pensamientos, lo que me hace volver al presente es una llamada entrante, como cada día ella me habla, porque a pesar de que ahora vive en un rancho lejos de la ciudad, eso no quiere decir que se olvide de su hijo.

—Hola, mamá —Saludo sabiendo a la perfección que es ella.

—¿Qué son esas formas de saludar? —Sin darme cuenta parece que le hable con fastidio, posiblemente por lo que estaba pensando.

—Perdón ma, es que estaba arreglando unos asuntos del negocio.

—Te voy a creer. Ahora cuéntame, ¿Cómo va la escuela?, ¿Cuándo vienes a México? ¿Vendrás a pasar las fiestas de fin de año?

—Tranquila, ma, una pregunta a la vez. La escuela va bien mamá, sabes que estoy por terminar, este es mi último año —le cuento sobre cosas banales de la escuela, no quiero entrar en detalles turbios.

—¿Ya al fin encontraste a tu media naranja? —No hay llamada en la que ella no me pregunte eso y precisamente ahora esa cuestión me tiene un poco nervioso.

—Estás muy solo en ese país tan lejano, ven a visitar a tu familia, tus hermanos están pensando venir todos a pasar las fiestas aquí en el rancho. —Los últimos meses lleva diciendo eso, no hay llamada en la que no me pida que viaje.

—De acuerdo madre, iré a México. Ahora tengo que dejarte, te hablo mañana. —Ya había tomado la decisión hace tiempo. Necesito alejarme un poco de todo esto.

La misma mentira de siempre, prometo hablarle y es ella quien termina haciéndolo porque a mí se me olvida.

—Te amo, hijo.

Cuelga.

Me llevo las manos al cabello, alborotándolo, es una manera de quitarme un poco el estrés en el que estoy viviendo, hay situaciones que no puedo manejar y por más que me obligue a aliviar mi alama, no funciona, ni siquiera porque al fin la tengo en mis manos.

Antes de irme necesito dejar en claro una cosa, porque no quisiera que al volver me encuentre con alguna sorpresa, o que ella esté con alguien más, entonces todo mi esfuerzo se habrá ido a la basura.

Recuerdo enviarle algún mensajito lindo, y así comenzar el día.

La veo por un rato en las clases, pero no puedo abordarla aquí, necesito un espacio seguro para mí. Al final de la jornada la busco con la mirada y la observo, está sentada en el pasto sosteniendo un libro en su regazo mientras ve a la nada, como si estuviera perdida en sus pensamientos.

Como quisiera poder leer la mente para descubrir lo que piensa.

—¡Qué bonita casualidad! —la saludo y me siento junto a ella sin ser invitado—, ¿qué lees? —Tomo el libro sin permiso y lo ojeo. Como siempre, tiene que ver algo con negocios.

—Ya deberías de darte por vencida, parece que los negocios no son lo tuyo —bromeo con ella.

Este trato que tengo con ella, es planeado, tiene que ser así, ella debe de confiar en mí. O es lo que me repito una y otra vez para no caer en su juego, para que el cazador no termine cazado.

—Lo dirás de broma, pero estoy creyendo que es así, cada vez estoy más segura de que elegí la carrera equivocada. —Suspira y de nuevo se pierde en sus pensamientos.

Tengo lástima de ella, enseguida borro ese sentimiento de mi corazón. Parece que ella no quería estudiar esto y siendo sinceros, yo tampoco, mejor dicho, alejarme de mi familia jamás estuvo en mis planes, pero nadie puede tener todo en la vida, ¿no? Yo quería estudiar otra cosa; sin embargo, aquí me tienen, además, ya le agarré el gusto a esto.

—No pienses tanto, te conozco y sé que eres buena en cualquier cosa que hagas. Tienes un poder de convencimiento impresionante. —Esto último lo digo con toda la intención del mundo, porque es la verdad, ella con sus palabras dulces puede hacer caer hasta al más duro de corazón, uno como ella misma.

—Lo dices demasiado convencido, es que, ¿acaso sabes algo que yo no? — Mi semblante cambia, por supuesto que, sé algo más de ella, algo que no ha querido reconocer, pero que algún día le echaré en cara.

—Hola, par de enamorados.

Por primera vez agradece la intervención de esta mujer porque estaba a punto de decir alguna tontería que me podía dejar al descubierto. Alice no me cae del todo bien y la razón es que parece que pudiera ver a través de mí, recuerdo a la perfección una conversación que un día tuvo conmigo:




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