Las 4 Diosas de los elementos

El Asalto Silencioso y el Fuego de la Distracción

La Esperanza en las Cuevas del Silencio

En las profundidades del Tártaro, en las mágicas Cuevas del Silencio, Kai y Rhys, los Caballeros de Gala, estaban al borde de la desesperación. El silencio absorbía sus gritos y su magia, y la incapacidad de proteger a su Diosa los carcomía.

De repente, la barrera mágica se abrió. Una joven diosa oscura, cuyo nombre no conocían, entró con una bandeja de comida y agua. No era cruel; de hecho, su presencia era el único atisbo de humanidad que habían visto.

"¿Cómo está ella? ¿La Diosa Gala?" preguntó Kai, con la voz desesperada.

La joven asintió, dejando la bandeja. "No se preocupen por Gala. Ella estaba bien. Y tiene mucha dignidad."

La vaga respuesta, aunque no confirmaba su seguridad total, era suficiente para alimentar una pequeña llama de esperanza en los Caballeros. Ella cerró la barrera, dejando a Kai y Rhys con la certeza de que su Diosa estaba viva, lo que renovó su desesperación por escapar.

El Fuego Desencadenado

En ese mismo instante, la misión de rescate se puso en marcha.

El Equipo de Distracción, compuesto por Ignia, Zeo y Orion, apareció con un estallido atronador en la ruta principal del Tártaro, cerca del dominio de Tánatos. Ignia, la Diosa del Fuego, no se contuvo.

Por Gala!" gritó Ignia.

Zeo y Orion desataron la fuerza elemental del fuego, creando un infierno blanco y rugiente. La ola de calor y magia ardiente fue una declaración de guerra inmediata. Las legiones de Tánatos salieron de las sombras, atraídas por el caos que amenazaba con incinerar las fronteras del Inframundo. La intención era clara: mantener a Hades y sus generales ocupados.

La Trampa del Aire

Mientras el Fuego consumía la atención de la Oscuridad, el Equipo de Infiltración se movía en completo sigilo. Aura, Aethel y Zephyr se dirigieron al portal inactivo revelado por el Emisario.

Aura usó su control sobre el Aire para hacer que el equipo fuera casi invisible, deslizando sus auras por las fronteras del Tártaro. Localizaron el portal en una grieta solitaria de basalto.

"Ahora," susurró Aura.

Aethel y Zephyr usaron su magia combinada del Viento para abrir el portal lo suficiente para que el equipo pasara. Entraron y se encontraron en un pasaje que, según los planos del Emisario, debía estar desprotegido.

Pero no lo estaba.

El aire se sintió pesado y muerto. El equipo se detuvo. Aunque no había enemigos visibles, la magia de Selene flotaba en el ambiente. Habían caído en un corredor minado de trampas silenciosas y defensas mágicas complejas.

"Estamos expuestos," siseó Aethel. "Sabían que vendríamos por aquí."

La traición de Nyx, transmitida a Selene, había funcionado. La ruta de sigilo se había convertido en un laberinto preparado. Aura miró a sus Caballeros. Sabían que el destino de su hermana dependía de su capacidad para superar la inteligencia del Inframundo.

La Caída de los Rescatistas

El plan de infiltración se desmorona con una violencia súbita. Antes de que Aura pudiera reaccionar a la trampa de Selene, el suelo del pasillo se convirtió en arenas movedizas de sombra. Aura, Ignia y sus caballeros (Zeo, Orion, Aethel y Zephyr) fueron encadenados con grilletes de obsidiana que devoraban su voluntad. Sin piedad, fueron arrastrados por las legiones de Tánatos directamente a la Gran Sala de la Ceremonia, donde el destino de Gala estaba a punto de sellarse.

El Dilema del Rey del Inframundo

Hades observaba la escena desde su trono, con una mezcla de frialdad y una amargura que pocos podían comprender. Gala, de pie frente a él, se negaba a dar el paso final de la unión con Drakol. Su resistencia era feroz, su dignidad inquebrantable.

Hades suspiró, viendo en los ojos de Gala el reflejo exacto de Perséfone. No quería usar la fuerza bruta; le dolía repetir la historia de amor que una vez tuvo el con la diosa persefone . Pero el linaje era necesario para el equilibrio del mundo.

Hades:No me obligues a esto, pequeña diosa. Pero si no aceptas la unión, la vida de tus hermanas y la de sus caballeros se apagará aquí mismo. Incluso la tuya... y la de tus protectores en las cuevas.

Gala miró a Aura e Ignia, arrodilladas y heridas. El peso del sacrificio comenzó a aplastar su espíritu.

La Luz Falsa del Olimpo

Justo cuando Gala abría los labios para rendirse, las bóvedas del Tártaro se agrietaron. Un estallido de luz blanca y pura inundó la sala, dispersando las sombras por un instante. Zeus descendió rodeado de los dioses principales, su presencia cargada de un poder electrizante.

La energía en la sala era insoportable. Se podía sentir la vibración dual en el vientre de Gala, una pulsación que resonaba como el linaje de Marina ya gestaba en el Olimpo.

Zeus:Gala, ven conmigo. Libera a tus hermanas. Yo te protegeré a ti y a ese linaje que llevas. El Olimpo no permitirá que seas esclava de este abismo.

La Elección Final: Una Vida por Otra

Gala miró a su padre. Por un segundo, quiso creerle. Pero entonces, vio la mirada de Zeus: no era la mirada de un padre preocupado, sino la de un juez. Recordó la historia de su tía Perséfone, a quien Zeus juró proteger solo para terminar permitiendo (o causando) su caída. Sintió en su alma que, una vez en el Olimpo, Zeus "limpiaría" su linaje matándola a ella y a su hijo.




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