La vida en soledad

Capitulo 4

Acepté ir con ella al supermercado, pero no me gusta estar con una persona que está al nivel de un acosador. Por lo que me he puesto en guardia por todo el camino.

—La noche, ¿no está hermosa? —dijo Hina emocionada. —Sí, supongo. —Dije con incomodidad. —Se puso enfrente de mí. —Qué respuesta más seca. —Dijo en tono de burla. —Me quedé callado y seguí caminando. —Ella me miró desde la espalda con asombro. —Sentí que alguien me levantaba. —No pesas nada, je, je. —Dijo Hina tratando de burlarse. —Pero bueno, ¿y a ti qué te pasa? Bájame ya. —Dije enfadado. —Si no hablas conmigo, no te dejaré tranquilo. —Deja de burlarte de mí y ya déjame. —¿Tienes miedo a que te suelte o qué? —dijo Hina. —Mire hacia abajo.

Está un poco alto.

—Deja de decir tonterías, claro que no tengo miedo. —Así que no tienes miedo. Entonces... —Me suelta de imprevisto.

Mierda, ahora que lo pienso, sí está bastante alto.

—Asustado, caía poco a poco. —Veía cómo Hina estaba muy despreocupada y riéndose. —Hina me volvió a agarrar. —Ja, ja, ja, hubieras visto tu cara, qué chistosa. —Hina vio mi rostro y se percató de que estaba envuelto en lágrimas, con cara enojada. —Uy, creo que me pasé de la raya. —Me soltó, con los pies en el suelo. —Hina sacó un pañuelo y me secó las lágrimas. —Lo siento. —Dijo Hina con cara de arrepentimiento.

De un momento a otro, empezó a llover.

—Oye, Dennis, apresurémonos rápido.

A causa de la lluvia tuvimos que correr todo el camino. Hasta que llegamos al supermercado.

—Hina entra al super. —Estoy empapada. —Entré al super. —Qué lluvia más repentina. —Dije mientras contemplaba el super. —Bienvenidos. —Dijo la cajera del super. —Me suena el teléfono. —¿Qué será?

¿Un mensaje de mamá? A ver, dice:

Si tienes la oportunidad, pásate por el super y cómprame 2 botellas de ketchup y aceite.

Mamá, se te ha olvidado darme algo en que llevarlo. *Suspiro,* reviso en mi otro bolsillo. Saco lo que hay adentro. Una ¿java de nailon? ¿Cuándo metiste esto ahí?

—¿Un mensaje de tu mamá? —preguntó Hina mientras mira mi teléfono. —Sí, quiere que le compre unas cosas. —Ah, ya veo. Yo ya terminé mis compras, así que te espero afuera. —Dijo Hina.

¿En qué momento compró todo eso?

—Sí, está bien. —Y que no se te olvide comprar un paraguas. —Lo dice mientras me muestra el suyo.

Claro, todavía está lloviendo. Agarré todas las cosas que me había pedido mi madre.

—Son 70$. —Dijo la cajera. —Le pagué y mire afuera del super. —Un chico con aspecto de delincuente está hablando con Hina. —Está en problemas. —Dije.

—Te estoy diciendo que no. —Dijo Hina. —No te resistas, vamos, solo una noche. —No. —Dijo Hina enfadada. —Salí del super. —Oye, Hina, ya terminé. —¿Dennis? —dijo sorprendida. —Pero, ¿qué tenemos aquí, es tu hermano? —dijo el delincuente. —Agarre a Hina del brazo. —Anda, vámonos. —Traté de alejarme de él. —El delincuente me agarró del hombro. —¿A dónde crees que vas? Todavía no he terminado de hablar con ella. —Lo miré con el ceño fruncido y enojado. —La estás molestando. —Dije. —Tienes agallas, chico. —Dijo el delincuente con voz de enfado.

—Me empuja bruscamente. —Ay. —dije a causa del dolor del impacto. —Me agarró de la ropa. —Qué valiente eres, parecías un príncipe protegiendo a su princesa, ja, ja. —Dijo en tono de burla. —Mire a Hina. Parecía preocupada y con miedo. —Me golpea la cara. —¿Dónde estás mirando? Te estoy hablando. —Dijo con arrogancia. —Dennis. —Dijo Hina. —Tranquila, déjame esto a mí, solo vete. —No, no te dejaré solo. —Grito Hina. —Vete. —Grité con todas mis fuerzas.

—Me da un cabezazo. —Hina se fue corriendo, no pude ver hacia dónde. —El delincuente trató de perseguirla. —Lo agarré del pelo. —Oye, recuerda que estoy aquí. No dejaré que le hagas nada. —Dije al delincuente. —Me lanzo contra el cristal del super. Quedando yo adentro.

Con cortes en los brazos. Y vidrios enterrados en mis brazos, cara y espalda.

—¿Qué fue lo que pasó, oye, me escuchas? —dijo la cajera preocupada. —Abrí los ojos y vi que ella no estaba. Me dio tremendo alivio saberlo. —Sentí dolor en todo mi cuerpo. Con los ojos entrecerrados. —Oi sonidos de las sirenas de ambulancia y la policía. —El delincuente entró al super. —Conque aquí estabas. —Dijo el delincuente mientras me levantaba por la ropa. —Te voy a partir la mandíbula. —dijo con enfado. —Mire cómo estaba preparado para darme un golpe. —Al ver el puño acercándose, cerré los ojos. —Entraron varios agentes de policía. —Atrápenlo. —Gritó un policía. —Un policía enredó al delincuente con su garrote en el cuello. —Suéltanme ya. —Dijo el delincuente. —El delincuente me soltó y caí al suelo. —Otro policía agarró las esposas, arrestó al delincuente y de paso le dio 3 o 4 golpes con su garrote. —Mira lo que has hecho, lo pagarás todo en la cárcel —dijo otro policía.

Después de la nada, me desmayé. Fui llevado al hospital donde me sacaron cada uno de los pequeños pedazos de los vidrios. Mi madre, al enterarse de lo que me pasó, me vino a ver en el hospital, mi padre también vino de alguna manera. Los doctores dijeron que no era nada grave y me vendaron varias partes del cuerpo. En la cara solo eran unas pequeñas curitas. Solo falté un día a la preparatoria, donde me la pasé bien aburrido en el hospital. Hina no me vino a ver una sola vez, aunque yo no esperaba que lo hiciera. Al día siguiente me dieron el alta.

—Sentado en mi cama vistiéndome para salir a la preparatoria. —¿Estás seguro de que vas a ir? Si te duele todavía... —Dijo mi mamá. —Tranquila, mamá. —Moví el brazo. —¿Ves? Ya no me duele. —Está bien, como digas. —dijo mi madre. —Oye, Dennis. —Dijo mi padre. —¿Y tú cuándo entraste? —dije sorprendido. —Hoy no trabajo, podemos jugar cuando vengas. —Ja, ja. Ya no tengo 5 años, papá. —Me terminé de vestir. —Pero... —Le doy un toque en el hombro. —Cuando quieras, echamos un duelo. —Dije motivado. —Ya lo dijiste. —Dijo mi padre motivado. —Pero no hagan un escándalo; al final es ajedrez. —Sí, señora. —Dijo mi papá.




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