El Regreso a la Luz: La Bendición de Zeus
Tras los días de retiro en el reino de Afrodita, Ignia y Aura regresaron al Olimpo. No caminaban como las diosas temerosas que partieron; ahora caminaban con la pesadez sagrada de quienes portan el futuro en su vientre. Acompañadas por sus caballeros Orion y Aethel, se presentaron en el Gran Salón del Trono.
Hera y Hestia estaban presentes, flanqueando a sus hijas como leonas protegiendo a sus crías. Zeus, sentado en su trono, las observó con una mezcla de furia contenida y un miedo que intentaba disfrazar de autoridad. El Rey de los Dioses se sentía acorralado: el poder de los linajes de Fuego y Aire, potenciados por la alineación planetaria, era algo que no podía destruir sin riesgo de una guerra civil.
— "Si no puedes vencer al enemigo, hazlo tu aliado" —pensó Zeus con amargura.
Con un movimiento solemne de su mano, Zeus invocó un destello de luz dorada. — "Como Rey del Olimpo, reconozco la semilla de mi sangre en ustedes. Bendigo estos linajes para que crezcan bajo la protección de mi rayo."
Aunque sus palabras sonaban gloriosas, sus ojos revelaban sus verdaderas intenciones: quería que esos niños, una vez nacidos, fueran sus guerreros personales para recuperar el control total sobre los demás reinos. Ignia y Aura inclinaron la cabeza por respeto, pero sus manos nunca soltaron las de sus caballeros, sabiendo que la verdadera lealtad no estaba con el trono, sino con su familia.
El Viaje de la Reina de la Tierra
En el Tártaro, el embarazo de Gala avanzaba con una fuerza asombrosa. Su vientre, ahora prominente, parecía irradiar la energía de las profundidades. Sentía una necesidad física de ver a su hermana Marina y conocer al pequeño Nereon.
Drakol, siempre protector, inicialmente dudó de que Gala abandonara la seguridad del abismo, pero al ver la tristeza en sus ojos, cedió.
— "Ve, mi Reina. Pero tus caballeros, Kai y Rhys, no se separarán de ti ni un segundo" —sentenció Drakol, dándole un beso en la frente.
Calistria, que observaba desde un rincón dimensional, se acercó a Gala. — "Yo no iré físicamente, Gala. Mi presencia arcana es demasiado pesada para un recién nacido como Nereon; mi energía podría fracturar su cuna de cristal. Pero no estarás sola."
Calistria abrió un portal violeta que solo ella podía ver. Prometió cuidar a Gala desde las sombras dimensionales, lista para intervenir si Zeus intentaba alguna traición durante el viaje.
Capítulo 24: El Eclipse de las Cuatro Rosas
La Ambición de la Noche: El Pequeño Nereon
Antes de la llegada de las visitas, Nyx contempló a su nieto en la cuna de coral negro. Al observar la energía que desprendía el infante, una sonrisa de triunfo cruzó su rostro. Nereon no era solo un dios del mar; él era el Dios de los Eclipses Marinos y las Sombras Líquidas. Su poder era exactamente lo que Nyx siempre había deseado: una descendencia que superaba incluso la fuerza de su hija Marina. En él, la oscuridad no era un vacío, sino una marea imparable que podía ahogar la luz del mismo Olimpo.
El Encuentro en el Reino del Agua
Gala llegó al reino de Marina escoltada por sus inseparables caballeros, Kai y Rhys. Aunque Drakol no pudo acompañarla, se sentía tranquilo; no solo confiaba en los guerreros, sino que sabía que Calistria vigilaba a Gala desde sus portales arcanos, asegurando que el linaje de la tierra y las sombras estuviera a salvo de cualquier interferencia dimensional.
Al entrar, Gala fue recibida por una estampa de poder: Zeus estaba allí, observando con cautela y veneno en los ojos. Al ver el vientre de Gala, el Rey de los Dioses sintió una punzada de ira; el linaje del Tártaro estaba creciendo con una fuerza que él podía sentir vibrar en el aire. Zeus dio un paso hacia ella, intentando ejercer su autoridad, pero antes de que pudiera hablar, Ignia y Aura aparecieron como ráfagas de fuego y aire, abrazando a su hermana mayor.
Zeus, interceptado, intentó llamar la atención de Gala, pero ella, con una dignidad que solo el Tártaro otorga, lo detuvo con una mirada firme.
— "En otra ocasión, padre" —dijo Gala con voz serena pero gélida—. "No es buena idea hablar ahora. Estamos aquí para festejar al Dios Nereon, no para discutir padre."
Nyx, aprovechando el desplante al Rey, levantó la voz con autoridad suprema, dando la bienvenida oficial al nuevo dios y eclipsando cualquier réplica de Zeus.
Los Dones de las Diosas
Las tres hermanas se acercaron a la cuna para entregar sus bendiciones al pequeño Nereon:
Aura sopló sobre él, otorgándole la libertad de un ave, para que ninguna cadena, ni siquiera divina, pudiera retenerlo.
Ignia tocó su frente, dándole el coraje de un volcán, asegurando que su voluntad fuera inquebrantable.
Gala puso su mano sobre su pecho, entregándole la fuerza de una montaña, para que fuera el pilar sobre el cual su estirpe se sostuviera.
Confidencias en el Camino de Regreso
La reunión fue breve pero intensa. Marina, viendo a Aura e Ignia en cinta y a Gala a punto de dar a luz, sintió una paz que no conocía. Sin embargo, el peligro acechaba. Las hermanas decidieron que debían proteger a Gala en su regreso al Tártaro, así que la acompañaron en sus carretas reales.
Nyx, sospechando de Zeus, ordenó a una sombra viviente que las siguiera desde la oscuridad para avisar de cualquier movimiento del Rey de los Dioses.