Mientras el Olimpo intenta sanar sus grietas, en el Tártaro, la vida ha cambiado para siempre.
Gala camina por los pasillos de jade negro, ya no como una prisionera, sino como la Soberana. A su lado, Drakol la observa con una devoción que roza la locura. Él ha ordenado que se planten flores de obsidiana y cristales de esmeralda para que ella no extrañe el mundo de arriba.
Hades observa a la pareja desde su trono, sintiéndose victorioso al ver que su hijo ha logrado lo que él perdió. Selene, presente en las sombras, guarda el secreto de Perséfone en su pecho, mirando a Gala y preguntándose si Zeus se atreverá a intentar matarla a ella también.
Gala se toca el vientre, sintiendo el latir de su hijo, mientras Kai y Rhys, sus leales caballeros, custodian la puerta de sus aposentos, jurando que ningún rayo del Olimpo volverá a tocar a su Reina.
La Intimidad de las Sombras: El Despertar de Gala
En lo más profundo del Palacio de Jade Negro, el silencio del Tártaro se transformó en algo que Gala nunca imaginó: un refugio de seda y suspiros. En la penumbra de su habitación, iluminada solo por el brillo de las flores de obsidiana, Gala observaba a Drakol.
Ella, la diosa que siempre temió a la oscuridad, sentía ahora cómo su pecho se ensanchaba con un calor desconocido. Su corazón, que antes latía de miedo, ahora lo hacía por un deseo floreciente que la dejaba sin aliento. Al sentir la piel de Drakol contra la suya, Gala comprendió que se estaba enamorando perdidamente del hombre que el mundo llamaba monstruo. Sus manos temblaban mientras recorrían el rostro de él, encontrando perfección en cada cicatriz y en cada sombra.
Por su parte, Drakol experimentaba un milagro aterrador. Su corazón, forjado en el hielo y la violencia del inframundo, estaba dejando de ser frío. Al mirar a Gala, no veía una reina capturada o un linaje que asegurar; veía la luz que no sabía que necesitaba. Sentía cómo su pulso se aceleraba de forma casi dolorosa cuando ella lo tocaba. Todo en ella era perfecto para él: su olor a tierra mojada, la suavidad de su risa y la forma en que su energía se entrelazaba con la de él. En esa privacidad absoluta, lejos de los ojos de Hades y Zeus, Drakol se permitió ser vulnerable, entregando su devoción total a la mujer que había humanizado su alma.
El Flashback: La Conspiración en el Olimpo
Semanas antes, en los aposentos más privados y lujosos de la Reina del Olimpo, se gestó el plan de supervivencia. Hera y Hestia estaban sentadas frente a frente, rodeadas de una barrera de silencio para que ni siquiera los vientos de Zeus pudieran escucharlas.
— "Nuestras hijas están en peligro, hermana" —dijo Hera, su voz era un hilo gélido—. "Gala ya está en el Tártaro y Marina tiene la protección de Nyx. y tienen su linaje seguro Pero Aura e Ignia están a merced del humor de Zeus. Necesitan un poder propio." su propio linaje
Hestia asintió, su rostro iluminado por el fuego eterno que siempre la acompañaba. — "Un linaje fuerte es la única garantía de que Zeus no se atreva a borrarlas del mapa. Deben concebir durante la Alineación de los Mundos. La energía de los planetas alineados hará que sus hijos nazcan con una fuerza que incluso el Rayo de nuestro hermano respetará."
Ambas madres acordaron que no era una cuestión de deseo, sino de bienestar y soberanía. Decidieron que hablarían con sus hijas para que, en la fecha sagrada, realizaran su propia unión.
El Legado del Fuego y el Aire
De vuelta al presente, en el Templo de la Llama Eterna, Hestia se acercó a Ignia. Con la suavidad de una madre pero la urgencia de una estratega, le pidió que buscara su linaje con su caballero Orion.
— "Hija mía, el fuego debe arder más fuerte que nunca. Hazlo durante la alineación; Orion es leal y su sangre es digna. Solo así Zeus te verá como una igual y no como un peón."
Ignia, al principio dubitativa, miró a Orion a lo lejos. Pensó en la vulnerabilidad de sus hermanas y en el poder de Gala. La idea de protegerse a sí misma y a su futuro hijo de la tiranía de su padre la convenció.
Al mismo tiempo, en el Templo de las Nubes, Hera fue directa con Aura.
— "Aura, eres mi hija y la heredera de mi orgullo. Zeus te castigará de nuevo si no te haces intocable. Únete a Aethel. Su linaje de aire, potenciado por la Alineación de los Mundos, será tan digno del Olimpo que nadie podrá cuestionar tu lugar en el trono."
Aura, sintiendo el peso de su linaje real, no pudo negarse. Ambas pequeñas diosas aceptaron su destino, decidiendo que la ceremonia de unión se celebraría juntas, marcando un hito en la historia divina.
meses despues de todo el caos en el olimpo por fin llego el dia tan esperado por hestia y hera
La Ceremonia del Milenio: La Alineación de los Mundos
El cielo se volvió un espectáculo de luces celestiales. Los planetas comenzaron a formar una línea recta perfecta, emitiendo una frecuencia que hacía vibrar la tierra misma. Era un evento que ocurría cada mil años, y el Olimpo nunca había visto una congregación igual.
En el altar sagrado, Ignia y Aura estaban de pie, vestidas con telas que parecían tejidas con llamas y nubes. A su lado, Orion y Aethel esperaban con una lealtad inquebrantable.
Entonces, las puertas del Olimpo se abrieron de par en par. Para asombro de los presentes, la tregua sagrada de la alineación permitió que llegaran todos:
Hades y Selene entraron con una majestuosidad oscura, recordando a todos que el Inframundo es una potencia igual al cielo.