El reloj marca las 6:00 de la mañana. Sonando para empezar un nuevo día.
Me froté los ojos, me levanté y callé el reloj con un golpe. Este maldito reloj, qué molesto.
—Oye, Dennis, hoy es tu primer día: ya levántate.
—*Suspiro*. —Ya voy, mamá.
Así que hoy es el día. Mi primer día en la secundaria. Me preparé apropiadamente: uniforme bien puesto, bien peinado, bueno, en resumen, todo perfecto. A punto de salir hacia la secundaria.
—Bueno, mamá, ya me voy. —Abracé a mi madre.
—Sí que te vaya bien. —Acariciándome la cabeza.
Calmado, caminando con un sueño que me hacía bostezar cada 5 minutos.
*Bostezo*. Qué fastidio, de verdad quería seguir durmiendo.
Pero bueno, mi madre dice que el primer día siempre hay que empezarlo de la mejor forma. Las calles están muy silenciosas hoy; al parecer no hay mucho tráfico. Al seguir caminando, encontré la secundaria. Es más grande de lo que yo pensaba.
¿Por qué no hay nadie afuera? ¿Habré llegado tarde? Se supone que en estos tableros de acá...
Ah, ya veo, soy de la clase 2. Busqué por toda la secundaria, por aquí y por allá, pero no lograba encontrar mi clase.
—Esta secundaria parece un laberinto. —Me llevo las manos a la cabeza.
Vi una puerta que estaba justo al lado de mí. Vamos a probar suerte con esta.
—Abrí la puerta. —Buenos días, ¿esta es la clase 2 de primer año?
Los estudiantes se me quedaron mirando. Que verguenza
—Pero si eres tú, Dennis. —Sonrió el profesor.
-¿Profesor?
¿Qué hace aquí, mi profesor de la primaria?
—Estudiante levanta la mano. —¿Profesor, lo conoce?
—Profesor, pone su brazo apoyado en mi hombro. —Fue mi estudiante cuando yo todavía les daba clases a los de primaria. Trátenlo bien.
—Toda la clase: Sí, profesor.
—Murmuro a mi oído. —Dennis, cuando acabe la clase, quiero que vengas a la sala de profesores. Mientras, siéntate en ese asiento libre de allá atrás, cerca de la ventana.
—Está bien. —Respondí.
Me senté y el profesor siguió con la clase. ¿De qué querrá hablar conmigo? Hace un tiempo que no nos vemos por las vacaciones de verano. Esta intriga es un poco incontrolable. Me recosté en el escritorio, cerré poco a poco los ojos hasta que me quedé dormido.
Sonó la campanada y los alumnos se fueron retirando poco a poco hacia el comedor. Me desperté por el ruido, me froté los ojos y noté que no había nadie en el aula. Mierda, ¿qué hora es? Me quedé dormido.
—Hasta que por fin despiertas, dormilón.
El profesor sentado, mirándome frente a frente y muy de cerca.
—Me echo para atrás de la impresión y me doy un golpe en la cabeza contra el piso. —Ay, qué dolor.
—Me levanto y me siento en la silla de nuevo. —Oiga, profe, no me dé esos sustos.
—Anda, ni que mi cara fuera tan fea. —Aguantando la risa.
—*Suspiro*. Bueno, ¿qué es lo que quiere?
El profesor puso una cara más seria. Se dirigió a la pizarra.
—¿Qué pasa?
—Dio un golpe a la pizarra. —A partir de hoy abandonarás esta secundaria.
—Calmado, mire al profesor. —Dime, profesor, que tú estés trabajando aquí. ¿Es casualidad?
El profesor me miró sorprendido, y se rio a carcajadas.
—Ja, ja. Vaya, no esperaba menos de mi mejor alumno. Claro que no es casualidad.
Este profesor siempre vivía acosándome. Incluso llegué a saber por error que se excitaba por mis altas calificaciones.
—Esa cara que pones, cómo me gusta. —Sacaba la lengua y miraba hacia arriba.
Es un verdadero pervertido y degenerado.
—Vamos, deja tus fantasías de una maldita vez y dime: ¿por qué debo abandonar la secundaria?
—*Tose*. Perdón, creo que me he salido del contexto.
Qué insoportable.
—Dejarás la secundaria. —Escribiendo en la pizarra.
—Para entrar a la preparatoria.
En la pizarra escribió "Preparatoria", marcándolo con un gran círculo. ¿Entrar a la preparatoria tan rápido?
—¿La preparatoria? Te volviste loco, profesor.
—Estoy hablando muy en serio, Dennis. Desde que estabas en la primaria destacabas por tus altas calificaciones; eran tan perfectas que mucha gente te ha echado el ojo.
¿Por qué le tienen tanta estima a un niño de 12 años?
—Has ganado concursos, trofeos, incluso... —Abre los brazos hacia Dennis. Te mantuviste desde siempre como el mejor.
—Sí, ya te entiendo. —Me paré de la silla. Pero aun así yo elijo cómo vivir mi vida, así que olvida eso.
—Ya es demasiado tarde.
Miré al profesor confundido. ¿Cómo que demasiado tarde?
—Mostró una sonrisa grande. —Ya te inscribí en una preparatoria.
—¿Quién te dio permiso para hacerlo? —Me puse serio.
—Y eso a quién le importa. —Alzo el brazo y me señalo con el dedo.
—El punto es que no tienes otra opción que ir. Incluso firme los papeles. —Me tiró los papeles en el escritorio.
Me quedé sorprendido mirando los papeles.
—El profesor fue caminando lentamente al escritorio de Dennis. —Mañana en la mañana empezarás en tu nuevo lugar.
—Agarre al profesor por la ropa con una mirada cortante. —Escúchame bien, profesor: si te vuelves a entrometer en mi vida, lo pagarás muy caro.
Estoy bastante molesto; este pervertido de mierda en serio que no lo soporto.
—Ja, tú no asustas ni a una mosca. Ni siquiera lo intentes.
—Suelto al profesor. —No crea que estoy bromeando.
—Sí, sí, ya te entendí. —Fue caminando hacia la salida del aula.
—Espero disfrutes tu nuevo lugar de estudios, ja, ja.
Qué remedio, tendré que asistir a esa preparatoria de la que tanto habla. Solo espero que ese degenerado no llegue a estar ahí. Me daría escalofríos; con solo pensarlo ya es repugnante. Y ahora, ¿cómo se lo explico a mi madre? *Suspiro*, qué agotador.