La Vida Que No Fue

Capitulo 1

Eris yacía en una gran cama de madera cuyo barniz aún brillaba, como si los años apenas la hubieran tocado. Miró sus manos marchitas e intentó mover un dedo. No respondió.

Alrededor, un grupo sollozaba. Rostros conocidos y uno que no lo era tanto, que parecía estar ahí solo para presenciar el momento.

«Estoy cansada…»

Otro sollozo la obligó a abrir los ojos. Su hijo, abrazado por más gente. Le dieron ganas de decirle que se veía horrible llorando. Quiso reír, pero el pecho le ardió y una tos seca le quemó la garganta. Un mareo. El aviso silencioso de que el tiempo se acababa.

Las voces se volvieron un murmullo. Los rostros, manchas muy cerca de ella.

«¿Por qué lloran? No deberían. Nada de esto es real.»

Y aun así, verlos le dolía más de lo que esperaba. Quería decir un último adiós.

«Fue una gran vida.»

Cerró los ojos. Una última lágrima cayó al vacío.

—Señorita… ¿me escucha?

El golpe metálico de una compuerta y el siseo del gas al escapar ocuparon el único sentido que creyó haber perdido.

Eris abrió los ojos.

«Ya no estoy… ¿Dónde estaba?»

El metal frío bajo su cuerpo le devolvió la realidad. Miró sus manos: la piel volvía a ser joven y blanca, sin manchas ni arrugas. Se tocó el rostro, el cabello corto. Todo a su alrededor era metálico, frío, serio, blanco.

«Me duele la cabeza…»

Se llevó ambas manos a la frente, como si pudiera encontrar el origen del dolor. Con ayuda del personal salió de la cápsula, y al apoyar los pies en el suelo, miles de pinchazos le recorrieron las plantas.

«Mi cuerpo aún no responde.»

—Dé un paso… luego otro. Despacio.

La voz del personal sonó completamente neutra. Eris obedeció, un paso y luego otro, hasta una mesa metálica donde comenzaron a revisarla.

—Sufrirá algunas jaquecas estos días. Es normal después de su primera simulación —dijo una mujer, y anotó algo en un Holos-Touch antes de alejarse.

Otra tomó el relevo. Le abrió los párpados, revisó su boca, tomó el pulso.

—Todo parece en orden, pero necesita descansar para que su cuerpo vuelva a sentirse suyo.

«¿Acaso no se da cuenta de que mi cabeza está a punto de explotar?»

Escuchó las recomendaciones médicas sin prestarles atención. Solo quería salir de allí.

—De acuerdo… ¿ya puedo irme?

—Aún no. Debo comprobar que esté en óptimas condiciones.

«Rayos…»

Reprimió un chasquido de lengua. Quería lanzar todo por los aires y marcharse.

Pasaron otros quince minutos. Algunos la observaban con atención; ella también los observó. Unos bajaron la mirada. Otros parecían demasiado acostumbrados para sentirse incómodos.

—Listo, señorita. Según nuestros registros, está en perfecto estado para haber completado su primera simulación.

—Bien.

Se incorporó. El personal empezó a vestirla, rápido y mecánico.

—¿Le interesa otro paquete? Tenemos una membresía Diamante para clientes frecuentes. Solo por ser usted podríamos ofrecerle un viaje exclusivo…

—No.

Levantó la mano para cortar el discurso, se acomodó la chaqueta negra y comprobó sus bolsillos. Todo estaba en su sitio. Echó a andar hacia la salida sin esperar al personal, que siguió tras ella.

—¿Qué le pareció la experiencia? Tenemos nuevas promociones. Incluso una simulación de Marte, el planeta vecino de la Tierra. Dicen que está cubierto de océanos y que se parece mucho a Sion.

Eris se detuvo un instante. La miró de reojo y le dedicó una sonrisa perfectamente ensayada, sin calidez.

—No, gracias.

El pasillo se le hizo eterno. Las paredes de cristal proyectaban anuncios de mundos nuevos, paquetes de viaje y marcas de lujo. Eris no les prestaba atención hasta que uno la hizo detenerse con la mirada: era un comercial de su propia empresa. Mostraba un planeta cuya conquista había costado recursos inmensos y numerosas bajas. Para ellos era solo otro logro, otro mundo en una lista.

Una luz roja parpadeó en su muñeca. Activó el Holos-Touch y aceleró el paso.

—Señorita, estoy por llegar por usted.

La voz robótica y filtrada de Cyren salió del dispositivo. Al cruzar las puertas automáticas, su transporte ya esperaba en la plataforma flotante: su AeroStremer, el modelo más reciente. La puerta trasera se deslizó hacia arriba con un siseo hidráulico. Eris se dejó caer en el asiento, con una mano sobre la frente.

—Señorita, me da gusto verla. Estos tres días sin usted fueron largos.

La voz de Cyren salió con claridad de los altavoces. En el tablero, un punto rojo parpadeó: la conexión de la inteligencia artificial.

El transporte se alejó del complejo y su planeta apareció ante ella. Sion. El océano se extendía de horizonte a horizonte, y las ciudades flotantes emergían como espejos blancos suspendidos sobre el agua, dorados por el sol de la tarde. A lo lejos, algunos edificios corporativos reclamaban su propio espacio en la inmensidad. Más abajo, las islas naturales mostraban un verde tranquilo, y las olas llegaban una y otra vez a sus costas.

Eris cerró los ojos y apoyó la cabeza en el asiento. El dolor seguía ahí, latiendo al ritmo de su pulso.

—Señorita, envié su próximo despliegue a su Holos-Touch.

—Hum…

Respondió sin abrir del todo los ojos. Activó el Touch y revisó los datos que flotaban frente a ella: un planeta nuevo, a distancia estratégica, con clima adecuado para asentarse y explotar recursos. Imágenes satelitales de selvas vírgenes. Ninguna señal tecnológica, ningún indicio de una raza inteligente.

«Será fácil… si llegamos primero.»

El trayecto fue breve, por el paisaje de siempre. Su edificio brillaba bajo el atardecer, parte de un complejo residencial exclusivo. Eris no pudo decir que lo hubiera extrañado. Subió en silencio; su mente ya organizaba los protocolos, calculaba el equipo y preparaba el informe.

—Está en casa —anunció Cyren cuando se abrieron las puertas.



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En el texto hay: guerra, violencia, escenas comicas

Editado: 02.11.2026

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