Las 4 Diosas de los elementos

El Rayo de la Amnesia y el Guardián de las Sombras

Flashback: El Juramento de Kai

Antes de que el primer templo cayera, en las profundidades de la Biblioteca de Plata, las cuatro madres se reunieron con Kai. El caballero, el único cuya voluntad aún no había sido quebrada por el Caos, se arrodilló ante la presencia imponente de Hera, Hestia, Deméter y Nyx.

"Tu vida como mortal termina hoy, Kai" —sentenció Nyx, mientras extendía sus manos cargadas de una oscuridad líquida—. "Pero tu misión como Guardián de lo Eterno apenas comienza."

Las madres le hicieron entrega de dos reliquias:

  1. La Medalla de la Divinidad: Un amuleto que protegería su mente del desgaste de los siglos, asegurando que el rostro de las diosas y sus nombres no se borraran de su memoria mientras el resto del mundo las olvidaba.

  2. El Astrolabio de las Almas: Un objeto místico que vibraría solo cuando las esencias de las cuatro diosas y sus cinco herederos despertaran en sus nuevos recipientes mortales.

Con un susurro de poder, Nyx envolvió a Kai, transformándolo en una Sombra Viviente. No sería un fantasma, sino un observador silencioso, un rincón de oscuridad capaz de atravesar eras sin envejecer, destinado a vagar hasta que el ciclo se completara.

La Sincronización del Final

En el presente, las cuatro diosas llegaron a la biblioteca. El aire estaba saturado con el aroma de la magia antigua de Selene, quien ya había iniciado los cánticos de sincronización. El ritual exigía que la muerte fuera voluntaria y simultánea.

Con el alma desgarrada, Gala, Marina, Aura e Ignia dejaron a los cinco herederos al cuidado de sus abuelas. Fue la última vez que las madres sintieron el calor de sus hijos. Las cuatro reinas —Hera, Hestia, Deméter y Nyx— tomaron a los niños en sus brazos, cubriéndolos con sus mantos para que no vieran lo que estaba por suceder.

Las diosas salieron al balcón principal, exponiéndose ante el Olimpo.

La Duda del Rey y el Rayo de la Soberbia

Desde su trono de nubes negras, Zeus las vio. Por un segundo, el tiempo se dilató. A través de la mirada de Zeus, el presente se desvaneció y vio a sus hijas como niñas pequeñas corriendo por los jardines del Olimpo, antes de que la ambición las separara. El dolor cruzó su rostro, una punzada de humanidad que casi lo hace bajar el brazo.

Pero la sombra del Caos y su sed de control absoluto ganaron la batalla interna. — "Si no pueden ser mías, no serán de nadie" —rugió Zeus, su voz quebrando la bóveda celeste.

El rayo que lanzó no fue dorado; fue un blanco cegador, cargado con la energía del olvido. El impacto golpeó a las cuatro diosas y, por la conexión de la Gran Cruz, la energía fluyó hacia el interior de la biblioteca, alcanzando a los cinco herederos. No hubo gritos, solo una expansión de luz que borró sus formas físicas de la realidad.

El Eco en el Tártaro

En las profundidades, el sonido del rayo resonó como el fin del mundo. Hades dejó caer su bidente, sintiendo cómo el hilo de vida de sus sobrinas y sus nietos se cortaba bruscamente. Drakol, apoyado en su única mano sobre el suelo ensangrentado, sintió un vacío en su pecho que fue peor que la pérdida de su brazo. La energía de Gala, esa conexión de tierra y vida, se había esfumado.

El mundo perdió su color. El agua se volvió gris, el fuego dejó de bailar, el aire se volvió pesado y la tierra dejó de vibrar. Los elementos habían muerto en este ciclo.



#1185 en Fantasía
#215 en Magia

En el texto hay: fantacia, amor

Editado: 01.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.