Las 4 Diosas de los elementos

El Sacrificio del Caballero y la Verdad de las Sombras

La Fractura del Cronos

Mientras en el Tártaro el destino se sellaba con sangre, en los límites de la realidad, Hécate y Calistria realizaron un acto desesperado. Usando los restos de la magia de la Gran Cruz, lograron fragmentar el tiempo mismo. Como un espejo roto, el "ayer", el "hoy" y el "mañana" se mezclaron. Ellas lograron deslizarse a través de las grietas, huyendo hacia un tiempo incierto para preservar una chispa de conocimiento que se contará más adelante. Pero para los que se quedaron atrás, el tiempo seguía pesando como el plomo.

El Descenso de Selene al Tártaro

Selene llegó a las puertas del Inframundo, donde el suelo aún vibraba por el eco del rayo de Zeus. Allí encontró a Hades y a un Drakol destrozado, cuya única mano apretaba el suelo donde Gala se había desvanecido.

"¿Cómo pudiste?" —rugió Drakol, su voz quebrada por el dolor y la rabia—. "¡Madre, dejaste que Zeus matara a mis hijos! ¡Dejaste que matara a mi esposa!"

Hades, con los ojos inyectados en odio, tomó a Selene por el cuello de su túnica plateada. La oscuridad del Tártaro pareció rugir junto a él. Pero Selene, con una frialdad nacida de la desesperación, no retrocedió. — "Se tenía que hacer" —sentenció—. "Si no morían hoy por el rayo, el Caos los borraría para siempre. Solo así pueden renacer en un mundo limpio."

El Último Deseo de Drakol

Selene explicó el plan para purgar la tierra, pero para Drakol, la idea de esperar milenios como una sombra era insoportable. Miró a su padre, Hades, con una determinación suicida. — "Padre... mátame" —pidió Drakol—. "No quiero esperar. Quiero entrar en el ciclo del renacimiento ahora. Quiero nacer cuando ella nazca. Quiero encontrarla de nuevo."

Hades retrocedió, horrorizado. "Hijo, ¿estás seguro? Podrías esperarlos aquí, en la seguridad de mis sombras." Pero Selene intervino: "Sería mejor que los esperes, hijo mio". Sin embargo, Drakol solo pudo decir: "Quiero estar con ella de nuevo".

Hades tuvo un flashback instantáneo de Perséfone; recordó el vacío que dejó su partida y comprendió que el amor de su hijo por Gala era la misma fuerza imparable que él sintió una vez. Con lágrimas de icor oscuro, Hades accedió. — "Nacerás de nuevo, hijo mío. La encontrarás y recuperarás a tus hijos en un mundo sin Zeus."

Frente a Selene, Hades atravesó el corazón de Drakol. El caballero de la tierra cayó sin vida, su esencia liberada para unirse al viaje de las cuatro diosas hacia el futuro.

La Confesión de la Luna: El Secreto de Perséfone

Selene, al ver a su hijo morir, sintió un vacío que no esperaba. Pero la tragedia no terminó ahí. En un arrebato de dolor y resentimiento, Selene reveló la verdad que había podrido su alma por siglos. Confesó que ella fue quien manipuló los hilos para que Zeus matara a Perséfone. Lo hizo al enterarse de que Perséfone estaba embarazada, queriendo eliminar cualquier descendencia que no fuera la suya.

Hades se quedó petrificado. El aire del Tártaro se congeló. — "Nunca llegaste a estar en mi corazón como ella" —dijo Hades con una voz que sonaba como tumbas cerrándose—. "Solo quisiste llenar un vacío que nunca pudiste. Eres una sombra de lo que ella fue."

Hades se dio la vuelta, dándole la espalda a Selene para siempre. Se marchó hacia las profundidades, perdiéndose entre la marea de muertos que clamaban por justicia. Selene se quedó sola en la inmensidad del Tártaro, llorando amargamente sobre las cenizas de su hijo y la ruina de su propia mentira.

El Ocaso del Rayo y el Sismo de la Eternidad

La Ley de la Sangre y el Renacer

En las profundidades del Tártaro, se cumplió un rito prohibido por las leyes del Olimpo. Se dice que cuando un dios, con dolor en su alma, quita la vida a su propio heredero, no está dictando una sentencia, sino abriendo una puerta. Hades, al clavar su acero en Drakol, liberó la esencia de su hijo del peso de este ciclo. El cuerpo de Drakol se desvaneció en una bruma de sombras y partículas de oro, asegurando que su alma buscaría a Gala en el próximo tiempo.

El Reclutamiento de las Reinas

Mientras tanto, las 4 Madres (Hera, Deméter, Hestia y Nyx) recorrían los templos restantes. No buscaban soldados, sino anclas. Necesitaban a cada divinidad viva para el sello final. Selene, cargando con el peso de su culpa, descendió una vez más ante Hades. El Dios de los Muertos, envuelto en un aura de furia y luto, se negó a mirarla.

"No estoy aquí por ti, Selene", rugió Hades, su voz haciendo temblar las columnas de jade. "Lo haré por Drakol, por Gala y por mis nietos. Porque este mundo no merece ser devorado por el Caos que tu ambición ayudó a soltar."

Con el pacto sellado, el ejército de lo que quedaba del orden divino comenzó a marchar.

La Arrogancia Final de Zeus

En la cima del mundo, Zeus ideaba un plan que él consideraba perfecto. En su ceguera, creía que su sangre divina era el candado definitivo. Atrajo a los Dioses Olvidados (Set, Apofis, Tiamat) hacia la grieta primordial, el mismo lugar de donde surgieron. Su intención era usar un ritual de sangre para sellar la brecha él solo, recuperando así su honor y su trono. Pero Zeus cometió un error fatal: subestimó el hambre del vacío.

Cuando Zeus derramó su icor sobre la grieta, los Dioses Olvidados no retrocedieron; se alimentaron de él. Set y Apofis se lanzaron sobre el Rey del Olimpo. En un acto de carnicería divina, los antiguos dioses mataron a Zeus, desgarrando su divinidad y devorando el rayo que una vez gobernó el cosmos.



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En el texto hay: fantacia, amor

Editado: 01.05.2026

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