Las 4 Diosas de los elementos

El Despertar de los Linajes Sagrados

La Consumación en Citera: El Fuego y el Aire

En el reino de Afrodita, los jardines de Citera exhalaban un perfume de rosas y mirto que adormecía los sentidos. Allí, la privacidad era absoluta, protegida por un velo de magia rosada y dorada.

La Escena de Ignia y Orion: En el Pabellón de la Llama, las paredes estaban decoradas con cortinas de seda roja que parecían arder bajo la luz de la luna. Ignia, con la piel brillando por un calor interno, se entregó a Orion. No fue solo un acto de pasión, sino una forja de almas. Mientras se unían, el fuego de Ignia dejó de ser una explosión destructiva para convertirse en un rescoldo constante y protector. Orion, el caballero cuya lealtad era su mayor fuerza, la sostuvo con una devoción que rozaba lo sagrado. En el clímax de su unión, una lengua de fuego blanco recorrió la habitación, sellando en el vientre de Ignia un linaje de guerreros eternos, capaces de consumir incluso las sombras de Zeus.

La Escena de Aura y Aethel: en el templo del amor rodeados de una manta de poder de amor y donde nadie podria interrumpirlos , Aura y Aethel se encontraban rodeados de una brisa que hacía flotar los pétalos blancos a su alrededor. Aura, la Diosa del Aire, se sentía más ligera que nunca. Su unión con Aethel fue como una tormenta de verano: eléctrica, fresca y revitalizante. Sus energías se entrelazaron en un vórtice de luz azul plateada que hacía chisporrotear el aire. Aura sintió cómo la esencia del cielo mismo se anclaba en su ser, mientras Aethel juraba con cada suspiro que su linaje sería la brisa que traería la libertad a sus hermanas. La alineación de los mundos bendijo su abrazo, dejando en Aura la semilla de una nueva estirpe de gobernantes celestiales.

El Parto de la Noche y el Mar: El Reino de Marina

Mientras en Citera se sembraban los linajes, en el Reino de Marina, la atmósfera era de una tensión eléctrica. El Palacio de Cristal vibraba bajo la presión de una energía que amenazaba con romper los muros de coral.

Marina se encontraba en sus aposentos, sumergida en una piscina de agua sagrada que aliviaba el fuego de las contracciones. El sudor perlaba su frente mientras su mirada, usualmente calculadora y sabia, se tornaba salvaje por el esfuerzo.

A su lado, un triunvirato de poder la sostenía:

  • Nyx, su madre, envolvía la habitación en sombras frescas para mitigar el dolor de su hija, proporcionándole la resistencia de la noche eterna.

  • Afrodita, la Diosa de la Fertilidad, guiaba el proceso con manos expertas, asegurando que la vida fluyera sin obstáculos.

  • Hestia, la Diosa del Hogar, mantenía la habitación a una temperatura cálida y reconfortante, protegiendo el primer aliento del recién nacido.

"¡Ya viene, Marina! El mar y la noche reclaman su herencia" —susurró Nyx, sosteniendo la mano de su hija.

El Nacimiento de un Príncipe

Con un último grito que resonó en las profundidades del océano, la energía de Marina estalló. Una onda de choque de color azul profundo recorrió todos los reinos. En el Olimpo, las copas de cristal se rompieron; en el Tártaro, los volcanes rugieron en saludo.

El niño nació rodeado de una luminiscencia plateada. Tal como se había susurrado en los antiguos pergaminos del destino, el nombre del hijo de Marina y el linaje de la estrategia y la noche es: Nereon.

Nereon, el heredero del equilibrio, abrió los ojos mostrando un azul tan profundo que recordaba al abismo marino, pero con destellos de estrellas como los de su abuela Nyx.

La Conexión de las Hermanas

En ese preciso instante, en el Tártaro, Gala se detuvo en seco. Se llevó la mano a su propio vientre, que ya pesaba con la vida de Drakol. Sintió un tirón en su alma, una conexión invisible que la unía a su hermana Marina.

"Ha nacido..." —susurró Gala con una sonrisa llena de lágrimas—. "Nereon ya está aquí. Mi sobrino... el primero de nosotros."

Drakol, al sentir la emoción de su reina, la abrazó por la espalda, sintiendo también esa vibración cósmica. El linaje prohibido de Gala respondió al nacimiento de Nereon con una patada vigorosa dentro de ella, como si el bebé de la naturaleza y la oscuridad estuviera ansioso por conocer a su primo.

El mundo ya no era el mismo. El linaje de una de las 4 Diosas había comenzado a caminar sobre la tierra.

Estado del Olimpo y el Futuro

Zeus, en su trono, sintió la vibración de Nereon. Su rostro palideció. Ya no era solo una amenaza de sus hijas; ahora había un nuevo dios, un nieto de la Noche y el Mar, cuyo poder era puro y ajeno a su control. Se sentía más acorralado que nunca, viendo cómo el poder se le escapaba de las manos mientras las madres (Hera, Hestia, Nyx) sonreían en la sombra.

Hilos de Envidia y Secretos Arcanos

El Telar de la Envidia: Las Moiras

Mientras en el Reino de Marina se celebraba el nacimiento de Nereon, en un rincón atemporal entre las dimensiones, las tres Moiras (Cloto, Láquesis y Átropo) tejían sin descanso. Sus dedos, expertos y antiguos, manipulaban los hilos de las cuatro diosas con una precisión aterradora.

Aunque son hijas de Nyx, el ambiente entre ellas estaba cargado de un resentimiento silencioso.

"Mírenla... nuestra pequeña hermana de 'luz'" —siseó Átropo, cortando un hilo sobrante—. "Nuestra madre siempre dijo que la luz de Zeus era una debilidad, pero ahora mira a Marina con ojos de orgullo. Nosotras, que sostenemos la existencia, nunca recibimos ese calor."




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