Caminando por los pasillos de la prepa. Un John que me sigue como si fuera un perro, mientras recorría mi camino a la enfermería.
Me seguía preguntando qué es lo que quiere, pero al ver lo que le hizo a ese delincuente, me dice que podría ser peligroso enfrentarlo aquí y ahora.
Volteé para mirar su figura, un tamaño normal para un chico de preparatoria. A mis ojos, es una jirafa.
Moví mi mano de lado a lado, negando la posibilidad de poder ganarle.
El rostro del pelirubio representaba confusión al ver cómo tenía mi diálogo interno.
A su lado sería 100% un niño. Pero , ¿de qué estoy hablando? A la vista de cualquiera, es lo mismo. No voy a negar que sí lo soy.
Seguía pensando y pensando, todavía mi interior estaba procesando esta situación . Así de la nada, sentí un muro, al cual acabé impactando y cayendo al suelo.
Ay, me choqué con la puerta. Podría reírme ahora, pero me aguantaré por la presencia de John.
Su boca tapada no lograba que su risa se mantuviera silenciosa. Un chirrido salió, el cual John no pudo contener.
Levanté una ceja, preguntándome el por qué se aguantaba. Por otro lado, me hizo molestar un poco.
—Pero qué distraído, al menos deberías ver por dónde vas.
Una voz desconocida rompe el silencio. Las palabras hicieron que mi mirada se dirigiera a la puerta.
Una mujer, cabello rubio igual que John, un pecho algo pronunciado, traje de enfermera. Parecía mayor.
—John, deja de reírte y dime qué es lo que quieres —dijo ella —. Vaya, ¿por qué eres tan fría? ¿Ya se te olvidó nuestra relación?
¿Relación? ¿Ella y John? ¿Qué?
—Entrecruza los brazos —*Suspiro* Así que relación, si, como no. —Oye chico, este bromista que ves aquí es mi hermano, no somos nada de lo que piensas.
—Me refería a que tenemos una buena relación como hermanos. ¿Por qué todos malpiensan las cosas? —Preguntó John.
—Si lo dices con esa cara de bobo, cualquiera lo malinterpreta . —Se burló ella. —Claro, lo dice la que siempre le duele la espalda. Y todo es por esas bolas de carne. —Dijo John , mirando de reojo su pecho. —¿Qué? ¿Tienes algo en contra de mi pecho?
Parecían dos perros rabiosos peleándose, como una de esas peleas callejeras. Ustedes discutiendo y yo todavía con la herida abierta. Vaya que no tienen remedio.
Di una fuerte palmada. El objetivo , que era atraer su atención, se había cumplido.
—Oye John, recuerda a lo que vine. —Dije señalando el corte. —Oh , es cierto. —Dijo John.
La situación se calmó hasta que la enfermera pudo tratar mi corte en la mejilla. Las miradas entre ellos dos decían a gritos querer seguir lo de antes.
Aproveché la oportunidad y me escabullí . El corte fue cerrado, así que...
¿Por qué debería quedarme más tiempo?
Al llegar al aula , toqué la puerta y, con una sonrisa arrogante, le pregunté al profesor:
¿Puedo entrar?
El aula me carcomía con miradas de odio y miedo, algunos solo me ignoraban. Desde hace tiempo me he dado cuenta de que los chismes son unas de las armas más fuertes.
El profesor, tratando de ocultar su otra cara, sonrió para mantener las apariencias. Lo que pasó debió afectarle de alguna forma o tal vez no.
Dañar a personas sin tener una razón contundente puede llevarte a ser el villano de la historia; es algo clásico. Y aquel trabajo no era uno.
Paso a paso llegué a mi escritorio , sin dejar escapar mi sonrisa frente a todos. Observé de reojo la silla de Diane; para mi sorpresa, no había nadie sentado ahí.
—¿Qué le habrá pasado? —susurré.
Me senté, pendiente de las clases. Jugaba con mi lápiz, una forma de disipar mipreocupación. A la vez, escuchaba las explicaciones del profesor, cosa que me daba totalmente igual.
El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Hasta que llegó la hora de volver a casa.
Al final , Diane nunca vino.
Salí del aula, caminando solo por los pasillos. Recordaba la razón de estar aquí.
Cómo ese degenerado me llevó hasta aquí. Un lugar que no disfruto y no
disfrutaré nunca. Donde la única mancha, el error, la fisura... siempre seré yo.
Levanté la cabeza y vi cómo Hina se dirigía a casa. Una sonrisa maléfica junto a una agresividad se sentía a su alrededor.
Mi preocupación invadió mi mente. Pero con estas palabras susurradas estaba confirmado:
—Lo logré , ahora todo por fin acabó.
Mis ojos se abrieron más por instinto, dejando salir mi hostilidad. Ya lo sospechaba, pero no sabía que me lo reprocharías en la cara. Es bastante descarado de tu parte.
—*Suspiro* Eres bien molesta, ¿por qué me das tantos problemas? -Susurré.
Di un paso , decidiendo seguirla a donde fuera. Ella no tiene ningún tipo de rutina, solo va de golpe hasta casa. O así parecía mientras tomaba el papel de acosador. Algo muy difícil de llevar a cabo si no sabes esconderte de manera correcta.
Aunque mis razones no son tan superficiales como las del acosador promedio. Mi objetivo es Diane, nada más.
Las calles desiertas, algo extraño a esas horas de la tarde.
Hina miró de reojo hacia atrás. De golpe, salté a un arbusto. Logré esconderme lo mejor posible, no pudo verme y siguió con su camino.
—Casi me ve. —Susurré .
Mis pasos no se oían, traté de ser más precavido. Después de un buen tiempo, pude llegar al destino, la casa de Hina. Una casa demasiado normal, no hay mucho para envidiarle. Tampoco mucho que decir, solo es... normal.
Al observar su casa , la puerta se encontraba abierta de par en par. Intenté aprovechar, di dos pequeños pasos hacia adentro.
—Dejar la puerta abierta no es algo que haría cualquiera. —Susurré.
—Eso lo sé . —Respondió alguien.
Al escuchar una respuesta , mi cuerpo se paralizó. La palidez en mi rostro representaba el miedo del momento. La sonrisa, que no podía ver, lograba transmitirme duda y agresividad.
¿Cuando me vio?
—Buenos días, Dennis. ¿Me podrías decir qué haces aquí? —Dijo ella con un tono amenazador.