Llegué demasiado temprano, ni siquiera sé por qué. *Bozteso*. Entro al aula. Me percaté de que Hina estaba sentada en mi escritorio. Me dirijo hasta mi escritorio.
—*Suspiro*. ¿Podrías apartarte? Estás en mi lugar. —Hina me miró de reojo. —Anda, llegaste muy temprano. —Di un golpe al escritorio. La miré cara a cara. —Te dije que te pararas. —Qué miedo. —Dijo en forma de burla. —Hina con una cara calmada y sonrisa burlona, se paró de la silla. —Con esa actitud nunca conseguirás una novia. —Como si eso me interesara; además, esta no es tu aula. ¿Qué haces aquí? —Solo venía a saludar. —Me gustaría que no volvieras. —Hina fue caminando hasta la salida del aula. —Voy a volver, aunque tú no quieras. Recuerda, algún día te irás. —Me miró con su sonrisa aterradora y después se esfumó.
Me senté con calma en mi lugar. Mirando al techo. Tremenda suerte tengo, je, je. Debería venir más tarde a partir de mañana. Bueno, mientras pasa el tiempo, leeré un poco. El aula quedaba en completo silencio; sin darme cuenta, una chica todavía no había entrado al aula. Seguía afuera por alguna extraña razón.
—Que digo, ¿cómo lo puedo saludar de forma normal? —Ella lo miró. —Está leyendo; bueno, seguro no se da cuenta de mi presencia. —Ella fue caminando hasta su lugar. —Yo seguía leyendo el libro. —Qué bueno, no miro hacia aqu... —La silla hizo un leve sonido. —Mire a mi lado.
Oh, es la chica de aquella vez, de la goma de borrar.
—Buenos días. —Sonreí. —Bu... enos días. —Responde con vergüenza. —Vuelvo a seguir leyendo mi libro.
Qué vergüenza. Pero al menos no lo he molestado.
—La chica me sigue mirando. —Voltee a verla y ella volteó a ver su escritorio.
¿Qué está pasando? Pensé confundido.
—Le di toquecitos en el brazo y ella volteó a verme. —Oye, ¿pasa algo? —No, claro que no. —¿Segura? —Sí. —Bueno, si tú lo dices. —Volví a mi libro. —He querido hablar, pero porque tengo tanto miedo. Ahora va a pensar que soy una rarita. —Supuso ella. —Este libro está bien bueno. —Pensé. —Mire a ella. —Se le salía una mueca algo graciosa. —Aguantaba la risa. —No, no te rías. —dije a mí mismo. —Es algo rara.
—Oye, ¿te gusta leer? —le pregunté a la chica, sonriendo. —Sí, algo así. —A mí también me gusta la ficción, aventura, bueno, casi cualquier género. —La chica miró de reojo al escritorio, avergonzada. —A mí me gustan los romances. —Oh, qué bien. —¿Y qué estás leyendo? —preguntó la chica. —Una novela juvenil, “El Cuerno de Cristal”. —Oh, ¿y está bueno? —pregunto entusiasmada. —Yo no acostumbro a leer novelas juveniles, pero te puedo decir que esta me atrapó. —Ah, qué bien, tal vez lo lea. —Me paré de mi silla y le dejé el libro en su escritorio. —De verdad me lo darás. —Claro, ya me lo he leído demasiadas veces. —¿Estás seguro? —Que sí, tranquila. —Sonreí para tratar de calmarla. —Bueno, entonces lo leeré en casa. —Pone el libro en su mochila. —Ah, y por cierto, me llamo Dennis, es un placer. —Dije con cara calmada. —Yo me llamo Diane. —Me sonrió. —Es un gusto.
Más tarde llegó el profesor y todos los demás al aula. La gente al entrar me miraba de una manera peculiar, aunque yo no le tomé importancia.
—Bueno, queridos alumnos, hoy harán un examen especial. —Dijo el profesor con una sonrisa. —¿Qué? —gritó toda el aula. —¿Un examen tan pronto? —pensé. —Hey, chicos, tranquilos. Dejen de armar tanto alboroto. —Profe, no entiendo, ¿por qué un examen ahora? —dijo un estudiante. —Ahora se los explico. —El examen consiste en hacer una maqueta sobre el sistema solar. —Todos empezaron a quejarse. —El profesor dio un golpe a su mesa. —Cállense y déjenme hablar. —Todos se callaron. —Bien, ustedes harán una maqueta sobre el sistema solar. Tendrán dos semanas para hacerla. —Un estudiante levanta la mano. —¿Y por qué exactamente el sistema solar? —No lo sé, pregúntale al director. La cuestión es que tienes que formar equipo con la clase de al lado. Sus compañeros serán asignados con esta caja que traigo aquí. —Otro estudiante levanta la mano. —¿Y cómo sabremos cuál estudiante nos tocó? —Muy fácil. —El profesor saca un papel de la caja. —Depende de la inicial del nombre de cada estudiante, si hay dos estudiantes que se llaman igual, entonces se añadirá una letra adicional al papel y así se identificará más fácil.
Es la primera vez que veo algo como esto. Colaborar con otras clases.
—Bueno, entonces vengan de uno en uno. —Se formó una gran fila en la que tuve que esperar mucho. —Saque el papel y sus iniciales. —¿Hi? Espera, no creo que sea ella. Sería demasiada casualidad. —Sonó la campana, la hora de salida. —Bueno, alumnos, recuerden, el trabajo es para la semana que viene. —Salí del aula; al lado estaba Hina. —Gire y trate de ignorarla. —Ella me agarró del hombro. —¿Qué es lo que quieres? —dije con voz calmada. —¿Qué iniciales te tocaron? —dijo con una sonrisa engreída. —Hi. —Wow... —Me volteo a verla. —Qué casualidad. —Dijo mostrándome el papel con las iniciales Den.
Salimos caminando los dos juntos. No tengo otro remedio, tengo que aprobar.
—Esto es solo por el examen, no intentes nada raro. —Ella me miró de reojo. —¿Algo raro, como qué? —Con una mirada cortante le dije: Estoy hablando en serio.
Después de eso no hablamos por todo el camino hasta llegar a mi casa. Ahora que me lo pregunto, ¿por qué elegí mi casa en primer lugar?
—Le di 3 toques a la puerta. —Mamá, ya regresé. —Hina me miraba fijo. —¿Qué pasa? —No es nada. —dijo Hina. —Abre la puerta. —Oh, buenos días. —Dijo mi mamá. —Buenos días. —Dijo Hina. —Vamos, pasen. —Hina, tú puedes subir a mi cuarto, es el primero a la izquierda. —Está bien. —Dijo Hina. —Mamá, ¿Papá todavía no ha venido? —No, ha estado un poco ocupado hoy. —Pero eso ahora no es lo crucial, dime quién es esa chica. —Una compañera de la prepa. —¿Solo eso? —Solo eso. Tenemos un trabajo importante que hacer, así que estaremos en el cuarto. —Dime si necesitas algo, mamá. —Fui caminando hasta mi cuarto. —Oye, espera, cuéntame un poco más. No me dejes con la intriga.