La vida en soledad

Capitulo 5

Hina y yo fuimos caminando por los pasillos de la prepa. Al menos ella salió bien en todo esto. Yo ya estoy satisfecho. Salimos de la prepa y nos dirigimos a la máquina expendedora. ¿Me querrá dar algo? No, seguro quiere burlarse de mí.

—Hina se volteó a verme. —Miro a otro lado con cara de arrepentimiento. —Yo...

¿Por qué tiene esa cara?

—Perdón por lo que pasó ayer. Acabaste con varios cortes, incluso en la cara. —Dijo Hina. —Me toqué el rostro. —No pasa nada, ese tipo te estaba toqueteando. No podía quedarme sin hacer nada. —Sonreí para calmar la situación. —Hina fue a la máquina expendedora. —Compro una soda y me la ofreció. —Toma, son las que te gustan. —Gracias. —Agarre la soda, le di un sorbo. —¿Cómo sabías que me gustaban justo de este sabor? —¿Recuerdas el día que nos conocimos? Por casualidad vi la lata que habías tirado al suelo. —Ah, ya entiendo.

Este comportamiento no es algo que haría o diría ella. Ella siempre trata de buscar algo sobre lo que burlarse. No sé qué está pasando.

—Déjame ver. —Dijo Hina mientras me sujetaba el rostro. —Frunció el ceño. —Cerré los ojos. —¿Por qué los cierras? —preguntó Hina. —Es lo correcto. —Oh, un corte en el cuello. —Sí, me corté casi todo el cuerpo. Fue algo doloroso. —Hina, me agarra y levanta. —En las piernas debes tener muchos cortes, aunque no los puedo ver con los pantalones largos. —Dijo Hina. —Si ya terminaste, ¿me puedes bajar? —Oh, sí, claro. —Hina me baja. —Dennis, ¿puedo pedirte un favor? —Sí, claro. —¿Puedes ayudarme a estudiar?

Yo no soy de los que juzgan a la gente por su aspecto, pero Hina tiene aires de que nunca ha estudiado. Bueno, decir “nunca” es demasiado, pero...

—El profesor dijo que en estos días tendríamos un examen sorpresa. —Ya veo, por eso estás tan apurada. ¿Sobre qué materia es el examen? —Matemáticas. Para colmo, es la que peor se me da.

Matemáticas. Un examen sorpresa. Puede que en cualquier momento nos toque a nosotros hacerlo. Y no tiene nada de malo estudiar un poco.

—Te ayudaré. —Sí, qué bien. —Dijo ella emocionada. —En las tardes nos veremos en la biblioteca. Te ayudaré en lo que pueda. —Dije mientras me iba entrando a la prepa. —Caminando por los pasillos.

¿Por qué me da la ligera impresión de que solo quería que la ayudaran a estudiar? Bueno, Hina es Hina.

—Buenos días, ¿alguien quiere unirse al club de karate? —gritó un estudiante. —Tienen una sala para estos clubes. Increíble. —Seguí caminando, ignorando al chico. —El chico me agarró por detrás en los brazos, dejándome contra la pared. —Oye, ¿qué estás haciendo? —dije. —¿Quiere unirse? —preguntó el chico. —Claro que no, suéltame. —¿Quiere unirse? —preguntó de nuevo. —No me dejas otra opción. —Le doy 3 cabezazos. —Me soltó y se echó para atrás del dolor. —Lo agarré por la ropa. —Le di un buen golpe en la cara. —Si no quieres que te dé otro golpe, déjame tranquilo. —Dije con cara de enfado. —¿Al menos quiere ver algunas actividades? —dijo el estudiante, señalando la sala. —¿Sus actividades?

Bueno, podría ver al menos un poco.

—Está bien, pero solo voy a ver y nada más. —Claro que sí. —Dijo el estudiante con algo de miedo. —Entre a la sala.

Estaban estirándose y relajando algunas partes del cuerpo. Eran solo 3 chicas.

—Seguro ya están terminando de entrenar. Entonces no me meto. —Alguien me agarra por detrás y me lleva a adentro. —El chico de afuera, cierra la puerta del club. —Oh, pero qué lindura. —Dijeron las tres chicas mientras una de ellas me agarraba.

¿Eh, era una trampa? ¿Qué hago en estas situaciones? Estoy desesperado.

—Una de ellas jugaba con mi pelo. —Oye este color, ¿es de nacimiento? —Sí. —Respondí con timidez. —¿Te perdiste o algo? ¿Cuántos años tienes?

Seguro piensan que soy de primaria.

—Bueno, soy de primer año, estoy estudiando aquí. —¿Eres de primer año? —dijeron todas sorprendidas.

Sonó la campana.

—Me zafé de la chica que me agarraba. —Bueno, me tengo que ir. —Dije mientras abría la puerta del club. —Vuelve pronto. Todavía tenemos más cosas que preguntarte. —Dijeron las chicas. —Caminando hacia el aula.

Estaba bien asustado, la campana me salvó. Un milagro, muchas gracias, Dios. Volví al aula y me senté en mi lugar.

—Ahora sí podré dormir un rato. —Recosté la cabeza en la mesa. —Siento unos toques en mi brazo.

¿Ahora que?

—Mire y vi a Diane con el libro que le di. —Dennis, toma, ya terminé de leerlo. —Dijo Diane mientras me trataba de entregar el libro. —Diane, no es necesario. Puedes quedártelo. —¿De verdad? —Sí, yo tengo una copia de ese libro. No hace falta que me lo des. —Bueno, está bien. —Dijo Hina mientras lo guardaba en su mochila. —Me dormí en la mesa.

No entiendo cómo el profesor no se dio cuenta. Todos escribiendo y atendiendo a la clase; bueno, tampoco he hecho muchos amigos aquí. Y no es que me interese eso. Solo quiero pasar estos tres años de forma normal. Eso es lo único que quiero.

—Me despierto, sin nadie estar en el aula. —¿El atardecer? ¿Pero qué hora es? —Busco el teléfono en mis bolsillos. —¿Dónde está mi teléfono? —dije con pánico.

Tranquilízate, piensa, ¿cuál fue el último lugar al que fui?

—Ah, el club de karate. —Dije con seguridad. —Fui corriendo hacia el club de karate. Abrí la puerta. El teléfono en el suelo. —Ahí está. —Me empujan hacia adentro. Cierran la sala. —¿Qué haces?

Es una de las chicas. Al parecer, las otras se habrán ido.

—¿Qué quieres? —pregunté. —Recogí el teléfono y lo puse en mi bolsillo. —No te dejaré salir. —Dijo la chica estando en medio de la puerta. —*Suspiro*, sé que quieres algo, anda, dime qué quieres. —Respondí manteniendo la calma. —Si me das 500$, puede que te deje salir. —Oye, eso es demasiado dinero y lo sabes. —Un delincuente, drogadicto, arrogante. Todos esos rumores circulan sobre ti. —Dijo la chica. —Vaya rumores, no podrían ser más falsos, ja, ja, ja. —Dije mientras me reía. —Deja las bromas y déjame salir.




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